El Fortín de la Oliva, de Tarragona, será la primera de las miniaturas de la colección “fortalezas Españolas S.XVI-XIX” que se presentará a nivel del Estado Español.

El artista Elías Torres presenta dentro de los actos del Bicentenario del Sitio de Tarragona la idealización del Fortín de la Oliva en formato de miniatura de coleccionismo. Este modelo será el primero de una reducida colección de modelos de Fortalezas militares baluartades españolas que próximamente se comercializará por todo el Estado, vía Internet.

Durante todo este año y en conmemoración del Bicentenario del Sitio de Tarragona 1811-2011, la ciudad ha realizado un extensísimo programa de actos que este mes llega a su clausura. Presentaciones de nuevas publicaciones, exposiciones, documentales, recreaciones históricas, conferencias, incluyendo incluso un desfile popular, han configurado todo este abanico de actos que han sido seguidos por un gran público tanto a nivel de ciudad como a nivel exterior.

Uno de los últimos actos, fuera de programa, ha sido la presentación de la maqueta del Fortín de la Oliva, en el marco incomparable de los restos del Fortín de la Oliva. El artista tarraconense presentó ayer, la primera de una exclusiva colección de modelos en miniatura para coleccionistas.

Torres nos comenta que hace cosa de dos años el Ministerio de Defensa me encargó el proyecto de realizar una colección de miniaturas militares que recreara las más importantes fortalezas militares abaluartadas españolas de los siglos XVI-XIX. El proyecto era muy compleja, tanto por la dificultad de realización como por la dificultad de contar con una buena documentación, pero aún así me he lanzado a la piscina y hoy ya podemos disfrutar del número 1 de la colección que he querido hacer coincidir con el Bicentenario del Sitio de Tarragona.

El primer modelo representa el Fortín de la Oliva, construido precariamente durante el año 1810 y principios de 1811 en Tarragona, y que desgraciadamente no se llegó a terminar antes del asedio. Con más de 300 m. de largo fue el fortín más grande realizado durante la Guerra del Francés en Cataluña y hoy en día queda gran parte de él fosilizado entre construcciones actuales.

El modelo está realizado en marmolina y está pintado a mano. Todos los modelos están numerados y catalogados como pieza de coleccionismo, siendo su tirada limitada. En el caso de este primer número su primera tirada será de 25 ejemplares ampliables a 50 más, de venta con carácter nacional.

 

Torres nos cuenta que próximamente presentará en Figueres el número 2 de la colección que es el Castillo de San Fernando. Para primeros de año está previsto presentar el Castillo de Hostalric y el Castillo de Coll de Balaguer, números 3 y 4 de la colección, y en estos momentos estoy trabajando con las miniaturas de la Ciudadela de Jaca y el Fortín de San Cristóbal de Badajoz de que quiero presentar antes de Semana Santa.

En cuanto a Tarragona me gustaría realizar una serie de recreaciones, con carácter anual, de las principales defensas de la ciudad, de la que la primera es el Fortín de La Oliva. Para el año próximo podría ser el Fortín de San Jordi, que ya tengo dibujado y para más adelante se podrían idealizar el Fortín de la Reina, el Fortín del Rey (desaparecido) u otros baluartes.

El modelo numerado y con Certificado de obra de autor, tiene un coste de 120 €. Se podrá adquirir a partir del día 1 de diciembre por Internet, el correo electrónico miniaturasmilitares@clarmont.net.

 

El modelo del Fortín de Oliva ante los restos recientemente excavadas del “Caballero” del Fortín

Reproducción de la Uniformidad de las Compañeras de las “Milicias Urbanas de Tarragona (1810) 1a.Part

El proceso de reconstrucción del uniforme de las Milicias Urbanas de Tarragona pasará por diferentes fases de estudio.

A. La casaca de la oficialidad

En primer lugar tenemos una pequeña información, a partir de una pequeña miniatura, que nos describe parte del uniforme de un oficial. Por ahí empezaremos.

“Casaca corta, de azul turquí, decorada a derecha e izquierda del pecho con un festón semicircular verde y seis tiritas oblicuas, también verdes, aguantadas por otros botones dorados. Junto a las sombras otra tirita verde a cada lado.

  Cuello blanco con una parte central de color azul turquí limitado por dos hileras perpendiculares de 3 botones dorados. “

Como no sabemos nada más de la casaca nos queda descubrir cómo eran los colores de sus puños, de sus vivos, de las bóvedas de la cola corta y de su forro. Como no tenemos más información habrá que decidir sobre qué colores hipotetizar hasta que no tengamos más documentación.

Este artículo que muestra, a partir de las modificaciones del dibujo de un oficial militar publicado en la desaparecida revista ristre, las 9 posibles combinaciones de cómo podía ser la casaca de un oficial de las Milicias, nos servirá para que podamos elegir entre todos cuál puede ser la opción más acertada.

Quisiéramos que todas aquellas personas que estuvierais interesados ​​en el tema nos dierais vuestra opinión, para decidir cual es la mejor combinación.

 

Milicias Urbanas de Tarragona (II)

El uniforme de las Milicias Urbanas queda vende documentado en diferentes actos y órdenes del propio regimiento.

Por las órdenes del Cuerpo del 21 y 25 de noviembre de 1810 el uniforme de la tropa y cabos constará de casaca (no definida pero se supone que será oscura, del mismo color que los pantalones), pantalón azul o negro, zapatos y no alpargatas, y si es posible medio botín o bota bajo el pantalón. Pajarita o pañuelo al cuello, cinto azul y sombrero redondo con escarapela.

El cabello debe ir recogido bajo el sombrero.

En cuanto a la oficialidad debe vestir con pantalón azul y botas, garganta y cinturón blanco.

Hay una bonita miniatura de época, realizada por un notable artista, el Sr.. Alarma, que destacó en Tarragona en el primer tercio del siglo XIX, que retrata al Teniente D. Joaquim Fàbregas y Caputo que fue 2 º. Ayudante de la Milicia Urbana. Desgraciadamente no hemos podido encontrarla y sólo nos queda la descripción realizada por Adolfo Alegret y su reproducción en negro en su obra “Historia del Sitio, Defensa, Asalto y evacuación de Tarragona en la Guerra de la Independencia” publicada el año 1911 para conmemorar el 1er. Aniversario del Sitio.


Así nos describe el uniforme que utilizaba la oficialidad de la Milicia de Tarragona: Casaca corta, de azul turquí, decorada a derecha e izquierda del pecho con un festón semicircular verde y seis tiritas oblicuas, también verdes, aguantadas por otros botones dorados. Junto a las sombras otra tirita verde a cada lado. El chaleco es blanca recortada en su parte inferior. Cuello muy alto, blanco, con pajarita azul turquí bajo la barba, limitado por dos hileras perpendiculares de 3 botones dorados, una en cada extremo del corbatín. El pantalón, de azul turquí. Dos charreteras doradas si era capitán, una a la derecha si era teniente y dos ombrers si era subteniente.


Primeros dibujos para la recreación de los uniformes

 

La Asociación Proyecto Tarragona 1800 ha puesto en marcha el Grupo de Recreación Histórica “Milicias Urbanas de Tarragona”. Nuestra voluntad es que para el año próximo pudiéramos ya presentar una o dos parejas de milicianos uniformados. Ellos podrían servir para ser utilizados en actos protocolarios de la ciudad, para realizar visitas guiadas, para introducirse en la ciudad de 1800, …, y para dar a conocer Tarragona fuera de sus fronteras.

La primera tarea a realizar será reproducir con todo tipo de fidelidad histórica sus uniformes, confeccionando los mismos tal y como se hicieron hace 200 años.

Para hacerlo posible el artista Antonio Zapatero Guardini, autor del soldado de plomo que representa un soldado del Regimiento de Infantería ligera de Tarragona, el otro grupo de recreación que pronto también pondremos en marcha, y que ya mostramos en este mismo bloque, ha hecho un dibujo hipotético de cómo sería la idealización del Teniente Fábregas.

Los documentalistas Jesús M ª Alía Plana y Juan José Torres Escobar comentan “Resulta evidente la escasa familiaridad del autor con los Términos uniformológicos más elementales. Como “festón semicircular” Describe el autor en vivo de la solapa, que recorre el borde de la mísma y denomina como “Seis tirillas oblicuas” y “Otra verde en cada lado” a las caracteristicas botoneras de la época. El corbatín azul turquí se, sino Lugar en dudas, el golpe que se observa en el centro del cuello blanco. “

En la Reconstrucción del uniforme los Puños y las vueltas de la casaca, el tipo de tocado y el calzado no pasan de ser hipótesis verosímiles. “.

Os animamos pues a participar en este osado proyecto, primero porque creemos que de esta manera estamos contribuyendo a dar a conocer mejor el nombre de Tarragona y segundo porque de esta manera, entre otros, facilitamos y incentivamos a explicar mejor su historia.

1ª Sesión informativa del PROYECTO TARRAGONA 1800

Este miércoles día 14 de diciembre tuvo lugar en el Salón de Actos de la Asociación de Antiguos Alumnos de La Salle de Tarragona la primera sesión informativa del Proyecto Tarragona 1810.


Con una sala llena de entusiastas y aficionados del mundo napoleónico y de la ilustración, entre los que estaban numerosos profesionales del mundo de la historia y de la recreación histórica, se explicó que era y que quería ser el nuevo proyecto de recreación histórica y de qué manera se quería poner en marcha.
Os adjuntamos un PDF introductorio del Proyecto para los que no pudisteis venir.

Presentación Projecte Tarragona 1800

 
A primeros de año tendremos la segunda sesión informativa que ya servirá para concretar temas para futuras actuaciones. Os mantendremos informados.

 

Batalla de Valls (2ª parte)

PUENTE DE GOI, 25 DE FEBRERO DE 1809    

Gouvion Saint-Cyr buscaba una batalla decisiva contra el ejército de Reding, y consciente de que este último estaba en la Cuenca, la madrugada del 22 de febrero se dirigió hacia Valls con las divisiones Souham y Pino. El general francés conocía perfectamente el valor estratégico del lugar donde se levanta Valls, ya que ocupando nuestra ciudad se interponía entre Tarragona y las tropas de Reding que estaban en la Cuenca y en cortaba las comunicaciones. Aquel fue uno de los días más duros de la historia contemporánea vallense. El ejército napoleónico entraba por primera vez, tras superar la breve resistencia que ofreció el somatén local, mientras la población, aterrada, huía hacia Reus y las montañas de Prades. Los soldados franceses e italianos entraron violentamente, provocando una veintena de muertos entre los vecinos que no habían podido huir, y la saquearon a conciencia a lo largo de ese día y hasta el 20 de marzo, que la abandonaron, en busca de provisiones y de objetos valiosos, en ocasiones con el apoyo de algunos vallenses que se aprovecharon de la situación. Del saqueo general no se escaparon ni el ayuntamiento, ni las iglesias y conventos.
Aquella tarde, Gouvion Saint-Cyr dejó Souham en Valls y ocupó el Pla de Santa Maria y Cabra del Camp con la división Pino. De esta manera controlaba todos los accesos de la Cuenca en el Alt Camp, ya que Souham, desde Valls, vigilaba el estrecho de la Riba y el cuello de Lille, y Pino hacía lo mismo con el cuello de Prenafeta y el collado de Cabra. Así, cuando las fuerzas de Reding volvieran a Tarragona por uno de esos caminos, se encontrarían con parte de las tropas de Gouvion Saint-Cyr y este podría concentrar rápidamente su ejército, obligando a Reding a combatir en una batalla.

 

General Joseph Souham

 

Al conocer la ocupación de Valls, el general Reding concentró en Montblanc sus fuerzas. Estas sumaban unos 13.000 hombres, mayoritariamente de tropa española del antiguo ejército regular de antes de mayo de 1808, entre la que se encontraban tres regimientos de soldados suizos al servicio del ejército español y un destacamento de soldados valones, que pertenecían a la Guardia Real. En cuanto a regimientos catalanes, sólo había dos tercios de migueletes, uno de ellos era el 2 º de Tarragona y agrupaba en sus filas numerosos migueletes procedentes del Camp de Tarragona, entre ellos varios vallenses. Después de que el estado mayor español adoptara el acuerdo de volver a Tarragona por el estrecho de la Riba, la noche del 24 de febrero, el ejército español se puso en marcha por el camino (ahora carretera) que, después de salir del estrecho de la Riba y pasar el pueblo de Picamoixons, atraviesa el Francolí por el Puente de Goi y continúa en dirección a Tarragona pasando por Rourell, El Morell y Constantí, entre otros municipios.
En media de la mañana del día 25 la mitad de los hombres de Reding ya habían cruzado el Francolí por el Puente de Goi cuando un destacamento francés avanzado, que vigilaba ese camino, abrió fuego, retirándose a continuación hacia el grueso de la división Souham (con unos 7.000 soldados franceses, entre los que se encontraba un batallón formado por belgas), que se desplegaba por las partidas del Freixa, de la Granja y del Burga. La mitad de sus hombres tomaron posiciones a ambos lados de la carretera de Picamoixons, entre la zona de las Ermitas y la balcón de la Granja, y la otra mitad estuvo encarada al Francolí, desde la balcón de la Granja hasta el Puig de Gallissà.


Reding, después de la sorpresa, concentró su ejército en la orilla derecha del Francolí, arriba de las elevaciones del Serradalt. A continuación, Reding pasó a la ofensiva y atacó las posiciones francesas de la orilla izquierda del río ya lo largo del río Francolí, haciendo perder terreno a los franceses. Hacia el mediodía parecía que los hombres de Reding ganarían la batalla. A lo largo del combate, se les habían añadido cerca de un millar de somatenes de diferentes municipios del Campo, entre ellos lo que quedaba del somatén de Valls, que apoyaron a las tropas regulares, pero tuvieron un peso prácticamente simbólico en el combate.
Gouvion Saint-Cyr estaba avisado y envió la división Pino en el campo de batalla, aunque sus avanzadas y la primera mitad de la división no llegaron hasta cerca de las doce del mediodía. La aparición de los refuerzos napoleónicos provocó que Reding retirara con orden hacia las posiciones del Serradalt las tropas con las que atacaba a los franceses. A partir de ese momento Reding era consciente de que no tenía ningún sentido seguir atacando y perdiendo hombres ante un enemigo que cada vez se hacía más fuerte gracias a la llegada de refuerzos, y entonces el general suizo optó por mantener las sus posiciones defensivas en Serradalt. Una vez estudiadas las diferentes opciones, Reding y su estado mayor acordaron que en cuanto la tropa comiera y descansara un poco, se retirarían hacia Tarragona. En cuanto a Gouvion Saint-Cyr, que esperaba la llegada de la otra mitad de la división Pino, este aprovechó el descanso para preparar un ataque general contra las posiciones españolas.
El resto de la división Pino llegó al campo de batalla hacia las tres de la tarde. Entonces Gouvion Saint-Cyr pudo disponer de las dos divisiones, con un total de entre 14.000 y 15.000 hombres, entre franceses e italianos (además de un batallón formado por belgas). En tres y media formó la infantería en cuatro grandes columnas, que a continuación, después de cruzar el río, atacaron a lo largo de toda la línea española situada en el Serradalt. Una de las columnas lo hizo río arriba del Puente de Goi, y las otras tres río abajo, mientras que la caballería avanzó por el espacio que existía entre estas columnas (uno de los regimientos de caballería cruzó el río por el Puente de Goi ). A pesar del fuego de la artillería española y de la infantería, la caballería napoleónica y las columnas de infantería rompieron la línea española por diferentes puntos, y ésta se deshizo. El combate finalizó hacia las cuatro o media de la tarde, cuando los restos del ejército español se retiraron, más o menos organizadamente, hacia Tarragona y las montañas de Prades, perseguidos por la caballería napoleónica.


Reding, sufrió el ataque de la caballería francesa en Serradalt y tuvo que luchar para salvar la vida, sufriendo un total de cinco heridas poco importantes. Aquella noche Reding llegaba a Tarragona con su estado mayor. Había perdido unos dos mil hombres entre muertos y heridos, y un número similar de prisioneros, mientras que las bajas francesas llegaban al millar, entre muertos y heridos.
Al día siguiente casi todo el ejército español se concentró en la ciudad de Tarragona, que estaba llena de refugiados y sufría una epidemia de tifus desde hacía unas semanas. La acumulación de refugiados y tropa, y en especial de heridos a sus hospitales, provocó la expansión de la epidemia, que acabaría provocando una mortandad. En los días siguientes a la batalla, el ejército napoleónico ocupó la mayor parte de las comarcas del Campo y de la Conca de Barberà. Gouvion Saint-Cyr no disponía de recursos para acosar Tarragona, pero bloqueó la ciudad, esperando que los estragos de la epidemia acabaran provocando la rendición de la ciudad. Pero, el 20 de marzo, la falta de víveres obligó al general francés a volver en el Penedès con su ejército, desde donde se dirigió a Girona para participar en el asedio de aquella ciudad.
La marcha de los franceses permitió sacar tropas y refugiados de Tarragona, y con ellos se extendió la epidemia que hizo estragos en las comarcas del Camp a lo largo de la mayor parte de ese año. A modo de ejemplo, Valls pasó de las 346 defunciones del año 1808 en la escalofriante cifra de 1.132 con respecto al 1809. Una de las víctimas mortales de la epidemia fue el mismo Reding, que murió en Tarragona el 23 de abril, después de haberse contagiado en Altafulla, al visitar un hospital militar. A pesar de que la batalla de Valls y la epidemia dejaron fuera de combate el “Ejército de la Derecha” por espacio de unos meses, a finales de ese año ya volvía a estar completamente operativo.

El recuerdo de la batalla del Puente de Goi ha perdurado vivo hasta nuestros días, especialmente entre los vecinos de Valls y las poblaciones cercanas, tal como se pudo comprobar en las grandes fiestas que se organizaron en Valls en 1909 por celebró su centenario. Con todo, hay que tener presente que el nombre oficial es el de batalla de Valls, ya que el nombre de Puente de Goi, con lo que se conoce la batalla en nuestras comarcas, ya pesar de ser también correcto, empequeñece mucho un campo de batalla bastante extenso, que incluyó todas las partidas de los términos de Valls y de Alcover que limitan con el río Francolí. Ambos bandos dieron importancia a esta batalla, como demuestra el hecho de la creación de una medalla conmemorativa por orden de Fernando VII, destinada a todos los militares españoles que había participado, y por parte de los franceses, el hecho de que el nombre de Valls esté incluido entre las victorias napoleónicas que encontramos en el arco del Triunfo, en París.

Francisco Murillo Galimany (febrero de 2009)

Antonio Gimbernat i Arbós (1734-1816)

Nació en el 1734 en Cámaras, (Tarragona). Tras cursar estudios de latín y filosofía en la Universidad de Cervera, se matriculó en 1756 en el Real Colegio de Cirugía de Cádiz, fundado por Fernando VI de Castilla y vinculado a la Marina Española. El puerto de Cádiz constituía la base de la Armada Española, de la que entró a formar parte como cirujano, reclutado por el jefe de Cirugía de la Armada, Pere Virgili i Bellver. Virgilio abandonó Cádiz para fundar el Real Colegio de Cirugía de Barcelona. Es seguido por su yerno Lorenzo Roland, profesor de Anatomía en Cádiz, que deja su plaza vacante. Reconocido por su conocimiento y destreza en la disección anatómica, Gimbernat fue elegido para ejercer de profesor de anatomía, antes de haber conseguido su graduación, a la que accede en 1762.

El mismo año de su graduación es reclamado por Pere Virgili en el Real Colegio de Cirugía de Barcelona. La administración central de Madrid se opuso a la concesión de la plaza de profesor de anatomía, a la que había sido propuesto por Virgilio, alegando su juventud. Inicialmente fue nombrado Profesor honorario de anatomía y poco después supernumerario. En 1764 se le concedió la titularidad oficial de la plaza de profesor de anatomía del Real Colegio de Cirugía de Barcelona y es también nombrado Cirujano Mayor.

En Barcelona, ​​en 1772, describe por primera vez el ligamento lacunar del canal femoral, por el que sería universalmente conocido, así como la aplicación de su identificación en una nueva variante técnica de la cirugía de la hernia femoral o hernia crural. Su ingenio le impulsó a diseñar nuevos instrumentos quirúrgicos entre los que destacó un litotomía renal que gozó de gran popularidad en su época.

En 1774 Gimbernat gozaba de una acreditada reputación como cirujano y consiguió que el rey Carlos III subvencionara su estancia en el extranjero, para poder aportar a España los avances más recientes en el campo de la anatomía y de la cirugía. Inició su largo periplo por Europa en París, en el Hôpital de la Charité y el Hôtel Dieu, el más antiguo e insalubre hospital de Francia, que además había sufrido un gran incendio en 1772. Posteriormente viajó a Londres donde asiste a las clases del llamado anatomista y cirujano John Hunter. El 25 de abril de 1777 se concretó la difusión de su contribución a la cirugía de la hernia crural, cuando en una de las clases de Hunter sobre las técnicas de reparación de hernias, solicita y obtiene el permiso para explicar su innovación técnica en esta cirugía, consistente en la sección del ligamento lacunar para lograr la reducción de la hernia crural estrangulada. Desde entonces, este ligamento, que corresponde a un engrosamiento triangular del ligamento inguinal en su inserción en el tubérculo del pubis, es universalmente conocido como ligamento de Gimbernat. Continuó sus estudios en Edimburgo y en la ciudad holandesa de Leiden. Regresa a España en 1778.

Monumento conmemorativo en Cambrils, su pueblo natal

A su regreso a España, se le encargó la creación del Real Colegio de Cirugía de Madrid, Colegio de Cirugía de San Carlos, del que fue director, junto a Mariano Ribas, y catedrático de operaciones y álgebra (traumatología). Se nombrado director el 27 de enero de 1787 y el Colegio es oficialmente inaugurado el 1 de octubre de 1787. En 1789 es nombrado cirujano de Cámara de Rey y se le concede título nobiliario. En 1801 es nombrado Primer Cirujano Real y como consecuencia, presidente de todos los colegios de cirugía de España.

Durante la invasión napoleónica preside el Consejo Superior de Salud Pública, organismo en el que se fusionan las facultades de Medicina y Farmacia y los colegios de cirugía. Tras la retirada de los franceses y el advenimiento de Fernando VII, cae en desgracia debido a su colaboración con los invasores y es destituido de sus cargos. Postergado de la vida académica, sufre un deterioro de sus facultades mentales acompañada de una gran penuria económica en sus últimos años de vida. La merma de su salud también se concreta en la pérdida de visión. En 1810 se le sometió a una intervención ocular por Josep Ribes, pero Gimbernat retira prematuramente las vendas que cerraban sus ojos, la misma noche de la operación, provocando una complicación que dejó prácticamente ciego. Fallece en Madrid el 17 de noviembre de 1816.

En 1793, Gimbernat publicó el “Nuevo Método de operar la hernia crural”, dedicado al rey Carlos IV. En el libro detalla la descripción anatómica del canal femoral y del ligamento lacunar. También describe la técnica del tratamiento quirúrgico de la hernia crural estrangulada, mediante la sección del ligamento para facilitar la reducción del contenido herniario. Al mismo libro describe el hallazgo frecuente de un ganglio en la proximidad inmediata del canal femoral, que posteriormente ha sido conocido como ganglio de Cloquet o de Rosenmüller, ya que fue descrito por estos autores (Jules Germain Cloquet, 1790-1883, y Johann Christian Rosenmueller, 1771-1820, profesores de anatomía y cirugía de París y Leipzig, respectivamente) como una lesión que podía confundirse con una hernia crural incarcerada. Este libro tuvo gran repercusión en su época y fue traducido al inglés, alemán y francés. La versión inglesa, fechada en en 1795, se debe a Thomas Beddoes. Su contribución también se concretó en una publicación en 1801 sobre el uso y abuso de las ligaduras y otra sobre la cirugía corneal, “Disertación de las úlceras de los ojos que interesan la córnea transparente” en 1802.


La ciudad de Tarragona le dedica un busto en su honor en la fachada de su Ayuntamiento

Milicias Urbanas de Tarragona (I)


Las Milicias Urbanas de Tarragona son creadas el 18 de junio de 1810 por el Capitán General Don Enrique O’Donnell, para guardar el orden interior  y la defensa de los puntos más estratégicos de la ciudad, en ausencia de las tropas regulares.

 

Capitán General Don Enrique O’Donnell

En ellas se podían alistar todos los vecinos de la ciudad con dos años de residencia, comprendidos entre los dieciocho  y cuarenta años de edad, que quedaban exentos del servicio militar o de acudir a las levas de somatén. Se trataba de crear un batallón compuesto por diez compañías de 100 hombres, con su oficialidad correspondiente. Los oficiales no recibirían asignación mientras que la tropa, en los días de servicio, disfrutaría del mismo sueldo que los soldados del ejército regular, cinco reales diarios.

Se complementará con su plana mayor, escuadra de granaderos y banda de tambores y pífanos. Al respecto el ayuntamiento reclama al Capitán General diez cajas de guerra, un reglamento para la instrucción de la tropa y un cajón cuadrado con cierre para guardar los documentos más importantes.

El día 12 de julio, el Capitán General da la orden, al comandante de artillería de la plaza, de librar 400 fusiles para armar la milicia.

Una vez constituida la oficialidad se constituyó el 15 de julio una comisión para la organización de las compañías que estaba formada por dos miembros de la Junta Corregimental, dos del ayuntamiento y seis diputados de los gremios y colegios.

La ciudad tenía que sostener el regimiento, pero cada miliciano debería pagarse su propio uniforme. Los oficiales y las clases estaban obligados a acudir a clase de teórica militar un día por semana y los milicianos debían de ejercitar con el manejo de las armas diariamente por la mañana o mediodía, en función de su profesión para que fuera compatible con su jornada laboral.

La Jefatura Superior de estas milicias corresponde al capitán general, aunque de hecho lo es el subinspector, en este caso el gobernador de la plaza. Los demás cargos, como primer jefe efectivo y sargento mayor, los desempeñan militares profesionales, siendo naturales de Tarragona los capitanes, tenientes y subtenientes, cuyos nombramientos los proponía el Ayuntamiento y la Comisión de Defensa.

El teniente coronel Ángel de la Lana es nombrado  comandante general, el cual se responsabilizará de todas las labores de la milicia, siendo su sargento mayor Don Antonio Roca.

El 24 de julio se ordena la formación de tres nuevas compañías con gentes del puerto para el servicio de Artillería. Han de reunir como condición ser ágiles y robustos, de dieciocho a cuarenta años de edad y lo más posible conocedores de dicha arma. Deben dedicarse en los días festivos en el manejo del cañón, para ser útiles en la defensa.

El 20 de agosto el teniente de rey Don Luis Hebia exige al Ayuntamiento que se cubran todos los puestos de la plaza con paisanos armados, excepto las guardias del principal y de la marina. Es preciso para tal menester no tan solo cubrir las 1000 plazas de las que aún solo hay 800, sino de aumentarlas a 2000, 200 individuos por compañía o crear segundo batallón con diez nuevas compañías. Por esta razón se aumenta la franja de edad hasta los cincuenta permitiendo el alistamiento también a forasteros de la ciudad.

 

Milicias Urbanas

 El 15 de septiembre se requiere que todos tengan uniforme, no solo para el servicio, sino que por estar tan próximo el día de “nuestra Patrona y Protectora del Cuerpo de santa Tecla” se encarga muy particularmente a los señores oficiales han de salir ya aquel día vestidos de uniforme para acompañar a la procesión.

El 25 de noviembre de 1810, el Capitán General manifiesta que observa que muchos oficiales, sargentos, cabos y soldados no visten de uniforme en acto de servicio, para la cual se advierte, por última vez, que se da un plazo de ocho días para cumplir lo ordenado, debiendo presentarse cada individuo al servicio por lo menos con la casaca y el sombreo de uniforme; de lo contrario, sufrirá el castigo que se le imponga.

El 8 de diciembre, día de la Virgen de la Concepción, Patrona de España, se bendicen las Banderas del Cuerpo.

Vencidas las dificultades el segundo batallón queda listo a principios de 1811. Con la nueva organización pasa a ser su sargento mayor Don. Francisco Mª de Villarejo, capitán en propiedad del regimiento de infantería de Saboya, estando listos para pasar revista, a mediados de febrero, los dos batallones con 10 compañías cada uno más 3 compañías de artillería. En total 2.500 milicianos dispuestos a dar su vida por Tarragona.

Las Milicias Urbanas lucharon valerosamente durante los 56 días del Sitio de la ciudad “pereciendo unos con honor a manos del enemigo y conducidos otros a Francia como prisioneros”.

Distinciones militares otorgadas a los defensores de Tarragona durante el Sitio de 1811. (1ª.Parte)

Con fecha del 15 de Febrero de 1818 se publicó una real orden del Ministerio de Guerra concediendo un Escudo de distinción a todos los que, formando parte en las filas de la Milicia Urbana, se mantuvieron constantes en la plaza hasta el día del asalto, cuyo decreto dice así:

“Que a los oficiales que sirviesen en dicho cuerpo eventual (Milicia Urbana) hasta su extinción, que no tengan cabida en el permanente, ya por no permitirles sus actuales destinos continuar en el expresado servicio, y no tengan nota, se les revaliden los despachos o nombramientos provisionales que obtuvieron de los Generales en jefe del Ejercito de Cataluña, con la calidad de Milicias Urbanas y uso de uniforme que disfrutaron; que los de la misma clase que en la actualidad dependen de oficinas, u otros establecimientos del Gobierno, sean atendidos en sus pretensiones de mejora de destino y en las propuestas de ascenso: que todos los individuos del Cuerpo que se mantuvieron constantes en la plaza hasta el día del asalto usen de un escudo de distinción en el brazo izquierdo con las armas de Tarragona bordadas en su centro y en la circunferencia la inscripción Fidelidad y Patriotismo.(.)

 

 

Projecte Tarragona 1800 quiere recuperar esta distinción como recuerdo del heroico esfuerzo realizado por más de 2000 ciudadanos de Tarragona y pueblos vecinos, que defendieron con sus vidas a Tarragona sirviendo en el cuerpo de las Milicias Urbanas de Tarragona.

Projecte Tarragona 1800 ha encargado a la Asociación Regimientos de América la confección de la réplica del Escudo de Distinción de Tarragona.

Tal y como eran los originales, está bordado sobre paño del mismo color de la divisa del uniforme, para poderlo coser en las mangas de las casacas de los uniformes del grupo de recreación histórica “Milicias Urbanas de Tarragona”. Su tamaño es de 5,5 cm y está bordado íntegramente a mano, en hilo plateado sobre paño azul turquí.

El Escudo de Distinción será además utilizado como obsequio para agradecer a todas aquellas personas, asociaciones, empresas o entidades públicas que hayan contribuido a dar a conocer mejor el proyecto y a Tarragona.

También podrá ser adquirido por los miembros de la asociación por el precio simbólico de 25 €. encargándolo a info@tarragona1800.com

La Batalla de Valls (1a.Parte)

PUENTE DE GOI, 25 DE FEBRERO DE 1809   

          

               En los primeros años del siglo XIX, Valls era una villa de unos 9.000 habitantes, con una economía eminentemente agraria, aunque con un importante sector industrial o manufacturero, basado en la industria del aguardiente, de las pieles y del textil . El crecimiento demográfico que había experimentado a lo largo del siglo XVIII, había provocado la expansión urbanística de la villa, superando el antiguo recinto amurallado medieval con la creación de una serie de arrabales que la rodeaban. A ellos hay que añadir el comienzo de la urbanización del camino del Pla, que se convertiría en uno de los principales ejes de la expansión urbanística del Valles del siglo XIX. Con todo, en las primeras décadas del siglo XIX, los arrabales del setecientos y los incipientes calles que arrancaban de estos aún no estaban completamente edificados.

             En las primeras décadas de ese siglo, Valls, así como el resto de Cataluña y del Estado, y de gran parte de Europa, se encontraron inmersos en el contexto de las Guerras Napoleónicas, que en el caso concreto de Cataluña y el resto del Estado convirtieron sus territorios en un campo de batalla entre los años 1808 y 1814, cuando tuvo lugar la Guerra del Francés (este es el nombre con el que se conoce este conflicto bélico en Cataluña, mientras que en el resto del Estado es con el nombre de Guerra de la Independencia). A mediados de 1808, el emperador de los franceses, Napoleón Ier, aprovechó la inestabilidad de la monarquía española para conseguir hacerse con el control de gran parte de la mitad norte de los territorios del Estado y, en último término, con la misma corona, que cedió a su hermano José. Los partidarios del rey Fernando VII (el monarca que sólo hacía unos meses que había llegado al trono, después de obligar a abdicar a su padre, Carlos IV) y gran parte del pueblo se opusieron, protagonizando disturbios contra las tropas francesas que se habían establecido en el territorio, los cuales tuvieron su máximo exponente en Madrid, en la revuelta del 2 de mayo de 1808. A partir de esa fecha, pero sin demasiada conexión con ese hecho, las diferentes regiones que no estaban controladas por el ejército francés se irán levantando contra aquellas tropas y contra José Ier, y de rebote, a menudo también lo harán contra las autoridades de la antigua administración borbónica, que considerarán partidaria del nuevo rey.

Cataluña, que tenía Barcelona completamente dominada por el ejército francés, también experimentó una revuelta generalizada en los territorios que no controlaban los napoleónicos, sobre todo a partir de la primera batalla del Bruc, el 6 de junio de 1808, cuando los somatenes (o sea, los habitantes de una población que se organizaban y salían armados para hacer frente a un enemigo que los amenazara) de varios municipios y un reducido destacamento de soldados derrotaron una columna napoleónica que había salido de Barcelona con el objetivo de castigar la insubordinación de Manresa ya continuación dirigirse a Lleida y Zaragoza. Paralelamente, Valls y muchos otros municipios del Camp de Tarragona y de la Conca de Barberà enviaron sus somatenes a perseguir otra columna francesa que por entonces había entrado en Tarragona, camino de Valencia, y que al conocer la derrota del Bruc se retiró rápidamente hacia Barcelona, ​​enfrentándose constantemente con los somatenes.

A lo largo de aquellos primeros meses de la guerra, surgieron unos nuevos órganos de gobierno, que cubrieron el vacío provocado por el hundimiento de la antigua administración borbónica. Estos nuevos órganos fueron las Juntas, constituyéndose Juntas de Gobierno o de Defensa en prácticamente cada municipio, como fue el caso de Valls, el día 12 de junio, con una Junta que pasaba a asumir las tareas propias del Ayuntamiento y las de defensa y otros aspectos de la villa relacionados con la guerra (como el alistamiento de tropas y el suministro de víveres al ejército). A lo largo de aquellos meses Valls, como muchas otras poblaciones, vivió disturbios protagonizados por las clases bajas de la sociedad, entre los que destacó el que se produjo entre los días 29 y 30 de junio, cuando unos comisionados de Tarragona fueron considerados espías franceses por parte de los vallenses y los vecinos de los municipios cercanos. La Junta de Gobierno local y el resto de autoridades tuvieron graves problemas para proteger los comisionados y para restablecer el orden, lo que no se acabó de alcanzar hasta que llegó un destacamento de tropa desde Tarragona.

En cuanto al conjunto de la guerra, la derrota francesa en la batalla de Bailén (19 de julio de 1808) provocó la retirada de las tropas napoleónicas en la otra orilla del río Ebro, convirtiendo en un fracaso su primer intento de ‘invasión. En Cataluña, las fuerzas napoleónicas, formadas por soldados franceses, suizos, italianos (estos eran los del reino de Italia, que comprendía la mitad norte de la península italiana) y napolitanos, quedaban cerradas en Barcelona y Figueres. Barcelona estaba bloqueada por el ejército de Cataluña, que se conocerá como “Ejército de la Derecha” a partir de los primeros días de octubre de ese año. Este contingente de tropas estaba constituido por regimientos del antiguo ejército regular español que estaban de guarnición en Cataluña y las Islas Baleares, a los que se fueron incorporando otros regimientos procedentes de Valencia, Portugal (estos últimos se trataban de tropas españolas que habían participado en 1807 en la invasión conjunta de ese país con los franceses, y que al estallar la guerra habían quedado prisioneras de sus antiguos aliados), de Aragón y de Granada. Además de los soldados regulares aquel ejército también integraba los tercios de migueletes que se organizaron en Cataluña el verano de 1808, con voluntarios de cada corregimiento. A menudo, los tercios de migueletes, quedaban a medio camino entre los regimientos regulares del ejército y los somatenes.

Ante el fracaso de la primeros invasión, el emperador Napoleón Ier decidió intervenir directamente en España, al frente de un ejército formado por sus mejores tropas. A lo largo de los meses de noviembre y diciembre, Napoleón y sus generales derrotaron sucesivamente todos los ejércitos españoles que intentaron cerrar el paso, hasta que se hicieron de nuevo con el control de la mayor parte de la mitad norte de la Península Ibérica. Napoleón no intervino directamente en Cataluña, sino que lo dejó en manos de uno de sus mejores generales, Laurent Gouvion Saint-Cyr. Este tomó el mando del VII Cuerpo de Ejército Francés, formado por las tropas francesas de la división Souham, las italianas de la división Pino y las napolitanas y francesas de la división Chabot, que en agosto de 1808 se concentraron en Perpiñán. En noviembre Gouvion Saint-Cyr entraba en Cataluña con su ejército con el objetivo de levantar el bloqueo de Barcelona. En un primer momento sitió Rosas, que se rindió el 5 de diciembre de 1808. A continuación se puso en camino hacia Barcelona, ​​donde llegó el 17 de ese mes, tras derrotar el día antes a las tropas españolas que le intentaron cerrar el paso en Cardedeu. Unos días más tarde, el 21 de diciembre Gouvion Saint-Cyr volvía a derrotar las tropas españolas que habían retrocedido a la otra orilla del río Llobregat, en la batalla de Molins de Rei y luego ocupaba las comarcas del Penedès.

    

              La batalla de Molins de Rei provocó la retirada del ejército español hasta Tarragona, mientras que la ocupación del Penedès por parte del VII Cuerpo de Ejército trajo como consecuencia la huida en masa de gran parte de la población de aquellas comarcas, que se refugiaron en los municipios del Camp de Tarragona. Ahora el frente se encontraba en las montañas que separan el Campo del Penedès, y fue defendido rápidamente por somatenes de los pueblos del Campo y de la Cuenca, que sentían amenazadas sus poblaciones y casas. Así, por ejemplo, el somatén de Valls, junto con otros del Alt Camp, Conca, defendían la zona de Vila-rodona y del cuello de Santa Cristina, con el apoyo de algunos destacamentos de tropas regulares.

Lentamente, el “Ejército de la Derecha” se fue rehaciendo después de haber sufrido dos derrotas sucesivas. A partir de los últimos días de diciembre el mando de este ejército y con él el cargo de Capitán General de Cataluña, recayeron en un general suizo al servicio del ejército español, en Teodoro Reding, que había sido el vencedor sobre el terreno en la batalla de Bailén. Reding, considerado un héroe y apreciado por los catalanes, trabajó duro para rehacer el ejército, y por espacio de unos meses se limitó a organizar ataques muy localizados contra las avanzadas francesas e italianas en lugares donde tenía el terreno a su lado. Estas acciones fueron desgastando lentamente las tropas napoleónicas y les hicieron perder terreno, abandonado las posiciones más expuestas, como Altafulla y Torredembarra. Pero el pueblo y los políticos, que no acababan de entender esa estrategia, empezaron a reclamar un ataque general que derrotara a los franceses del Penedès, lo que provocó que a la larga Reding se viera obligado a cambiar de estrategia. Así, planeó un ataque general que pretendía rodear el VII Cuerpo de Ejército en el Penedès y destruirlo.

General Teodoro Reding

               Pero Gouvion Saint-Cyr se dio cuenta de las intenciones de Reding y adelantó, atacando el 17 de febrero las tropas españolas que estaban concentradas en Igualada, que se vieron obligadas a huir en dirección a Cervera. Al día siguiente, el general francés continuó su movimiento de ataque con la división Pino y derrotó un contingente de tropas españolas en San Magín de la Brufaganya. Estas se hicieron fuertes en el monasterio de Santes Creus, que los italianos bloquearon los días 19 y 20 de febrero. Ese último día, el general francés se dirigió a Vila-rodona con el grueso de la división Pino, donde al día siguiente se les añadió la división Souham, que había entrado en el Alt Camp por el cuello de Santa Cristina. Mientras tanto, el día 20, Reding había salido de Tarragona con una pequeña columna de soldados regulares con la intención de ir a recoger sus tropas que habían sido dispersadas por el ataque napoleónico y que corrían peligro de acabar siendo destruidas, y todo seguido volver de nuevo a la seguridad de las fortificaciones que defendían Tarragona.

General Domenico Pino

              Así, aquella nochepoder añadir los defensores de Santes Creus en su columna, después de que éstos hubieran abandonado el monasterio sin que los italianos se dieran cuenta. Finalmente, entre el 21 y el 22 de febrero logró reunir de nuevo el grueso de su ejército en Santa Coloma de Queralt.

Continuará

Firmado: Francisco Murillo Galimany

Los escudos de distinción de la Guerra de la Independencia

Terminada la guerra de la Independencia, Fernando VII premió con numerosas condecoraciones tanto a militares como a civiles por su honrosa colaboración en la lucha contra el francés. Muchas fueron las ciudades que con su sacrifico pasaron a la historia.

Las Medallas y los Escudos de Distinción fueron los premios más importantes, a parte de las remuneraciones económicas y de los ascensos en grado militar que se concedieron.

En esta ocasión hablaremos un poco de los Escudos de Distinción.

Los Escudos de Distinción, realizados para premiar el valor individual, fueron especialmente diseñados para homenajear a aquellas ciudades que no cedieron a las superiores fuerzas francesas, durante la Guerra de la Independencia. Ciudades como Gerona, Madrid, Zaragoza y Tarragona, entre otras muchas, merecieron el honor de contar con dicho Escudo.

Estos Escudos se cosían en la manga izquierda del uniforme, tal y como los podemos ver en el grupo de Recreación Histórica “Voluntarios de Aragón”.

 

De estos escudos no han llegado a la actualidad información de un buen número de ellos. Aquí mostramos una pequeña muestra de ellos:




En la actualidad hay una asociación, Regimientos de América, que se dedica, entre otras, a reproducir fielmente estos Escudos de distinción, bordándolos artesanalmente a mano con hilos de plata y de oro. Para más información  http://www.regimientosdeamerica.com

En este artículo os mostramos algunos de sus magníficos Escudos reproducidos con el máximo detalle y exactitud a los originales.