Milicias Urbanas de Tarragona (I)


Las Milicias Urbanas de Tarragona son creadas el 18 de junio de 1810 por el Capitán General Don Enrique O’Donnell, para guardar el orden interior  y la defensa de los puntos más estratégicos de la ciudad, en ausencia de las tropas regulares.

 

Capitán General Don Enrique O’Donnell

En ellas se podían alistar todos los vecinos de la ciudad con dos años de residencia, comprendidos entre los dieciocho  y cuarenta años de edad, que quedaban exentos del servicio militar o de acudir a las levas de somatén. Se trataba de crear un batallón compuesto por diez compañías de 100 hombres, con su oficialidad correspondiente. Los oficiales no recibirían asignación mientras que la tropa, en los días de servicio, disfrutaría del mismo sueldo que los soldados del ejército regular, cinco reales diarios.

Se complementará con su plana mayor, escuadra de granaderos y banda de tambores y pífanos. Al respecto el ayuntamiento reclama al Capitán General diez cajas de guerra, un reglamento para la instrucción de la tropa y un cajón cuadrado con cierre para guardar los documentos más importantes.

El día 12 de julio, el Capitán General da la orden, al comandante de artillería de la plaza, de librar 400 fusiles para armar la milicia.

Una vez constituida la oficialidad se constituyó el 15 de julio una comisión para la organización de las compañías que estaba formada por dos miembros de la Junta Corregimental, dos del ayuntamiento y seis diputados de los gremios y colegios.

La ciudad tenía que sostener el regimiento, pero cada miliciano debería pagarse su propio uniforme. Los oficiales y las clases estaban obligados a acudir a clase de teórica militar un día por semana y los milicianos debían de ejercitar con el manejo de las armas diariamente por la mañana o mediodía, en función de su profesión para que fuera compatible con su jornada laboral.

La Jefatura Superior de estas milicias corresponde al capitán general, aunque de hecho lo es el subinspector, en este caso el gobernador de la plaza. Los demás cargos, como primer jefe efectivo y sargento mayor, los desempeñan militares profesionales, siendo naturales de Tarragona los capitanes, tenientes y subtenientes, cuyos nombramientos los proponía el Ayuntamiento y la Comisión de Defensa.

El teniente coronel Ángel de la Lana es nombrado  comandante general, el cual se responsabilizará de todas las labores de la milicia, siendo su sargento mayor Don Antonio Roca.

El 24 de julio se ordena la formación de tres nuevas compañías con gentes del puerto para el servicio de Artillería. Han de reunir como condición ser ágiles y robustos, de dieciocho a cuarenta años de edad y lo más posible conocedores de dicha arma. Deben dedicarse en los días festivos en el manejo del cañón, para ser útiles en la defensa.

El 20 de agosto el teniente de rey Don Luis Hebia exige al Ayuntamiento que se cubran todos los puestos de la plaza con paisanos armados, excepto las guardias del principal y de la marina. Es preciso para tal menester no tan solo cubrir las 1000 plazas de las que aún solo hay 800, sino de aumentarlas a 2000, 200 individuos por compañía o crear segundo batallón con diez nuevas compañías. Por esta razón se aumenta la franja de edad hasta los cincuenta permitiendo el alistamiento también a forasteros de la ciudad.

 

Milicias Urbanas

 El 15 de septiembre se requiere que todos tengan uniforme, no solo para el servicio, sino que por estar tan próximo el día de “nuestra Patrona y Protectora del Cuerpo de santa Tecla” se encarga muy particularmente a los señores oficiales han de salir ya aquel día vestidos de uniforme para acompañar a la procesión.

El 25 de noviembre de 1810, el Capitán General manifiesta que observa que muchos oficiales, sargentos, cabos y soldados no visten de uniforme en acto de servicio, para la cual se advierte, por última vez, que se da un plazo de ocho días para cumplir lo ordenado, debiendo presentarse cada individuo al servicio por lo menos con la casaca y el sombreo de uniforme; de lo contrario, sufrirá el castigo que se le imponga.

El 8 de diciembre, día de la Virgen de la Concepción, Patrona de España, se bendicen las Banderas del Cuerpo.

Vencidas las dificultades el segundo batallón queda listo a principios de 1811. Con la nueva organización pasa a ser su sargento mayor Don. Francisco Mª de Villarejo, capitán en propiedad del regimiento de infantería de Saboya, estando listos para pasar revista, a mediados de febrero, los dos batallones con 10 compañías cada uno más 3 compañías de artillería. En total 2.500 milicianos dispuestos a dar su vida por Tarragona.

Las Milicias Urbanas lucharon valerosamente durante los 56 días del Sitio de la ciudad “pereciendo unos con honor a manos del enemigo y conducidos otros a Francia como prisioneros”.

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