Batalla de Valls (2ª parte)

PUENTE DE GOI, 25 DE FEBRERO DE 1809    

Gouvion Saint-Cyr buscaba una batalla decisiva contra el ejército de Reding, y consciente de que este último estaba en la Cuenca, la madrugada del 22 de febrero se dirigió hacia Valls con las divisiones Souham y Pino. El general francés conocía perfectamente el valor estratégico del lugar donde se levanta Valls, ya que ocupando nuestra ciudad se interponía entre Tarragona y las tropas de Reding que estaban en la Cuenca y en cortaba las comunicaciones. Aquel fue uno de los días más duros de la historia contemporánea vallense. El ejército napoleónico entraba por primera vez, tras superar la breve resistencia que ofreció el somatén local, mientras la población, aterrada, huía hacia Reus y las montañas de Prades. Los soldados franceses e italianos entraron violentamente, provocando una veintena de muertos entre los vecinos que no habían podido huir, y la saquearon a conciencia a lo largo de ese día y hasta el 20 de marzo, que la abandonaron, en busca de provisiones y de objetos valiosos, en ocasiones con el apoyo de algunos vallenses que se aprovecharon de la situación. Del saqueo general no se escaparon ni el ayuntamiento, ni las iglesias y conventos.
Aquella tarde, Gouvion Saint-Cyr dejó Souham en Valls y ocupó el Pla de Santa Maria y Cabra del Camp con la división Pino. De esta manera controlaba todos los accesos de la Cuenca en el Alt Camp, ya que Souham, desde Valls, vigilaba el estrecho de la Riba y el cuello de Lille, y Pino hacía lo mismo con el cuello de Prenafeta y el collado de Cabra. Así, cuando las fuerzas de Reding volvieran a Tarragona por uno de esos caminos, se encontrarían con parte de las tropas de Gouvion Saint-Cyr y este podría concentrar rápidamente su ejército, obligando a Reding a combatir en una batalla.

 

General Joseph Souham

 

Al conocer la ocupación de Valls, el general Reding concentró en Montblanc sus fuerzas. Estas sumaban unos 13.000 hombres, mayoritariamente de tropa española del antiguo ejército regular de antes de mayo de 1808, entre la que se encontraban tres regimientos de soldados suizos al servicio del ejército español y un destacamento de soldados valones, que pertenecían a la Guardia Real. En cuanto a regimientos catalanes, sólo había dos tercios de migueletes, uno de ellos era el 2 º de Tarragona y agrupaba en sus filas numerosos migueletes procedentes del Camp de Tarragona, entre ellos varios vallenses. Después de que el estado mayor español adoptara el acuerdo de volver a Tarragona por el estrecho de la Riba, la noche del 24 de febrero, el ejército español se puso en marcha por el camino (ahora carretera) que, después de salir del estrecho de la Riba y pasar el pueblo de Picamoixons, atraviesa el Francolí por el Puente de Goi y continúa en dirección a Tarragona pasando por Rourell, El Morell y Constantí, entre otros municipios.
En media de la mañana del día 25 la mitad de los hombres de Reding ya habían cruzado el Francolí por el Puente de Goi cuando un destacamento francés avanzado, que vigilaba ese camino, abrió fuego, retirándose a continuación hacia el grueso de la división Souham (con unos 7.000 soldados franceses, entre los que se encontraba un batallón formado por belgas), que se desplegaba por las partidas del Freixa, de la Granja y del Burga. La mitad de sus hombres tomaron posiciones a ambos lados de la carretera de Picamoixons, entre la zona de las Ermitas y la balcón de la Granja, y la otra mitad estuvo encarada al Francolí, desde la balcón de la Granja hasta el Puig de Gallissà.


Reding, después de la sorpresa, concentró su ejército en la orilla derecha del Francolí, arriba de las elevaciones del Serradalt. A continuación, Reding pasó a la ofensiva y atacó las posiciones francesas de la orilla izquierda del río ya lo largo del río Francolí, haciendo perder terreno a los franceses. Hacia el mediodía parecía que los hombres de Reding ganarían la batalla. A lo largo del combate, se les habían añadido cerca de un millar de somatenes de diferentes municipios del Campo, entre ellos lo que quedaba del somatén de Valls, que apoyaron a las tropas regulares, pero tuvieron un peso prácticamente simbólico en el combate.
Gouvion Saint-Cyr estaba avisado y envió la división Pino en el campo de batalla, aunque sus avanzadas y la primera mitad de la división no llegaron hasta cerca de las doce del mediodía. La aparición de los refuerzos napoleónicos provocó que Reding retirara con orden hacia las posiciones del Serradalt las tropas con las que atacaba a los franceses. A partir de ese momento Reding era consciente de que no tenía ningún sentido seguir atacando y perdiendo hombres ante un enemigo que cada vez se hacía más fuerte gracias a la llegada de refuerzos, y entonces el general suizo optó por mantener las sus posiciones defensivas en Serradalt. Una vez estudiadas las diferentes opciones, Reding y su estado mayor acordaron que en cuanto la tropa comiera y descansara un poco, se retirarían hacia Tarragona. En cuanto a Gouvion Saint-Cyr, que esperaba la llegada de la otra mitad de la división Pino, este aprovechó el descanso para preparar un ataque general contra las posiciones españolas.
El resto de la división Pino llegó al campo de batalla hacia las tres de la tarde. Entonces Gouvion Saint-Cyr pudo disponer de las dos divisiones, con un total de entre 14.000 y 15.000 hombres, entre franceses e italianos (además de un batallón formado por belgas). En tres y media formó la infantería en cuatro grandes columnas, que a continuación, después de cruzar el río, atacaron a lo largo de toda la línea española situada en el Serradalt. Una de las columnas lo hizo río arriba del Puente de Goi, y las otras tres río abajo, mientras que la caballería avanzó por el espacio que existía entre estas columnas (uno de los regimientos de caballería cruzó el río por el Puente de Goi ). A pesar del fuego de la artillería española y de la infantería, la caballería napoleónica y las columnas de infantería rompieron la línea española por diferentes puntos, y ésta se deshizo. El combate finalizó hacia las cuatro o media de la tarde, cuando los restos del ejército español se retiraron, más o menos organizadamente, hacia Tarragona y las montañas de Prades, perseguidos por la caballería napoleónica.


Reding, sufrió el ataque de la caballería francesa en Serradalt y tuvo que luchar para salvar la vida, sufriendo un total de cinco heridas poco importantes. Aquella noche Reding llegaba a Tarragona con su estado mayor. Había perdido unos dos mil hombres entre muertos y heridos, y un número similar de prisioneros, mientras que las bajas francesas llegaban al millar, entre muertos y heridos.
Al día siguiente casi todo el ejército español se concentró en la ciudad de Tarragona, que estaba llena de refugiados y sufría una epidemia de tifus desde hacía unas semanas. La acumulación de refugiados y tropa, y en especial de heridos a sus hospitales, provocó la expansión de la epidemia, que acabaría provocando una mortandad. En los días siguientes a la batalla, el ejército napoleónico ocupó la mayor parte de las comarcas del Campo y de la Conca de Barberà. Gouvion Saint-Cyr no disponía de recursos para acosar Tarragona, pero bloqueó la ciudad, esperando que los estragos de la epidemia acabaran provocando la rendición de la ciudad. Pero, el 20 de marzo, la falta de víveres obligó al general francés a volver en el Penedès con su ejército, desde donde se dirigió a Girona para participar en el asedio de aquella ciudad.
La marcha de los franceses permitió sacar tropas y refugiados de Tarragona, y con ellos se extendió la epidemia que hizo estragos en las comarcas del Camp a lo largo de la mayor parte de ese año. A modo de ejemplo, Valls pasó de las 346 defunciones del año 1808 en la escalofriante cifra de 1.132 con respecto al 1809. Una de las víctimas mortales de la epidemia fue el mismo Reding, que murió en Tarragona el 23 de abril, después de haberse contagiado en Altafulla, al visitar un hospital militar. A pesar de que la batalla de Valls y la epidemia dejaron fuera de combate el “Ejército de la Derecha” por espacio de unos meses, a finales de ese año ya volvía a estar completamente operativo.

El recuerdo de la batalla del Puente de Goi ha perdurado vivo hasta nuestros días, especialmente entre los vecinos de Valls y las poblaciones cercanas, tal como se pudo comprobar en las grandes fiestas que se organizaron en Valls en 1909 por celebró su centenario. Con todo, hay que tener presente que el nombre oficial es el de batalla de Valls, ya que el nombre de Puente de Goi, con lo que se conoce la batalla en nuestras comarcas, ya pesar de ser también correcto, empequeñece mucho un campo de batalla bastante extenso, que incluyó todas las partidas de los términos de Valls y de Alcover que limitan con el río Francolí. Ambos bandos dieron importancia a esta batalla, como demuestra el hecho de la creación de una medalla conmemorativa por orden de Fernando VII, destinada a todos los militares españoles que había participado, y por parte de los franceses, el hecho de que el nombre de Valls esté incluido entre las victorias napoleónicas que encontramos en el arco del Triunfo, en París.

Francisco Murillo Galimany (febrero de 2009)

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