“El burgués de Hamburgo” (2ª Parte)

LOS UNIFORMES DE LAS TROPAS DE INFANTERÍA LIGERA ESPAÑOLA (1802)

En la segunda parte os queremos mostrar las láminas del manuscrito de Shur que escenifican diferentes escenas cotidianas, más de carácter relajado y familiar, los soldados de los dos batallones de infantería ligera destinados a Dinamarca durante los años 1807-1808.


1811. El Sitio de Tarragona

Guión: Ángel-O. Brunet
Ilustraciones: Hugo Prades y Josep Lluís Zaragoza “Zar”
Ayuntamiento de Tarragona
64 páginas
€ 16,00

El 28 de junio de 1881, el ejército napoleónico asalta la ciudad de Tarragona, poniendo punto y final al asedio que había comenzado el 3 de mayo. Con motivo de la conmemoración del bicentenario de este sitio durante la Guerra del Francés (1811-2011), el Ayuntamiento de Tarragona decidió recuperar la memoria histórica con diversos actos, entre los que esta publicación de este cómic fue una de las más destacadas.

La historia nos mete en la piel del niño protagonista que sufre de lleno las consecuencias del asedio, como el resto de la población civil. A través de sus ojos seguimos las dificultades crecientes día a día. Tres autores tarraconenses, Ángel-O. Brunet al guión y Hugo Prades y Josep Lluís Zaragoza “Zar” a las ilustraciones, nos transportan a esa época gracias a un argumento trepidante y unas ilustraciones espléndidas que nos muestran cómo era nuestra ciudad hace 200 años.

Asimismo, también demuestra contar con una gran documentación a la hora de reproducir desde escenarios de la ciudad hasta los usos, costumbres y vestidos de la época.

El aspecto gráfico de 1811. El sitio de Tarragona es de lo más atractivo gracias a los dibujos de Hugo Prades y Josep Lluís Zaragoza. Su estilo está pensado para llegar a una gran franja de edad, donde unos podrán ver en los combates su interés y otros lo verán a partir de la descripción detallada de lo que fuera la ciudad en aquella época.

Además, la edición, cuidadosamente realizada por la empresa Insitu Comunicaciones, dirigida por Jordi Gavaldà, se presenta acompañada por diversos materiales que nos permitirán ampliar nuestros conocimientos sobre la materia.

Tanto la investigación histórica de los hechos y la supervisión de todo el trabajo ha ido a cargo del equipo de la empresa Clarmont.net – Didáctica Museística-, con el Elías Torres su cabeza.

Un prólogo introductorio así como un epílogo que hace de clausura, nos sirve con exactitud para ponernos en antecedentes históricos y por saber de las consecuencias, respectivamente.

Sin embargo también se incluye una cronología del sitio, como un par de planos y un conjunto de fotografías actuales de diversas localizaciones. Y, por supuesto, una bibliografía básica sobre el tema que nos invita a informarnos por nuestra cuenta si es que queremos saber más.

En conclusión, 1811. El sitio de Tarragona representa un inmejorable ejemplo de lo que puede llegar a ser la divulgación histórica en mayúsculas.

Estamos ante un cómic muy bien lo que sin duda debe estar en los primeros estantes de la librería de casa.

La primera edición se ha hecho en catalán aunque se han hecho saber los autores que se está intentando sacarlo en castellano muy pronto.

Los gigantes en las fiestas populares de Reus de principios del s. XIX

Los Vitxeta, los Moros y los Indios

A principios del siglo XIX encontramos noticias sobre las tres parejas de gigantes que han llegado hasta nuestros días: los Vitxeta, los Moros y los Indios, aunque hay varias versiones sobre la fecha en que se estrenaron. En general se acepta que fue por las fiestas de colocación de la primera piedra del canal que debía unir Reus y Salou, celebradas del 23 al 26 de noviembre de 1805, a pesar de que el documento conservado de esta celebración no menciona. Sin embargo, los autores que afirman que inauguraron en este evento no coinciden en el año: Güell y Mercader sitúa las fiestas en 1802; Pedro Llord (Eduard Toda), en 1803, Pedro Cavallé, en 1805, Pedro Gras, en mayo de 1806 y Andreu de Bofarull, más genérico, a principios del siglo XIX. Por si fuera poco, el 1 de junio de 1902, La Renaixença publica: «Este año cumple una centuria que fueron estrenados las 3 parejas de gigantes».

La falta de referencias hace posible la hipótesis de que los gigantes Vitxeta, Moros y Indios fueran anteriores al 1805. Según varias opiniones críticas, es poco probable que el artista que hizo las manos-de gran calidad escultórica-modelase también los fines-de una calidad no tan notable. Nos reafirma esta hipótesis una hoja de gastos del 12 de agosto de 1798 donde se especifica que en una salida extraordinaria de los gigantes participaron once portadores: seis para los gigantes y cinco para la Mulassa. Si tenemos en cuenta que, en aquella época, lo más usual era que hubiera un portador para gigante, podríamos suponer que entonces ya eran seis las figuras que salían junto con la Mulassa.
También se desconoce la identidad de quien los construyó. En todo caso, responden a una visión del mundo propia de la época. Lo muestra la apariencia de los Indios, muy parecida a otras representaciones iconográficas de los nativos americanos en aquel momento o, por ejemplo, en las pinturas de Pedro Pablo Montaña realizadas en 1788 en el Palau Bofarull, donde el comercio de la ciudad es ilustrado en iconos que reflejan las cuatro partes del mundo por la dedicación del señor del palacio, José de Bofarull y Gavaldà, comerciante al por mayor de aguardiente, vino, aceite y grandes.

Al parecer, la comparsa de gigantes reusense debía representar las cuatro partes del mundo, pero sólo se hicieron tres: los Vitxeta (Europa), los Moros (Asia) y los Indios (América); faltaron para hacer las figuras de África.

En 1833, el gremio de tenderos intentó la creación de la pareja africana, pero en desistió cuando, encargados ya dos gigantes de raza etíope a un escultor de Barcelona, ​​se les ocurrió que podrían servir de burla contra los liberales, ya que estos eran moteados como «negros» por absolutistas.

El vestuario y estructura de los gigantes era similar al actual, excepto el Vitxeta, la carcasa del que llegaba hasta debajo de la cintura y mostraba los pantalones del portador. Según Andrés de Bofarull, esta figura conservó la indumentaria mencionada hasta mediados del siglo XIX, cuando «se le Disfraz suprimiendole los pantalones y cubriéndolo con un traje que nada significa».

FestesReus

Gerard Pouget

La gastronomía en la Tarragona de 1800 (1ª Parte)

Uno de los libros más famosos de la cocina catalana de principios del siglo XIX fue sin duda el que presentamos a continuación. Abrimos con él toda una serie de artículos que irán dirigidos a conocer mejor como se cocinaba en nuestro país durante este período y cuáles fueron los autores que más dieron a conocer la cocina que, por tradición, nos ha llegado hasta nuestros días.

La cuynera catalana

La cuynera catalana (La cocinera catalana) o con su título completo La cuynera catalana, ó sia, reglas útils, fácils, seguras y económicas per cuynar bé; escullidas dels autors que millor han escrit sobre aquesta materia (La cocinera catalana, o sea, reglas útiles, fáciles, seguras y económicas para cocinar bien; escogidas de los autores que mejor han escrito sobre esta materia), se trata de un recetario práctico anónimo, escrito en catalán en el año 1835.

Escrito para describir parte de la cocina catalana del momento que sigue la tradición culinaria desarrollada en el siglo XVIII y de principios del siglo XIX, no solo contiene recetas sino todo lo relacionado con la cocina, desde los principios básicos de limpieza, orden, etc. En el cuarto libro define el público al que va dirigido el manual, que está hecho con «un método claro y sencillo, proporcionado a la capacidad e inteligencia de los ignorantes». Las medidas de volumen de líquido en este libro se hacen con porrones, una antigua unidad de capacidad.

Está compuesto por cuatro cuadernos temáticos, cada uno de ellos en dos partes, una más teórica y general sobre cómo mantener la cocina limpia etc. y una segunda parte que consta de un listado de recetas:

  • En el primer cuaderno se hace una introducción de lo que debe ser un buen cocinero en la época (o cocinera, o sea, en casa y no en un restaurante), y hay numerosas recetas de sopas y cocidos, platos de verdura y parte de los platos de carne.
  • En el segundo cuaderno se habla de la limpieza y el orden y se pasa a las recetas de carnes, rellenos, setas, salsas y huevos.
  • En el tercer cuaderno se habla de las normas de etiqueta y como ser un buen anfitrión, en este caso no se dirige sólo a las mujeres (el título dice «cocinera») sino que generaliza «a todo amo de casa». Las recetas son todas de pescado excepto las dos últimas, que son postres, concretamente el manjar blanco (que para este autor equivale al mató de monja, que no es un requesón, sino una especie de flan en forma de teta que hacían las monjas de Pedralbes) y la crema catalana, que allí es, simplemente, «crema».
  • El cuarto cuaderno está dedicado a la «repostería» salada y dulce. Comienza por una breve introducción en la que se recomienda conocer los ingredientes, emplear los que son de buena calidad y avisa de que en estas recetas se deben seguir las proporciones dadas y no poner una cantidad cualquiera de cada ingrediente. En la primera parte del «Tratado de repostería» se incluyen platos de macarrones, empanadas saladas y tortas, y tartas saladas de pescado, carne, pollo, verduras e incluso hay unos pastelitos de ranas. Después, como si fuera un nuevo cuaderno, habla de nuevo de consejos generales, esta vez para los dulces, y define conceptos de confitería como los diferentes puntos del jarabe (punto de bola, etc.), en las recetas explica cómo confitar frutas y verduras, galletas y pastitas (llamadas pastillas), bombones, mermeladas, caramelos, cocas (biscuits), panellets, mazapanes, turrones y licores.

 

Más adelante en otros artículos iremos describiendo cada uno de los cuatro cuadernos con todo tipo de detalles. Hasta entonces buen provecho.

“EL BURGUÉS DE HAMBURGO” (1 ª. Parte)

LOS UNIFORMES DE LAS TROPAS DE INFANTERÍA LIGERA ESPAÑOLA (1802)




En el Reglamento Militar de 1802 las tropas de infantería ligera cambian su antiguo uniforme por otro que será igual para todos los regimientos. El uniforme, de gran vistosidad al estilo de los húsares, es de color verde con las mangas y el cuello de color rojo. Los pantalones son blancos y la cabeza protegida por un casco de piel endurecida. El grabado del nombre del regimiento en la placa que llevan el casco es el único que los diferencia entre ellos.

En 1807-1808 hubo la famosa expedición de las tropas españolas en Dinamarca, dirigidas por el Marqués de la Romana, donde dos de estos batallones se tuvieron un papel importante. Se trataba del Batallón de Voluntarios de Cataluña y del Batallón de Barcelona, de igual uniformidad que nuestro Batallón de Voluntarios de Tarragona.

El profesor Christopher Suhr dibujó toda una serie de láminas que representaban los diferentes regimientos militares españoles de la expedición, tal y como él los vio desfiló por Dinamarca. Este manuscrito fue publicado por primera vez en Francia en 1902 y también fue editado definitivamente en el año 1968 por M. Henri Achard.

Para nosotros es una obra excepcional para poder recrear con la máxima exactitud nuestro regimiento de Tarragona. Hay que observar que algunas figuras uniformadas con chaquetas rojas que fueron entregadas en Dinamarca. Fueron una excepción.

Sin embargo en este artículo presentamos sólo las láminas del manuscrito que corresponden a los regimientos de infantería ligera, que son del tema que nos interesa. Estas láminas, que están triplicadas cada una de ellas, corresponden a la interpretación hecha por diferentes copistas, a lo largo de los años.

Disfrute de ellas como lo hemos hecho nosotros.

Los médicos y cirujanos en la ciudad de Tarragona durante el sitio del francés de 1811

En la página web de la Academia de Ciencias Médicas de Tarragona tenemos una relación de los principales médicos y cirujanos que se vieron involucrados en el Sitio de Tarragona de 1811. Vale la pena recordar sus nombres. Más adelante intentaremos saber más de cada uno de ellos.
CARLES NOGUÉS I PEDROL.
Nació en Santa Coloma de Queralt. Médico destacado en la guerra del Rosellón.

BENITO CORBELLA I SONDEVILA.
Médico del hospital de Santa. Tecla. Vivía en el Plan de la Catedral, en concreto en el número 3.

MANUEL DALMAU I MAGNIFICH.
Médico destacado de la sanidad local de Tarragona. Su intervención fue decisiva para prever y por tanto evitar una nueva epidemia entre 1810 o 1811.

FRANCESC BAHI I FONSECA.
Médico consultor del ejército del Principal. Participó en la guerra del Rosellón.

JOSEP MARTÍ.
Médico destacado que participó en varias comisiones de carácter político-social. Vivió en la Bajada Pescadería, 20.

FRANCESC SANPONS I ROCA.
Destaca por haber instalado Hospitales militares de campaña donde convinieran.
Personaje destacado de la medicina catalana.


PERE VILANOVA.
Médico del hospital de Santa Tecla de mucho prestigio en Tarragona. Residió en la calle Portella, 5.

TOMAS VENTOSA.
Vivió en la calle de las Monjas Descalzas, 14.

JOSEP CANET I PONS.
Médico del Hospital de Santa Tecla en dos ocasiones. Escribió “Enfermedades del Ejército y del Pueblo”, memoria referente a la epidemia de 1809 en Tarragona.

SEBASTIÀ TRUCH.
Ejerció durante muchos años en Tarragona. Vivía en la calle Granada, 12. Al finalizar la Guerra de la Independencia solicitó plaza de médico numerario del Hospital de Santa Tecla y no la obtuvo.


JOAN FERRE.
Fue médico del Hospital de Santa Tecla. Consta que fue el encargado de los pobres enfermos durante el período de 1810 a 1812. Vivió en la Rambla, 63.

ANTONI SAN GERMAN.
Cirujano Mayor del Principal. Muy prestigiado en Tarragona.

FRANCESC ALSINA.
Cirujano con residencia en la calle Micer Sitges, 5.

JAIME PERCET.
Cirujano muy destacado de la Ciudad. Médico del Hospital de Santa Tecla. Amigo personal de Antonio Martín y Franqués. Vivió en la calle Cuireteries Viejas, 8.

JOSEP M. CAPDEVILA I AVILA.
Fue primer ayudante de cirugía del ejército y Cirujano Mayor del Hospital Militar de Tarragona. Escribió su “Aviso Patriótico-Politico-Médico” sobre la epidemia de 1809 de Tarragona.
Vivió en la casa de la Rambla, 27.

 

Joaquim Fàbregas Caputo, Capitán de las Milicias Urbanas de Tarragona en 1811

Uno de los personajes civiles de más relieve en el episodio del sitio de Tarragona de 1811, fue Joaquim Fàbregas Caputo, descendiente de una familia burguesa local, nacido en Tarragona el 2 de noviembre de 1778.

Los Caputo eran originarios de Italia, pero ya se hallan en Tarragona en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el negociante Francesc Caputo Gallo ejercía de alguacil (1731-1739.

Nuestro personaje era hijo del notario Ramón Fábregas Seguí, prior del Colegio de Escribanos públicos, y de M. Francesca Caputo Morera (hija a su vez de Francesc Caputo Sostras, notario, y de Teresa Morera), y tenía por hermanos: Antoni, Sebastiana y Vicenç Fàbregas Caputo.

Cuando se sucedieron los principales hechos políticos de la guerra de la Independencia, Fàbregas Caputo se declaró en desacuerdo con las autoridades locales, a las que consideró afrancesadas. Él y su padre impulsaron un recurso ante la Junta Superior el primer día de agosto de 1808, y encabezaron la fracasada insurrección que proclamó a Fernando VII.

Junto con el padre se presentó voluntario a las Milicias Urbanas creadas el 18 de junio de 1810. El prestigio cultural, la valentía y el espíritu de servicio que demostró, le hicieron ascender rápidamente a subteniente, el último día de aquél año, y a teniente ayudante el 6 de abril siguiente (1811). Se le confiaron diversos cometidos de responsabilidad, como auxiliar a las tropas regulares con batidas y vigilancias urbanas, la comunicación de mensajes de enlace o la organización de guerrillas.

Durante los dos meses de asedio napoleónico, Fàbregas Caputo y sus hombres tuvieron encomendada la defensa de Portalet. Entonces había ya ascendido de teniente a capitán graduado de las Milicias Urbanas.

El día del asalto final, aquél fatídico 28 de junio de 1811, las tropas del mariscal Suchet penetraron en la plaza por el baluarte de San Pablo y rápidamente se diseminaron por doquier dirigiéndose hacia la Rambla Vieja. Fàbregas defendió su puesto denodadamente, batiendo un buen número de atacantes, y cuando la situación se hizo insostenible, no dudó en replegarse y ordenar a sus hombres la lucha cuerpo a cuerpo, a la desesperada, una lucha que continuó por la plaza de la Fuente y por la bajada de Misericordia. A la altura de la calle Mayor, un soldado francés le cayó encima, pero Fàbregas lo mató con su sable, así como también abatió a otro enemigo que le atacaba por la espalda. En el llano de la catedral, recibió cinco heridas, las más graves en el pecho y la cabeza, hasta que fue reducido y capturado por los napoleónicos, que le condujeron al cuartel de Constantí.

Los franceses hicieron pocas excepciones con la orden de pasar por las armas a todos los defensores, y tan solo capturaron a los oficiales de alta graduación. Según una relación publicada por J.SALVAT Y BOVÉ, estos afortunados fueron únicamente 16 militares, de los cuales Fàbregas, residente en el Cós del Bou núm. 12, era uno de los principales mandos, solo por detrás del capitán primero Josep M. de Cadenas y del teniente coronel graduado Marià de Guardiola de Borràs.

 Una vez curado de las heridas, fue conducido a Francia y recluido en los castillos de Grijon, Saint François d’Ayxé, y en la ciudadela de Montpellier. De allí intentó una fuga, cosa por la cual fue trasladado al castillo de Jou, donde permaneció duramente encadenado por tiempo de cinco meses.

Finalmente, consiguió escapar, y volver a Tarragona. En 1817 fue nombrado notario causídico, continuando la tarea del padre en la escribanía pública del Real Colegio de la Ciudad; fue distinguido con la placa de fidelidad de las Milicias Urbanas. Cabe indicar que según apuntaba A.ALEGRET, y de acuerdo con la reproducción del dibujante Salvador Alarma Tastàs, el uniforme de las Milicias Urbanas de Tarragona consistía en una casaca corta en azul aturquesado; sobre el pecho una pasamanería semicircular en verde y en tiras pequeñas, con botonadura dorada; armilla blanca cerrada por la parte inferior y cuello alto donde figuraba un distintivo, delante de la papada; los hombros también eran alzados, con un ribete verde y el indicativo de graduación.

Políticamente, Joaquim Fàbregas destacó por su prestigio como defensor de la ciudad, y su lealtad a la Monarquía. Durante el Trienio Liberal fue comandante de la Milicia tarraconense.

En 1854, y durante unos pocos meses (entre agosto y octubre) fue designado alcalde de la ciudad por la Junta Revolucionaria formada a raíz del pronunciamiento del general O’Donnell y el levantamiento progresista, y puso en orden las resoluciones municipales más urgentes. Entre estas estuvo la de derribar las murallas y baluartes para abrir paso a la Rambla Nueva, iniciando las obras por el portal de San Juan. También destinó caudales a las zonas más afectadas del Casco Antiguo, limpieza de escombros y reconstrucción de todo lo destruido por la artillería francesa. Reorganizó la Milicia Nacional y estableció un cordón sanitario para salvaguardar la ciudad de la epidemia de cólera Joaquim Fàbregas Caputo falleció en Tarragona en el año 1857. Dejó escrita una Relación de oficiales de la Milicia Urbana durante el sitio.

Jordi Morant i Clanxet