Projecte Tarragona 1800: Presentación a los medios de comunicación (2ª Parte)


La puesta de largo de la Asociación Projecte Tarragona 1800, que tuvo lugar este pasado miércoles, ha cruzado fronteras.

La difusión mediante las redes sociales de Internet, así como la excelente difusión que nos hizo el diario La Vanguardia en sus ambas ediciones, castellano y catalán, acerca mucho más nuestro principal objetivo de convertir,  aún más, Tarragona, en un referente internacional en el mundo de la cultura de la Recreación y difusión histórica. Si todo se sucede según lo previsto, Tarragona se posicionará, muy pronto,  como una de las ciudades de referencia en el mundo del Re-enactment histórico, a nivel internacional.

Durante estos días hemos recibido numerosas felicitaciones de importantes asociaciones culturales de recreación histórica de nuestro país y de Europa, especialmente de Francia y Polonia, y que se han interesado en el proyecto.

Que esto suceda en un año en que Tarragona es Capital de la Cultura Catalana y donde las negras nubes de “crisis” no nos dejan salir de casa, es un símbolo inequívoco de la gran fortaleza que sus ciudadanos poseen.

A continuación os mostramos la reseña que hizo el periódico La Vanguardia, en su edición del jueves pasado.

Nace en Tarragona una asociación que recreará la vida de 1800

Pretende crear este año el Cuerpo de las Milicias Urbanas (1810) y el Regimiento de Voluntarios (1802) | Fusiles, sables y bayonetas inundarán las calles de la ciudad.

Dar a conocer cómo era la vida en la Tarragona de los siglos XVIII y XIX. Este es el objetivo principal con el que nace en la ciudad una nueva asociación cultural de recreación histórica. La entidad Tarragona 1800, sin ánimo de lucro, está convencida de que es necesario divulgar un periodo de la historia poco conocido a pesar de ser trascendental en el devenir de la ciudad. Una época que coincide con los reinados de Carlos IV y Fernando VII, teniendo como telón de fondo la Guerra del Francés y el Asedio de 1811.

El proyecto, que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento, recuperará los diversos aspectos de la sociedad civil, los oficios, la gastronomía, la industria, la economía o la cultura que predominaba en la Tarragona de 1800. En definitiva, y tal y como explica el presidente de la asociación, Elies Torres, “se pretende explicar cómo vivía la gente de la época, teniendo en cuenta que el hambre y las epidemias estaban siempre en la orden del día”.

Además, también difundirá los motivos de la invasión de la Península Ibérica por parte del ejército comandado por Napoleón Bonaparte y la trágica incidencia que tuvo en Tarragona y ciudades de su entorno como Valls, l’Arboç, Vila-seca, Alcover, Montblanc, Falset o Tortosa.

 

Primeros pasos

Aunque la iniciativa acaba de dar a luz, la entidad ya tiene claro cuáles van a ser sus primeros pasos que consistirán en dar vida, este mismo año, al Cuerpo de las Milicias Urbanas y al Regimiento de Voluntarios de Tarragona. Se trata de dos grupos de recreación histórica de la época de las guerras napoleónicas.

El primero, fue creado en el año 1810 por el Capitán General Don Enrique O’Donnell para defender la ciudad. Hacía las funciones de la policía local y en él se podían alistar todos los vecinos con dos años de residencia, comprendidos entre los dieciocho y los cuarenta, que quedaban exentos del servicio militar. Se trataba de crear un batallón compuesto por diez compañías de cien hombres.

El uniforme de las milicias consta de carcasa corta azul turquesa, sobre el pecho una pasamanería semicircular con botones dorados, armilla blanca y cuello alto. El Cuerpo  desapareció un año después de su creación, con la toma de la ciudad por los franceses después de 56 días de duro asedio.

El segundo grupo, el Regimiento de Voluntarios, jugó un papel militar muy importante en los combates contra Francia durante la Gran Guerra.  Sus uniformes estarán compuestos por casaca azul turquí, pantalón blanco abotonado a media pierna, polainas negras y bicornio negro con plumín verde.

A más largo plazo, la Asociación quiere crear también el grupo Tiradores de Tarragona. La voluntad es que esté formado por ciudadanos de todas las poblaciones del Antiguo Corregimiento de Tarragona. “No estará centrada en el ámbito militar, sino en la cotidianidad de todas las clases sociales”, ha matizado el secretario de la asociación, Paco Tovar.

 

Sin uniformes pero con compromiso

El éxito de la iniciativa llega hasta tal punto que, aunque todavía no tienen ni los trajes, los dos grupos de recreación ya están invitados a participar en los actos de la celebración del Bicentenario de la Constitución de Cádiz y de la fiesta anual de la Girona Napoleónica.

Además, la voluntad es que para el otoño que viene se puedan poner en marcha las Primeras Jornadas de Recreación Histórica Tarragona 1800.  Ya para el 2013 se espera poder conmemorar el bicentenario de la retirada de los franceses y el renacimiento de la ciudad. Y es que las consecuencias del asedio y el saqueo posterior fueron catastróficas. En 1813 Tarragona estaba en ruinas y casi deshabitada.

La Asociación cuenta, por el momento, con alrededor de cuarenta socios, que pagan 20 euros anuales. Son personas apasionadas del momento histórico que se pretende dar a conocer. La conmemoración el año pasado del bicentenario del asedio de Tarragona por las tropas francesas y el festival Tarraco Viva, han sido la fuente de inspiración para crear dicha asociación.

Felicidades a todos una vez más por vuestra osadía y por vuestra voluntad en hacer grande este proyecto de ciudad.

 

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Projecte Tarragona 1800: Presentación a los medios de comunicación

Este pasado miércoles, día 25 de abril, tuvo lugar la presentación oficial de la Asociación Projecte Tarragona 1800 a los medios de comunicación.

Un gran número de periodistas acreditados de prensa, radio y televisión fueron informados de cuáles son las principales actividades que quiere llevar a cabo la asociación y cuáles serán sus principales objetivos para este año.
Os hacemos llegar unas imágenes de los artículos publicados en la prensa escrita y en la prensa digital para que disfrute del momento tan esperado.

Desde estas líneas queremos agradecer, en primer lugar, a todas aquellas personas que hace ya nueve meses apostaron por este Proyecto y por sus objetivos, en segundo lugar a todas aquellas otras asociaciones, entidades y nuevos miembros del equipo, que en estos momentos estamos trabajando colza en colza, y por ultimo como no podía ser menos, agradecer a los medios de comunicación su difusión desinteresada. A todos gracias.

Diario Mes Tarragona

Diario de Tarragona

No nos queda más que animaros a seguir nuestra trayectoria, y por supuesto poder contar con vosotros para hacer grande el Projecte Tarragona 1800.



La Junta

 

Martí Franquès

Antonio Martí i Franquès nace en Altafulla e14 de junio de 1750, hijo de la familia de los Ardenya, de ahí que se le conociera también como Martí d’Ardenya, es un aristócrata tarraconense que supo hacerse un noble entre los científicos más reputados de su tiempo.

Estudiante en la Universidad de Cervera, su preocupación hacia las mejoras en la agricultura y la industria le hizo impulsar en sus dominios avances en la industria del algodón, la alfarería o el cultivo de olivos. Hombre ilustrado y de su tiempo, a rebufo de los aires modernizadores que soplaban impulsados por la Corona durante el reinado de Carlos III, fue el fundador en Tarragona de la Sociedad Económica de Amigos del País en 1786, año en el que también ingresó en la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona.

 

 

Interesado por los estudios del francés Lavoisier, entre 1788 y 1790 realiza los experimentos más importantes de su vida, consistentes en descubrir la cantidad de oxígeno que hay en el aire: cogiendo muestras de aire del Teatro de la Santa Cruz en Barcelona, sito en las Ramblas, publicó su obra Memoria sobre la cantidad de aire vital que se halla en el aire atmosférico y sobre varios métodos de conocerla. La importancia de sus investigaciones lo hará viajar a distintas capitales: lo encontramos en Madrid en 1795, en París y Londres en 1801 y en Berlín en 1805.

Partidario de las teorías del sueco Carl von Linneo sobre la sexualidad de las plantas (había dado a conocer la función de los estambres y pistilos en 1729), teorías que intentaron ser refutadas por otros científicos como el italiano Lazzaro Spallanzani, expone distintos cultivos a varios experimentos (cambios de orientación, forma de plantar las semillas para ver cómo evoluciona la planta, las somete a distintos grados de insolación,…) y confirma la teoría de Linneo en su estudio Experimentos y observaciones sobre los sexos y fecundación de las plantas, publicado en 1791, influyendo postivamente en el ilustre botánico británico Joseph Banks.

 

 

Su fama y su rigor harán que sea llamado por la Academia de Francia y colabore en los estudios para medir el Meridiano de París. Viajero incansable, ve sus obras publicadas en Amsterdam, Bruselas, Londres o París, desde 1798 instala su residencia en su palacio de la calle Santa Ana de Tarragona, donde tendrá no sólo su biblioteca personal sino también un buen laboratorio y una importante colección de minerales. Sus coetáneos le tendrán un gran respeto por su seria metodología así como por su rigor científico.

Su espíritu ilustrado no pudo menos que sentirse contrariado con la invasión de Napoleón y el estallido de la Guerra de la Independencia en 1808. Alistado en las Milicias Urbanas, en el asedio de Tarragona de 1811 su hijo, oficial de las mismas, murió estocando franceses en el Pla de la Seu y él vio como su casa era saqueada y su imponente colección y sus notas eran dispersadas y destruidas, de modo que desgraciadamente sólo han llegado hasta nosotros las notas de los años 1816 a 1826.

 

 

Terminada la guerra lo encontramos promoviendo la carretera entre Tarragona y Lérida, y en 1822 firma un manifiesto por la recuperación de la Universidad de Tarragona, a la vez que realiza un estudio pionero sobre la mejor fecundación de los algarrobos.

Morirá el 20 de agosto de 1832 mientras le leían los Annales de chimie et de physique.

 

Fdo: Paco Tovar

 

Pedro Virgili y Bellver: Cirujano Mayor de la Real Armada Española

Pedro Virgili y Bellver, considerado como el restaurador  i renovador de la cirugía en España en el siglo XVIII i precursor de la floreciente cirugía del siglo XIX., nació el 15 de febrero de 1699 en la población de Vilallonga del Campo (Tarragona). Diferentes autores y diferentes páginas electrónicas como mcn.biografias nos acercan a su importante figura.

Hijo de labradores, comenzó a practicar de barbero y a los catorce años pasó al Hospital de Tarragona como sangrador, donde permaneció un tiempo formándose. Con diecisiete años se fue a Montpellier para estudiar medicina, terminando la especialización  en cirugía con veinticuatro años.

En 1724 ingresó como cirujano en los Reales Ejércitos, cuando ingresó como militar en el Hospital Real de Tarragona; desde allí pasó al de Valencia como practicante mayor. En el Sitio de Gibraltar fue cirujano ayudante en el hospital que se creó en Algeciras, donde pronto ascendió a cirujano mayor. En esta ciudad conoció precisamente al cirujano Jean La Combe, llamado por Felipe V para elevar el nivel de los cirujanos de la Armada. La Combe estaba proyectando en esos momentos la creación de una escuela en el Real Hospital de la Armada de Cádiz, en la que, entre otras cosas, existiría la obligatoriedad de asistir a las demostraciones anatómicas. Virgili encontró tan sugestivo el proyecto, que decidió abandonar el Ejército para pasar a Cádiz a las órdenes del cirujano francés como ayudante de cirujano mayor de la Armada. Viajó de nuevo a París y por tres veces a América, lo que le sirvió para tomar contacto con los problemas reales de un cirujano en un navío.

Se le destinó a una Flota de Indias al mando del teniente general Rodrigo Torres con las que estuvo realizando viajes a Tierra Firme y Nueva España, así como a Cuba, comenzando en el año 1738 y permaneciendo hasta 1740. En el mismo año fue nombrado por Real Cédula Cirujano Mayor de la escuadra, perteneciente al Departamento Marítimo del Ferrol.

En el año 1743 pidió licencia para pasar a París a terminar de perfeccionar sus técnicas, de donde regresó en el año 1745, pasando a demostrar sus nuevos conocimientos y a defensar  la cirugía. Este mismo año, a petición suya, se ordena y obliga a los propietarios y capitanes de los bajeles de Carrera de Indias a llevar en sus viajes al menos un barbero-sangrador por buque.

Real Colegio de Cirugía de Cádiz

En el año 1747, elevó un memorial al rey D. Fernando VI, en el que le indicaba la falta de cirujanos en la Armada, causa por la que un gran porcentaje de muertes se producían por no poder ser atendidos los enfermos. El resultado de esta demanda fue que al año siguiente fundó el Real Colegio de Cirujanos de la Armada, en Cádiz, origen de los otros Colegios de Cirugía que se fueron creando por toda España a partir de ese momento.

Por Real Orden del día cuatro de enero de 1749 se le ascendió a Cirujano Mayor de la Real Armada.

Virgili llegó a ostentar incluso título de nobleza. Debido a su fama, fue llamado en 1758 a la Corte, al principio como médico de la reina Bárbara de Braganza y más tarde del propio Fernando VI. Aunque mantuvo su vinculación con el Colegio de Cádiz, del que continuó siendo director, su estancia en Madrid supuso una disminución de su actividad científica, agravada además por las polémicas con Vicente López surgidas con motivo de la enfermedad de la reina, y las ya antiguas con los protomédicos de la Armada, que querían monopolizar las instituciones profesionales de los cirujanos.

La llegada del nuevo monarca Carlos III fue también al principio negativa para Virgili, que fue jubilado como cirujano de cámara. No obstante, su inactividad fue corta, ya que ese mismo año (1760) proyectó la fundación de un nuevo colegio de cirugía en Barcelona y, pese a la oposición mantenida por la Universidad de Cervera, pudo llevar a feliz término el proyecto, con la ayuda del cirujano de cámara Pedro Perchet. En 1764 se inauguró el Real Colegio de Cirugía de Barcelona, ubicado junto al viejo hospital de la Santa Cruz y con las mismas características estructurales e idénticas actividades que el Colegio gaditano.

 

Real Colegio de Cirugía de Barcelona

Entre sus trabajos de más mérito, estuvo la “Memoria sobre la broncotomía” que en año de 1743, se publicó en París, por la Academia de Medicina y “Compendio del arte de partear” publicada en Barcelona en el año 1765.

Falleció después de una larga inhabilitación por causa de problemas graves reumáticos en la ciudad de Barcelona en 1777.

En 1780, Antonio Gimbernat y Mariano Ribas, discípulos de Virgíli en Cádiz, fundaron el Real Colegio de San Carlos en Madrid, donde también se formaban cirujanos civiles.

Virgili mantuvo vinculaciones muy estrechas con las más importantes figuras científicas del momento, como Antonio de Ulloa y Jorge Juan, y participó activamente en la Asamblea amistosa y literaria que este ultimo fundó en Cádiz. Fue cabeza y maestro de una importante escuela de cirujanos que contó entre sus filas nombres de la talla de Francisco Canivell, Diego de Velasco, Francisco Villaverde, Francisco Puig y, sobre todo, su más inmediato sucesor, en quien culminó la cirugía española del siglo XVIII: Antonio de Gimbernat.

En el año 1893 su retrato fue colgado en la Galería de Catalanes Ilustres del Ayuntamiento de Barcelona.

El hospital militar de Barcelona ha pasado a denominarse Parc Sanitari Pere Virgili, en honor suyo una vez ha dejado las actividades militares para dar paso a actividades civiles.

Lleva su nombre un premio de cirugía otorgado por el Ayuntamiento de Cádiz, la Real Academia Nacional de Medicina y la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz.


En Vilallonga del Campo i gestionado por el Centro de Estudios Doctor Pedro Virgili, está el Museo-Archivo que lleva su nombre y que fue inaugurado en el año 2000. El Museo acoge una exposición permanente dedicada a la cirugía del siglo XVIII y del que hablaremos con mayor extensión en otro artículo de nuestro bloc. 

Bonaventura Hernández Sanahuja (Tarragona 1810-1891)

Uno de los personajes más importantes dentro de la arqueología del siglo XIX, en nuestras comarcas, fue sin duda Bonaventura Hernández Sanahuja. Sirva esta breve biografía para recordar uno de los tarraconenses que nació en plena Guerra del Francés.

Nació en Tarragona el año 1810, en el número 30 de la calle Mercería, hijo de una familia de menestrales y comerciantes. Su padre traslada a Tarragona, desde Barcelona, su negocio de pasamanería.

Cursa humanidades en el Seminario de Tarragona y en la Lonja de Barcelona, estudia también en la Escuela de Dibujo de la plaza del Pallol.

El año 1844 se crea la Comisión Provincial de Monumentos con la finalidad primera de proteger el patrimonio y se funda la Sociedad Arqueológica Tarraconense con interés similar.

El año 1845 Bonaventura Hernández ingresa en la Sociedad Arqueológica y también fue nombrado socio de mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País.

El mes de marzo de 1850 tuvo lugar el encuentro del nombrado sepulcro egipcio, hecho que le llevó a difundir una serie de informes a academias españolas y europeas. Después de una importante polémica Hernández Sanahuja reconsidera su cronología y rectifica las opiniones iniciales.

El año 1851 fue nombrado responsable del Museo Arqueológico y más adelante, el año 1853, la Académia de la Historia, de la cual era miembro desde 1851, le designó Inspector de Antigüedades.

Su cargo y su valía como arqueólogo hicieron posible la salvación de muchos hallazgos, tanto en la Pedrera como en otros sectores. El arqueólogo Hernández veía en el método denominado estratigráfico utilizado por geólogos una forma efectiva de estudiarlos.

Los trabajos de restauración del acueducto de las Ferreres (1854 y 1856), hechos por encargo de la Comisión de Monumentos, le reportaron prestigio internacional.

El año 1870 participó activamente en las acciones llevadas a término por parte de la Comisión de Monumentos y la Sociedad Arqueológica para evitar la destrucción de la muralla romana de Tarragona.

De entre sus obras podemos destacar el Indicador arqueológico de Tarragona (1867), Tarragona en poder de los árabes (1882), Opúsculos históricos, arqueológicos y monumentales (1884), El Pretorio de Augusto en Tarragona (1888), Historia de la antigua ciudad de Tarragona (1891) y el Catálogo del Museo Arqueológico de Tarragona (1894).

Reus durante la Guerra del Francés (1808-1815) (1ª Parte)

 En la villa de Reus, el 8 de enero de 1808 se celebró en el Ayuntamiento una reunión extraordinaria, donde estuvieron presentes todos sus miembros, para tratar el tema de la financiación de las tropas establecidas en la ciudad. José de Bofarull puso de manifiesto un pliego donde se hablaba de la situación: “… se encontró Dentro de él un oficio del Muy Iltre. Sr. D. Francisco Requena Fecha de este propio día juntamente con una copia de Otro que le pasó bajo la misma Fecha D. Diego de Torres, teniente coronel de los escuadrones de Lusitania de cuartel en esta villa en que Pide por vía de préstamo Veinte mil reales de vellón… “. Esta cantidad de dinero serán devueltos después “de su cuerpo cobre las cartas de pago, que se le han Librado miedo el Señor Intendente que montan a trescientos sesenta mil reales de vellón y para el que sale hoy de Montblanch”.

Las primeras referencias de la entrada de los ejércitos franceses en la península llegaron a Reus con fecha de 10 de enero de 1808.

El 17 de abril, los franceses entraban en Tarragona, y en Reus se abanicaban las campanas “y se reunieron cuatrocientos hombres y luego comparecieron Mucha gente de los pueblos diferentes donde los armaron con fusilería, escopetas y otros con sables, Porque los señores se vieron comprometido de los pobres Porque querían dineros y armas”. De hecho, los exaltados se asustaron a medio de Tarragona, donde iban a atacar al enemigo, y volvieron cobrando diez reales cada uno a la llegada a Reus.

Los ánimos se volvieron a encender cuando surgió el rumor de que había que suministrar alimento a los franceses instalados en Tarragona, este hecho provocó el toque a rebato y el pueblo quería ir con los carros de las vituallas a matar a los franceses, que, ante la segunda derrota en el Bruc, el 14 de junio, se retiran y los exaltados volvieron a Reus donde fueron obsequiados con licor para calmar sus ánimos.

ías después, el doctor en leyes Joan Casas y Nogués dirigió un somatén que el 20 de octubre se integró en el cuerpo de migueletes. Un buen número de reusenses llevaban una cinta en el sombrero con el lema “Por Fernando séptimo vencer o morir”.

El 23 de abril, Josep Alonso de Valdés y Vives, notario real y público de Reus, así como también escribano secretario del Ayuntamiento, certifica que, debido a la exaltación popular producida por la subida al trono de Fernando VII durante los días 17, 18 y 19 del mismo mes, se produjeron disparos de mosquete y hubo música en la Iglesia Mayor, estos actos concentraron gran cantidad de gente.

El 6 de julio, Don Melchor Rovira, capitán del primero de voluntarios de Barcelona, había llegado a Reus huyendo de Fiona y fue nombrado comandante del segundo tercio de migueletes de los 400 que había levantados en la villa.

El 23 de julio se reciben noticias de la llegada a Tarragona del nuevo general “el Sr.. Marcas de Palacios, hombre de Mucho talento, y tan político como militar (…) conduce 3500 soldados, 50 cañones y 200 artilleros, procedentes de Mallorca y Menorca… “; el día anterior” salió Nuestra tropa con todo apoyo tren de artillería Hacia Barcelona con la mayor precipitación … “.

A finales de mes, a la salida del correo se asegura que “el general en jefe Duhesme ha sido Hecho prisionero, y conducido al castillo de Cardona. También se daba miedo cierta que el ejército francés que se había dirigidas contra Hostalric, se Halla muy apretada (…) Ayer, por orden del nuevo general marcas de Palacios se pasó oficio á los pueblos para que acudiesen á Tarragona con un gran número de mulos y bagajes, y hoy ha Salido todo el ejercito que estaba allí. Se cree vá en derechura á Barcelona “.

Para vocal de la Junta corregimental del gobierno, la villa escoger como vocal a Tomas Antonio Ortiz con fecha de 2 de septiembre, que en un manifiesto dijo: “Haber dado Reus jornal á más de 1.500 hombres empleándolos en la reparación de caminos. Enumera los acilos y auxilios prestada á ancianos, mujeres y niños. Haber humana á más de dos mil somatenes, con provisiones de guerra y boca, que habían transitada por la villa. Las sopas Públicas á los necesitados. Establecido un Servicio de espías para observar al enemigo. Haber auxiliado á los expatriados de Barcelona, y concluye proponiendo verificar una cuestaciones de Europa, Hila, & c. para los hospitales”.

Un día después, el secretario del Ayuntamiento, José Alonso de Valdés y Vives, contesta a la carta enviada el día anterior por Tomas Antonio Ortiz: “El Ayuntamiento y Junta de Gobierno de esta Villa, enterada del contenido de la proclama que antecede , miedo Acuerdo de este día, ha aprobada de Conformidad el pensamiento que en ella se propone, y en apoyo consecuencia ha Mandado se imprimaciones y publique, y se pase a ejecutar, nombrando a Ochoa eclesiásticos, seculares y regulares, é igual número de personas distinguidas para que desde el día cinco del corriente, pasan á Recoger de las casas de los Vecinos los artículos que en la misma proclama se expresan y para que dicho pensamiento produzca los mejores efectos, se pasan oficios al Reverendo Prior de esta Iglesia Parroquial y Prelados de las Comunidades Religiosas, á fin de que en el día de mañana en la Misa mayor después del Ofertorio, exhorten á los Vecinos á que contribuyan con mando franca á un objeto tan piadoso, y en el que todos deben tomar mayor interés “.

En respuesta a la llamada, la población reusense aportó el siguiente material: “514 sabanas finas y comunes, 40 medias sabanas, 31 varas de lienzo nuevo, 473 camisas finas, 8 Almohadas Llenas, con suspensión sobrefundas de lienzo fino, 392 fundas de almohadas, 20 manteles, 464 servilletas, removedores, 82 toallas, 1130 Ventas de varios tamaños, 12 capotas nuevos de bayetón, 1 dicho de indiana usadas, 1 cubierta de ídem, 2 mantas, 20 pañuelos, 27 pares de medias de hilo, 157 gorros, 35 pares de calzones de lienzo, 13 chalecos, 3 peinadores, 4 copias de hilo, 14 piezas de cintas de hilo, 10 cajones de Trapos de toda clase, una porción de ídem para cocina, 1 cajón de ilas “. Todo este material estaba dentro de 47 cajones y dos fardos. También se recogieron algunos dineros destinados a pagar el traslado del material a los hospitales del ejército.

Como respuesta a este envío de material, el 15 de septiembre, el Marqués del Palacio, dirigente del Cuartel General de Vilafranca escribió una carta a la ciudad: “Renueva á V. mis más expresiva gracias por el celo y patriotismo que ha manifestación en el acopiar gratuito de varios Efectos de urgentísima Necesidad para los Hospitales del Ejercito… “.

El 20 de septiembre se produjo en el empadronamiento de los hombres de la vil.la que tenían entre 16 y 40 años “de cuyo alistamiento resultó contener este pueblo 1441 casados, 612 mancebos, 30 viudos y 240 migueletes que a hallan actualmente en el Ejército”. Se contaron las armas que tenía la ciudad para poder reclutar a los hombres para ir a luchar, el resultado fue de 88 escopetas y 11 pistolas, además de unas 170 que tenían los migueletes que ya estaban sirviendo en el ejército.

El dos de octubre se encontraron en el convento de Las Carmelitas Descalzas, tras un registro, la cantidad de once cajas de cartuchos. Se presentó un “Alférez del Real Cuerpo de Artillería en el Convento de los P. Descalzos de esta villa con orden del Ilustre Señor Vicario general y Oficial de esa ciudad “que los inventarió y guardar en la ermita de Misericordia.

Un día después, el día 3, el Ayuntamiento recibió de Juan Smith la siguiente notificación: “Habiendo pasado a los Cuarteles de esa villa por disposición mía la parada de Caballería ligera de Cataluña que se hall en esta plaza, dispondrá Vm. de suministran a los individuos de ella las raciones de pan correspondientes y cogiendo los debidos recibos con las formalidades prevenidos para el abono competente por la Real Hacienda”.
En fecha del once de octubre, la Junta reusense recibe de manos del director interino del Real Hospital Militar de Vilafranca, Antonio Coris, presbiterio del Oratorio de San Felipe, una carta donde este da las gracias a la villa por los materiales adquiridos y reconociendo el “afecto al bien común de la Patria, y á la justa causa de Nuestro amado Rey Fernando Séptimo…”.

El 22 de octubre, los conductores de carros, que transportaban material para el ejército, se quejaban al Ayuntamiento por los problemas que sufrían por la llegada de conductores extranjeros, ya que ellos pagan las consecuencias. Los afectados también exponen que “los continuos Bagajes que deben afrontar en una época en que faltan de la presente villa treinta y cuatro carros de cuatro mulas cada uno, los siete que se hallan en el ejercito de Galicia, Veinte y tres que se llevaron los franceses en apoyo referida huida de Tarragona, y los dos que se quemaron cuando se voló el almacén de pólvora de Tarragona”. Por todo ello, reclaman la paga de los bagajes.

Bajo los rumores que se habían de suministrar alimentos a los franceses que se encontraron en los cuarteles en Tarragona se encendieron los ánimos y se tocó a rebato y el pueblo quiere ir con los carros de las vituallas a matar a los franceses que, ante la segunda derrota del Bruc, se retiran y los exaltados, vueltos a Reus, reciben abundantes cantidades de licor para apaciguar sus ánimos. Pocos días después, un franciscano volvió a exaltar los ánimos de la población y se levantó un somatén que salió a las órdenes del doctor en leyes Joan Casas y Nogués y que, con fecha del 20 de octubre, se integró en el cuerpo de migueletes.

Ante la gran utilización de ganado de transporte, el 16 de noviembre se hace un llamamiento a aquellos que tienen mulas y no hacen el servicio de transporte de material y mercancía para que trabajen igual que los demás. Cinco días después, ante la demanda diaria de carros para el transporte de material para el ejército y el no pago de dichos transportes del que dependen los carreteros y sus familias para sobrevivir, el Ayuntamiento propuso el aumento de precios de los carros que se vendan en la villa durante las actuales circunstancias “y no mas podría con Ello remediarse la Necesidad de Aquellos infeliz dándose de todo parte el Excmo. Señor Capitán General “.

Por otra parte, las estrechas órdenes en que se encontró la Junta por parte del Capitán General del Ejército el que reclamaba la no demora en el pago del primer tercio del catastro del año.
El 5 de diciembre de 1808, el Ayuntamiento se reunió para tratar una carta fechada el 30 de noviembre y enviada por el Capitán General donde se decía que “se providenció el apruebo de las quinientas sesenta y dos libras diez sueldos que pidio el Comisionado Don Juan Batlle subteniente del Parque de Artillería de Tarragona a los Efectos que se indican en el propio oficio”. Se entregó el recibo que quedó bajo manos de Don Jaime Maestro, subteniente del Real Cuerpo de Artillería.

Con fecha del 10 de diciembre, se propone como nuevo alcalde de villa a Don Baltasar Gil y como juez local al Dr. José de Gavaldà para el trienio 1809 y 1810. Ambos pasaron por los correspondientes despachos a finales de mes para tomar posesión de sus nuevos cargos.

El once de diciembre, Juan Smith se queja de la falta de carros para el suministro de las tropas y reclama al Ayuntamiento que haga una lista del destino de cada carro con el material que transporta.
Seis días después, el 17 de diciembre, se nombra a Jaume Mestre, depositario de los libros y otros papeles franceses en Tarragona que se han puesto en la casa consistorial. Jaume Mestre tendrá “los poderes y facultades necesarias” para poder llevar a cabo su tarea.

Ese mismo día, el general francés Saint-Cyr derrotaba a Llinás y Cardedeu a las tropas españolas, quedando al mismo tiempo el general Vives derrotado y desacreditado.

Fdo: Alfredo Redondo

 

El Fossar de los Jans: Un cementerio protestante en la Tarragona de 1800


Cada día descubrimos lugares nuevos dentro de nuestro territorio que si bien son conocidos por un pequeño número de personas, por la mayoría en son bien desconocidos. Aprovechamos este blog para dar a conocer este desconocido ya la hora vetado espacio de Tarragona.

Este emplazamiento funerario, aunque no está reconocido institucionalmente como lugar turístico, se tendría que dar a conocer, aunque no más fueran durante unos días al año. Ambrosio Domingo y Jordi Valls, entre otros autores que hablan de este espacio, nos hacen cinco céntimos.
Muchos tarraconenses conocemos fosos importantes, como el Fossar de les Moreres, en Barcelona, junto a Santa María del Mar, pero muchos menos sabemos del Fossar de los Jans, en nuestra ciudad, con entrada por el número 26 del paseo de Rafael Casanova, el paseo que prácticamente une la playa del Miracle con la playa de la Arrabassada. La verdad es que ambos fosos guardan una relación que se remonta al siglo XVIII. El Fossar de les Moreres se enterraron muchos de los defensores de Barcelona durante el asedio que sufrió la ciudad en 1714 cuando la Guerra de Sucesión Española.

En el Fossar de los Jans se creó a raíz de la estancia de tropas inglesas en la ciudad a partir del 1709. Hoy en día el suelo sigue siendo propiedad de la Corona Británica, ya que los terrenos se fueron cedidos a ésta a principios del siglo XVIII con motivo de la Guerra de Sucesión. En un inicio acogió las sepulturas de los soldados británicos, aliados con la Casa de Austria, que defendieron nuestra ciudad de las tropas francesas de Felipe V (soldados y marineros principalmente) y con los siglos fueron enterrados los súbditos extranjeros que Murió en Tarragona. Muy probablemente en el período que nos ocupa, más de uno debería de ser enterrado.
‘Jan’ es una palabra que en catalán significa ‘hombre común’. Debemos entender que en este contexto hombre común es aquel que no tiene un vínculo particular con la ciudad, que es extranjero en la ciudad, anónimo a sus habitantes, por decirlo así. En este sentido, yo daría por buena la caracterización que nos proporciona Adolfo Alegret en Tarragona a través del siglo XIX (Torres & Virgili impresores; Tarragona, 1924). Nos dice Alegret que el foso estaba destinado al entierro de “pilotos, marineros y otra gente extranjera, a quienes vulgarmente se llama en Tarragona Jans, o sea hombres de mar venidos de lejanas tierras y que viven fuera de la comunión católica” .

Algunos entienden ‘Jans’ como una manera de referirse exclusivamente a los extranjeros de origen anglosajón, y consideran tal vez que ‘Jan’ es una contracción de ‘Juan’ y que hace referencia a los ‘Johns’, los hombres comunes de origen británico. Personalmente no me parece acertada esta interpretación aunque, como enseguida veremos, los despojos enterrados en el cementerio son hasta donde sabemos de ciudadanos de origen británico.

Es significativa la precisión que nos hacía Alegret respecto de los medios: “que viven fuera de la comunión católica”. Por esta razón el cementerio se conoce también como cementerio protestante, aunque no todos los que están enterrados eran protestantes. Por ejemplo, Una Hodge, una ciudadana británica y vecina de Tarragona, fue enterrada en 1992 y era católica.

El cementerio se conoce también como cementerio británico porque la mayoría de las personas que fueron enterradas, entre las que los soldados británicos de la que hablaba al principio, tenían ese origen. De hecho, cabe decir que el terreno del cementerio es actualmente propiedad de Gran Bretaña y que, de hecho, se trata de uno de los cuatro cementerios más importantes de entre los cementerios británicos-unos veinte-que hay en el estado español.
Estos soldados, muertos por acciones bélicas o por enfermedad, serían enterrados primeramente en los glacis de las murallas de Tarragona, siendo trasladados posteriormente a una cantera cerca del puerto, si bien la ampliación de este del año 1808 hizo que tuvieran que volver a sacar y reubicar en el lugar actual. Aún así todavía consta en un documento de 1817 su ubicación en la cantera del Puerto.
El actual emplazamiento del Fossar de los Jans data de 1849 y consta que en 1850 el Ayuntamiento de Tarragona cedió el terreno a la Corona británica, después de que un año antes tuviera lugar lo que podríamos considerar primer entierro moderno en este lugar, aunque el terreno ya tenía funciones funerarias desde tiempo atrás. Desde entonces, en el cementerio han recibido sepultura varios ciudadanos británicos. El primero, el mismo año 1849, John Bridgman, que fue vicecónsul de Rusia y Portugal. La última, en 1992, Una Hodge, la vecina de nuestra ciudad a quien me he referido antes.
El estado de conservación del cementerio es, desde nuestro conocimiento, muy precario. Si leo la descripción que Alegret nos hace del lugar cuando, dibujando una aureola de misterio, nos dice que “es un lugar salvaje, silencioso: la voz retumba; el herbaje se humilla; los márgenes ennegrecen; todo respira tristeza, melancolía, ofreciendo un conjunto agrio como ningún otro hay en los alrededores de Tarragona “, mientras que en uno y otro lado del cementerio” el cuadro es muy distinto, verdaderamente panorámico, aunque se vea de refilón, tomando por puntos de vista las grietas que allí ofrece la configuración del terreno “, me cuesta representarme bien este contraste tan extraordinario. Hoy en día el cementerio está rodeado de construcciones modernas y pasa fácilmente desapercibido, a no ser que seamos un poco curiosos cuando pasamos paseando por delante.

El interior del cementerio no ha escapado durante tiempo al abandono, pero no a un abandono reposado, como el que presentan muchos cementerios, sino a un abandono torpe que le ha conducido a un estado ruinoso. Aunque hace unos años se saneó tal vez habría una rehabilitación completa.
En 2008 fue limpiado de hierbas cuando el interior de la cripta como el recinto por parte de marines británicos.
Se trata del cementerio protestante más antiguo de toda España y el cuarto en importancia de los 20 que se conservan en todo el Estado.
El edificio está considerado como Bien Cultural de Interés Local (BCIL).

En cualquier caso, esperamos que esta breve reseña sirva para que no caiga en el olvido.