Reus durante la Guerra del Francés (1809)

Con esta segunda parte dedicada a Reus durante la Guerra del Francés, trataremos de acercarnos un poco más a lo que sucedió en la ciudad ya su alrededor durante el año de 1809.
El 2 de febrero, el Superior y sacerdotes de la casa de la Congregación de la misión de Reus expusieron en una carta al monarca que “estando una casa por orden superior destinada para Hospital del Real Exercito, sin tener lugar comodo y decente en donde poder habitar ni sanos ni enfermos, suplicará a V.M., y solo por el tiempo que las tropas enfermas permaneceran en dicha casa o por el de su beneplacito, se digne a conceder la habitación de la Hermita de N. Señora de Misericordia sin pretender que V.M. haga gasto alguno, ni pierda el derecho que tiene la Sta. Hermita como ni nosotros á nuestra casa”.
El día 25 de febrero se produjo la batalla del Puente de Goi, cerca de Valls, donde el ejército español fue derrotado y el general Reding, a pesar de sus heridas, fue el último se retirarse. En la batalla, los reusenses, a las órdenes del comandante Cuadrados, llegaron tarde y mal armados, sin embargo, sufrieron algunas bajas. Las consecuencias de esta batalla fueron que la población reusense, asustada, huyó hacia la montaña unos y hacia Tarragona y Tortosa otros, aunque hubo gente que huyó a Puigcerver.
La primera entrada de tropas francesas en la villa bajo el mando del general francés Saint-Ciro se fecha el 26 de febrero. Para evitar represalias el pueblo reusense tuvo que pagar 20.000 duros y 20.000 raciones de postre, y los franceses, con la excusa de la construcción de un campamento, cortaron 20.000 olivos.
Desde aquel momento la ciudad fue considerada el lugar de descanso, tanto los españoles como los franceses, y los oficiales de los dos bandos ocupaban el mateixx alojamiento.
El 30 de mayo, se dirigió una carta a Don Melchor Rovira, teniente coronel de los Reales Ejércitos y Comandante del Primer Tercio de Voluntarios de Tarragona donde se le comunica la falta de presupuesto para vestir adecuadamente a las tropas de voluntarios que se estaban formando. La ropa que llevan los soldados es la que habían dado los aliados ingleses: “En el dia he podido lograr que se me haya entregado del vestuario que nuestros fieles aliados los ingleses han traiddo pero no constan mas que casacas, chalecos, calzones, y lienzo para camisas, siendo las tres primeras prendas, sin forro alguno…”.
En el mes de junio, concretamente el día 14, y en vista de la Real Orden del Real Palacio del Alcázar de Sevilla del 15 de mayo que establecía que todos los pueblos debían tener una Junta destinada a alojamientos y bagajes, se propuso a Don Jose Roselló, concejal, ya Don Ramon Batlle, prior síndico general con plenitud de poderes.La Junta debería estar formada por  “un Regidor, del Procurador del Común, y de un Eclesiástico el que eligiere el Cabildo, Comunidad ó pluralidad de Clérigos donde la hubiere, y donde no del mas condecorado de los que haya en el Pueblo”.
Si el reparto de equipamiento y alojamiento no se hacía correctamente establecía que “seran condenados los contraventores en la multa de cincuenta ducados por la primera vez, en la de ciento por la segunda, y en la de quinientos por la tercera, con aplicación por terceras partes al Real Fisco de penas de Cámara del expresado Consejo de Guerra, al perjudicado, y al delator, imponiendo ademas á los reos privacion de oficio en la ultima reincidencia”
El Ayuntamiento de Reus está de acuerdo en celebrar dos fiestas anuales “Nuestra Señora de Monserrate, y el San Narciso” per a conmemorar “el grande objeto de nuestra independencia”. Aquesta carta está redactada el 14 de juny i va dirigida a la “Muy Ilustre Junta Gobernativa de la Ciudad de Tarragona”.
El 15 de junio se recibió una circular del Sr.. Don Martin de Garay, miembro de la Junta Superior del Principado, que la Suprema Gobernativa del reino ha propone que “en todas las capitales y Pueblos de España se pague el tributo de dolor y reconocimiento que devemos á las ilustres victimas del dos de mayo de mil ochocientos ocho en Madrid, y á los que han perecido despues en nuestros Exercitos con su solemne aniversario en todas las parroquias y conventos”. El mismo día, se elige al concejal Pedro Pujades Benedicto como vocal de la Junta de bagajes.
El 19 de junio, se avisó por medio de un pregón, del solemne funeral que se celebraría al día siguiente en recuerdo de las víctimas del dos de mayo.
El 3 de julio, varios mercaderes entregaron “paños y bayetas” al Ayuntamiento en respuesta a la demanda del Señor Don Teodoro de Reding, general en jefe del ejército y principado, “para conducirlos en Tarragona” y utilizarlos en los enfermos. Se hizo el correspondiente recibo que demostraba la entrega del material.
El 10 de agosto, en la ermita de Misericordia se reunieron los miembros del Ayuntamiento (el alcalde, concejales y diputados) y Don Diego Padrón y Malet (cura párroco de la ermita) para tratar el tema de la establecimiento del cuartel general del segundo ejército bajo el mando del capitán Don Angel Warluzel Marfil y de Croix en la ciudad y “que miedo disposicion y orden del Excmo. Sr. Don Joaquín Blake Capitan en jefe de DICHO ejercito y de este Principado debía fijarse en este Pueblo “.
Todos los allotjamets estarán bajo la dirección, conocimiento y privativa del aposentador general del ejército, el capitán Dn Angel Warluzel Marfil y de Croix “bajo el que inteligencia deberá ser obedecido de todos sin distinción de persona en lo que respecta a alojamiento, y demás correspondiente a su empleo de Aposentador General á que Señor se devolverán las Bulletas luego que cualquier casa quede desocupada púas de lo contrario se le doblará el alojamiento, y para que nadie pueda alegar ignorancia demasiado publicar y fijar este pregón “.
El mismo día, a petición del capitán Dn Angel Warluzel, los cuatro alcaldes de barrio, junto con cuatro escribientes, salieron para conocer y saber “á punto fijo” de cuantos vecinos, inquilinos, “cuartos o aposentos, de quantas quadras y de quantos mulos, cavallos ó yeguas constaba cada casa de su Quartel…”.
Los miembros del ayuntamiento salieron todos hacia la ermita de Misericordia montados a caballo, donde una vez llegaron, bajaron del caballo donde esperaron noticias de la llegada de “su excelencia”. Cuando supieron que se avecinaba, fueron montar a caballo y se dirigieron “hasta la extremidad del termino hasta donde se halla colocada la meta o limite que la divide del territorio de Tarragona” fins que va arribar “su excelencia con acompañamiento de mucha oficialidad y tropa de caballeria”. Un cop presentats es varen dirigir a la casa del “Noble Sr. Don Policarpio de Bofarull destinada al afecto para la habitacion de su Exa”. Alli se le ofreció un refresco, pero que no vio “miedo hallarse algo indispuesto”, pero dar más a su comitiva para que lo hacer.
Una vez terminada la recepción en casa de Policarpo de Bofarull se dirigieron a “la Casa del Comun de esta villa travesando por medio de un infinito número de gentío que se vehículo de toda clases y ESTADOS miedo Todas partes, demostrando el mayor júbilo y satisfacción por la venideras de apoyo Exa “. La llegada también se verificó con “toque de campana y con repique de ellas”. Cuando llegaron a la plaza del Mercadal “se oyo un coro de Música en los balcones de la Casa Capitular”. Al sentarse el general se produjo “un completo disparo de mosquetes que estaba allí prevenido para el recibimiento de DICHO apoyo excelencia”. Una vez dentro del Ayuntamiento se sirvió bebida al general ya sus oficiales y acompañantes.
El 6 de octubre, se pide al comisario de guerra destinado a la villa para proveer de paja y otros artículos a la tropa que se encuentra en la ciudad. También se acuerda que en “en la mayor brevedad se presenten en esta ciudad dos individuos de ese cuerpo político para tratar las causas nefastas que supondria no hacer este servicio al Rey”.
En fecha del 27 de octubre se comunica a varios señores del ayuntamiento para poner en práctica la exarció y cobro del derecho de la villa y contribución voluntaria y se nombra tesorero por las partidas que satisfagan en razón de las obras de fortificaciónde Tarragona a Don Joaquín Blake.

Alfredo Redondo

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