La defensa del Fuerte de la Oliva. Mayo de 1811 (1 ª. Parte)

Este mes de mayo celebramos nuevamente la toma del Fuerte de la Oliva y nos preparamos de lleno para celebrar nuevamente la conmemoración del Sitio de Tarragona de 1811.

Francisco Murillo, uno de los más prolíferos estudiosos de la época napoleónica en nuestras comarcas y uno de los más fieles colaboradores de nuestro proyecto, en el especial n. 19 de la Revista A Carn! nos hace un detallado estudio de la defensa del Fuerte de la Oliva.

Creemos que se digna de ser conocido y de darle la máxima difusión en todo el país. Como el artículo es relativamente largo lo iremos dosificando a lo largo de unos pocos meses.
Esperamos que os guste.

Cuando el director de A Carn! me dio la idea de colaborar en un número especial con un artículo centrado en la toma del fuerte de la Oliva, empecé a repasar todas las fuentes que podían dar información. Quería hacer un buen trabajo, que diera una visión real de lo que era el fuerte de la Oliva y de lo que pasó durante el asedio, ya que no había encontrado ningún estudio que lo tratara con un poco de profundidad, y los que se  lo acercaban básicamente se dedicaban a repetir lo que decían historiadores del siglo XIX o los primeros años del siglo XX. Persistían errores y malentendidos importantes, que he podido aclarar con el estudio del terreno (el fuerte aún se conserva parcialmente, y se pueden reconocer buena parte de los escenarios del asalto, como el abismo, el paso del acueducto, el lugar donde se levantaba cada una de las dos puertas, …) y sobre todo con la documentación inédita procedente de los archivos militares franceses y españoles. Incluso he detectado un error en la descripción de uno de los momentos del asalto que hace Suchet en sus memorias, al no encajar nada con la documentación generada por él mismo y su estado mayor durante el asedio, ni con las descripciones que hicieron otros protagonistas del asalto al fuerte como es el caso de Vacani y de Lissoni (este último no tomó parte, pero en fue testigo presencial). También he incluido el análisis de las fuerzas que constituían la guarnición del fuerte a lo largo del sitio, así como el de las fuerzas napoleónicas que se enfrentaron con ellas, y como no, un intento de aproximación a las bajas reales de cada bando. Tampoco he dejado de exponer y analizar las versiones sobre la caída de la Oliva que lo atribuían a una traición, las cuales tuvieron, y aún tienen, un peso importante en la visión que mantiene la memoria colectiva sobre este hecho histórico.

No ha sido menos importante el trabajo de campo efectuado. Gracias a la ayuda del Sr. Pedro Manuel Llorens, he podido ir detectando los rincones que aún se conservan de la fortificación de la Oliva. Llorens lleva tiempo reivindicando los restos del fuerte, y últimamente se ha dedicado a limpieza de algún fragmento de manera desinteresada, sacando en ellos la herbam y los escombros que se había acumulado encima. Ha hecho un gran trabajo a lo largo de buena parte de la escarpa del medio baluarte derecho, que ha permitido dejar a la vista el coronamiento de aproximadamente la mitad de ésta, que incluye uno de los redientes del medio baluarte y el ángulo que había en la parte central de la escarpa del mencionado medio baluarte. Aunque no parece que se conserve mucha cosa, hay que agradecer que el foso de este tramo del fuerte se encuentra entero pero completamente enterrado, ya que se corresponde con el espacio que hoy ocupa el camino asfaltado. Por tanto, ahora sólo hay a la vista el coronamiento de la escarpa, y ésta se encuentra encera debajo del nivel del camino. La verdad es que se conserva buena parte del fuerte y que hay zonas como esta que se podrían recuperar, y así conseguiríamos otro tramo del muro frontal del fuerte y de su foso completamente entero.


Bueno, he querido hacer un trabajo que aporte mucho material inédito, un material que por razones de espacio no podía incluir en el libro que estoy terminando sobre el asedio de Tarragona de1811, becado en la XIIa edición del premio Josep Gramunt i Subiela (Ayuntamiento de Tarragona) y que deseaba que saliera a la luz para poder aclarar qué ocurrió realmente en el fuerte de la Oliva.

El fuerte de la Oliva: orígenes, construcción y el estado que presentaba cuando comenzó el asedio.


Ubicación
La montaña de la Oliva se levanta entre el núcleo urbano de Tarragona y el barrio de San Pedro y San Pablo. A los pies tiene el antiguo camino de Valls, la actual carretera de Tarragona en Bràfim (la TP-2031) y el cementerio. Buena parte de la cima de la Oliva se encuentra actualmente edificado, ya que se han levantados chalets desde las primeras décadas del siglo XX. Este cerro de una altura similar a la que presenta la parte alta de la ciudad, forma parte de la serie de elevaciones que, en el siglo XIX, enmarcaban la ciudad de Tarragona por su lado Norte y Este.


A principios del siglo XIX, la Oliva era una colina con un suelo pobre, en el que a menudo la roca afloraba a la superficie, y donde tan sólo se encontraban algunas pocas tierras de cultivo y el acueducto del Gaià que atravesaba el cima, para luego bajar al valle y llegar a la parte alta de Tarragona, situada a unos 800 metros de distancia de la montaña. Un ejército asediando que ocupara este cerro podía dominar dicha valle con su artillería, la cual tendría a su alcance todo el conjunto de fortificaciones del frente Norte de Tarragona y la misma ciudad. Por otro lado, la construcción de fortificaciones arriba de su cumbre por parte de los defensores de la ciudad, impediría que el ejército asediando se pudiera acercar con facilidad a los pies de los muros de Tarragona. La posición estratégica que representaba la montaña de la Oliva, acabó convirtiéndose ese espacio en uno de los escenarios más destacados de los combates del asedio de Tarragona del 1811.

Primeras obras

Los orígenes de la construcción de un fuerte en este lugar y en esta centuria, hay que buscarlos en los primeros días de enero de 1809, cuando, tras la batalla de Molins de Rei (21 de diciembre de 1808) el VII cuerpo de ejército francés ocupó el Penedés, a las puertas de Tarragona y de las comarcas del Camp. Ante la amenaza que representaba el posible avance de este ejército napoleónico, se iniciaron a toda prisa trabajos de fortificación y el establecimiento de baterías para mejorar las defensas de la ciudad y de su puerto.

En este contexto, el 17 de enero, el coronel de ingenieros Juan Antonio Casanova escribía al capitán general Teodoro Reding para informarle y dar su opinión sobre las obras de fortificación que se estaban haciendo y las actuaciones que consideraba prioritarias para proteger la plaza. En este sentido, Casanova defendía el planteamiento de proteger toda la línea de colinas que desde la montaña de la Oliva, siguiendo por Loreto y los Ermitaños, llegaba hasta la carretera de Barcelona, con la construcción de fortificaciones de campaña (protegidas por parte de las tropas que había en Tarragona), que impidieran a las tropas napoleónicas desplegadas en el Penedés acercarse a la ciudad por la carretera de Barcelona o bien desde el Catllar o Els Pallaresos, ya que estos podían ser los caminos por los que accederían. En aquellas fechas ya se estaba trabajando en la fortificación del Loreto y de los Ermitaños, pero fue Casanova quien amplió esta línea hasta la Oliva, con la propuesta de fortificar aquel cerro, ya que era absolutamente necesario para proteger los fuertes del Loreto y los Ermitaños, demasiado avanzados respecto a la plaza, y con el riesgo de quedar incomunicados con esta si los napoleónicos venían desde El Catllar o Els Pallaresos y se establecían en la montaña de la Oliva.
La propuesta de Casanova fue aprobada, aunque la construcción de un fuerte en la Oliva no se llevó a cabo inmediatamente. La falta de recursos de todo tipo para hacer frente a la gran cantidad de obras necesarias para rehacer las fortificaciones o para levantar otras nuevas, no permitió que se trabajara en la construcción de un fuerte de carácter permanente en la Oliva en los primeros meses del 1809. Con todo, los trabajos de construcción de este fuerte debían iniciaron ese mismo año, llevados a cabo con intermitencia. Así encontramos que en marzo de 1810 se retomaban estos trabajos, y continuaban con mayor o menor intensidad a lo largo de los meses siguientes.


El 16 de agosto de 1810, en la relación de los trabajos que tenían que hacer en las fortificaciones tarraconenses, que elaboró
el coronel de ingenieros Ramón Folguera, se informaba que las últimas obras que se estaban ultimando el Oliva habían aumentado bastante la resistencia de este fuerte. Pero hay que decir que en aquellas fechas, las defensas que se habían levantado sólo correspondían a una parte del fuerte que se acabaría construyendo. De hecho, Folguera exponía que el fuerte que se estaba haciendo sería de gran utilidad para apoyar un cuerpo de tropas que estuviera acampado detrás de este, en cambio, la distancia que le separaba de la plaza hacía difícil la protección y la comunicación desde la misma. Para mejorar el acceso desde Tarragona, aconsejaba que se limpiara de obstáculos el terreno que había entre la plaza y la Oliva, y que a lo largo de estos 800 metros se establecieran algunas posiciones de reducidas dimensiones, para piquetes de tropa que en protegieran la comunicación. Folguera era bien consciente de la importancia estratégica de la montaña de la Oliva, la cual, consideraba que había que defender y conservar el máximo tiempo posible, ya que esta altura “es la más favorable al enemigo miedo apoyo proporcionada distancia y terreno que cubre y protege, de forma que facilita todas sus operaciones”.

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