Los últimos dias del Asedio de Tarragona de 1811 (2a. Parte)


7 DE JUNIO

Anoche fue atacado el fuerte de Orleáns con gran empeño y vocerío. La serenidad con que se portaron sus defensores, contuvo la temeridad de los enemigos que fueron arrojados con mucha pérdida, y puestos en precipitada fuga hasta su línea. Al amanecer de hoy rompieron su fuego contra nuestros fuertes, y especialmente contra Francolí, que quedó destruido enteramente por el fuego de 7 baterías; pero su guarnición se mantuvo firme hasta que su comandante el coronel D. Antonio Roten, viendo la imposibilidad de subsistir en el fuerte por estar desmontadas todas sus piezas, arruinados los merlones, y por la pérdida que experimentaba, determinó a las 7 de la tarde retirarse con arreglo a sus instrucciones, después de haber salvado parte de la artillería, destruido la restante, y retirado y conducido a la línea las municiones y demás enseres en medio del más vivo fuego. La pérdida del enemigo fue grande; la nuestra fue de 26 muertos y 113 heridos, entre ellos 2 oficiales. Se señaló D. Vicente Arroyada, distinguido del regimiento de Granada, que mató a uno de los enemigos, recogió su fusil, y fue el primero a asaltar un parapeto que se les obligó a abandonar.

(La Gaceta, 1811)

 Al amanecer del 7, empezaron a batir en brecha este punto, con 7 piezas de a 24, colocadas en cinco baterías. La disposición de todas las que contra los fuertes y plaza se dirigían, era la siguiente: Olivo; parapetos a retaguardia del mismo; falda de su montaña; espacio entre ella y la del Loreto; barranco a la derecha del primer punto; reducto del punte del Francolí, y derecha e izquierda del camino de Reus. El fuego duró todo el día con la mayor actividad contra el Francolí, la línea, caserío del puerto y la ciudad. La metralla del fuerte y las bombas y granadas de la plaza no consiguieron, a pesar del destrozo que causaron en el enemigo, apagar sus fuegos de bala rasa y hueca. Los españoles se mantuvieron firmes en sus puestos en medio del más horroroso cañoneo, hasta que viendo el general del cantón el mal estado del fuerte, previno a Sarsfield que obrase según las circunstancias, y este hizo igual prevención al coronel Roten que mandaba en el punto combatido. Vista por este jefe, a las diez de la mañana, la imposibilidad de prolongar la resistencia , por estar casi todas las obras desmontadas, destruido el revestimiento de tan débil obra, arruinados los merlones de las baterías y ser grande la perdida de hombres, determinó aguardar a retirarse a las siete de la tarde, como lo verificó después de haber salvado parte de la artillería, destruida la restante, y retirado y conducido a la línea las municiones y demás efectos, arrostrando la granizada de balas que los enemigos le dirigieron.

Al mismo tiempo hacían prodigios de valor por el lado de Torredembarra las guerrillas de la división Courten, a las órdenes del bizarro teniente D. Juan Abella, señalándose en saltar el primero un parapeto enemigo el distinguido de su cuerpo D. Vicente Arroyada.

Sin medir pues asalto, ocuparon los sitiadores el fuerte de Francolí, como a las nueve de la noche, a la media hora de ser volado por los españoles. Al propio instante atacó una columna con estrepitosa gritería el rastrillo de la izquierda de la luneta del Príncipe, donde su comandante el teniente coronel Subirachs, tenia colocada una compañía, que mandaba el capitán Gonzalez Trigueros; por lo cual fue aquella recibida con entereza. Una buena partida de enemigos se introducía ya por el foso, teniendo la osadía de subir por la cortina y merlones del fuerte hasta dar con las bayonetas españolas que les contuvieron. Siguió la porfía de los acometedores hasta media noche en que fueron definitivamente escarmentados.

(Blanch, 1863)

 A pesar de todo, al amanecer del día 7, rompió el fuego la artillería francesa con 25 piezas, distribuidas en 5 baterías, contra el fuerte de Francolí, sufriendo todas muchísimo, especialmente la de brecha n.9, por el fuego de la plaza y de los cañones, colocados en la extremidad del muelle. A las seis de la tarde, estaban sin embargo, practicables las brechas del fuerte y de la cortina comunicación, y Suchet dispuso el asalto.

Los españoles habían hecho más de  8000 disparos desde todas las baterías del frente atacado, causando muchísimas bajas al enemigo, a pesar de estar abrigado en sus trincheras; pero vista la imposibilidad de mantenerse en el fuerte y de prolongar la resistencia, estando casi todas las 7 piezas que quedaban desmontadas, destruidos los revestimientos, ya por sí en extremo débiles, y con gran perdida de hombres, el Gobernador, que lo era el Coronel Roten, del regimiento de Almansa, por orden de sus jefes, se retiró a la plaza a las siete de la tarde, después de evacuar gran parte de la artillería y las municiones, destruyendo lo restante. De 29 artilleros que servían las piezas, perecieron 24 quedando herido del teniente D. Juan Barbaza, que los mandaba, y que abandonó el último aquel puesto, con el sargento 2º Miranda, de quien se hacen también grandes elogios.

A las diez de la noche avanzó el enemigo en tres columnas, y sin resistencia se apoderó del fuerte ya abandonado por sus defensores, intentando enseguida una sorpresa contra el rastrillo de la luneta del Príncipe, defendida por el Capitán González Triguera, que les rechazó con perdidas considerables, después de una lucha encarnizada sostenida bravamente por los valientes del regimiento de Almansa que guarnecían esta obra, así como el fuerte perdido del Francolí.

En cuanto fueron los franceses dueños de aquel punto, volvieron con gran diligencia los parapetos contra la plaza, y establecieron comunicaciones a retaguardia bajo la dirección del Coronel de Ingenieros Henri que llevó a  cabo la operación con gran pericia, a pesar del horroroso fuego que se hacia a los trabajadores, y de ser considerables las pérdidas sufridas. Dentro del fuerte encontró el enemigo dos cañones de a 12 inutilizados.

(Salas, 1882)

 El día 7, al amanecer, rompieron fuego con todas sus baterías disponibles – 25 piezas a la vez_ contra el fuerte del Francolí, viéndose en él, a las siete de la tarde una gran brecha perfectamente practicable. La artillería de este fuerte consistía en siete piezas de distinto calibre, mandadas por el teniente Juan Barbaza, el sargento segundo Miranda y 28 artilleros. Hizo grandes estragos en la batería IX, encargada de abrir brecha, pero por la tarde todas las piezas estaban desmontadas y sus sirvientes muertos o heridos. La situación se complicó con la voladura del repuesto de pólvora, que aumentó las bajas, produciendo una herida a Barbaza, quien no obstante, siguió dirigiendo el fuego con imperturbable valor. A las siete de la tarde, el general Contreras ordenó la evacuación del fuerte, cuya guarnición se llevó la poca artillería útil que aún quedaba.

A las diez de la noche los franceses avanzaron en tres columnas, y sin resistencia se apoderaron del fuerte, abandonado por sus defensores tres horas antes. Tan sólo encontraron un mortero de a 12 y dos culebrinas de igual calibre, inutilizadas.

Inmediatamente se dirigieron contra la luneta del Príncipe intentando tomarlo por sorpresa, más la fortuna no les acompañó, siendo rechazados por la guarnición, con bastantes bajas.

La toma del fuerte del Francolí ofreció, sin embargo, a los sitiadores la inmensa ventaja de inutilizar por completo el puerto, impidiendo la estancia en él de los barcos de guerra y de las cañoneras, que tan buenos servicios habían prestado hasta entonces. Todas las fuerzas navales tuvieron que trasladar sus fondeaderos al otro lado de la punta del Milagro, lejano del frente de ataque y libre de los fuegos de la artillería francesa.

(Recasens, 1965)



8 DE JUNIO

Anoche a las 8 y media abandonamos el fuerte del Francolí que estaba ya sin fuegos e inútil, y a las 9 lo ocuparon los enemigos. Estos a continuación intentaron asaltar la luneta del Príncipe, pero fueron recibidos con serenidad por las tropas que la defendían a cargo del teniente coronel D. Miguel Subirachs, y finalmente rechazados después de 3 horas de combate, dejando muchas armas y cadáveres, entre estos el de un oficial de graduación.
(La Gaceta, 1811)

En los días 8, 9, 10 y 11 continuóse por los franceses la segunda paralela, de noche a la zapa volante, y de día a la zapa llena, en una extensión de 600 metros hasta la comunicación con el fuerte de Francolí, que quedó 100 metros a retaguardia, estando el centro de la trinchera a 80 metros del baluarte de Orleáns, y su derecha a 100 metros de la luneta del Príncipe. También se construyó otra comunicación entre las paralelas y se abrió un nuevo ramal a retaguardia de la primera. La artillería empezó en la gola del fuerte tomado, la batería n.14 de seis piezas de 24, destinada a cerrar enteramente el puerto, y añadió otro cañón a la batería n.9 y dos morteros a la n.13, que comenzó a arrojar bombas sobre el baluarte de San Pablo.
(Salas, 1882)

A partir del 7 de junio siguieron los franceses construyendo la segunda paralela, de noche a la zapa volante y de día a la zapa llena. Dejaron el fuerte del Francolí 100 metros a su retaguardia, mientras la luneta del Príncipe quedaba a otros tantos a su frente. Ochenta metros separaban el centro de la trinchera del baluarte de Orleáns, debiendo terminar la línea atrincherada por su izquierda, muy cerca del reducto que era final de la primera paralela.

La artillería, por su parte, siguió levantando baterías, armándolas para atacar distintos puntos del recinto de la ciudad baja:
En la gola del fuerte del Francolí montó 6 piezas de a 24 para aplicarlas en cerrar el puerto a las naves amigas de la plaza (Batería XIV). Aguas arriba del río, en su margen izquierda, promediando la distancia entre el mar y el primer puente, estableció otra batería de cuatro obuses para batir el interior de la ciudad baja (Batería XV).

Delante de la batería XV, muy próxima a la segunda paralela, otra batería formidable, la XVI, artillada con 7 cañones de a 24, tres de a 16 y dos morteros, daba de frente a la luneta del Príncipe y a la media luna del Rey.
Así pegada a la segunda paralela, la batería XVII, artillada con ocho cañones de a 24, estaba destinada a abrir brecha en la cara y flanco izquierdo del baluarte de Orleáns. Como la anterior, casi pegada también a la segunda paralela aunque algo más al norte, la batería XVIII, constituida por tres cañones de a 16, tenia que utilizarse para batir de rebote la cara izquierda de la media luna del Rey y el flanco y cara derecha del fuerte de San Carlos.

Una última batería, la XIX, con tres piezas de a 24, situada al principio del tercio final de la segunda paralela y adelantada respecto a ella, batía la cara izquierda del baluarte de Orleáns y, de revés, la batería de San José, próxima al mar.
En total se trataba de cinco baterías con 28 piezas, todas de grueso calibre. Además, los franceses añadieron un nuevo cañón a la antigua batería de brecha levantada contre el fuerte del Francolí, y dos morteros en la establecida en el reducto final de la primera paralela.

En la construcción de todas estas baterías trabajaron hasta el día 12, y en su artillado hasta el 16, incomodados por frecuentes incursiones de fuerzas de la plaza que les causaban destrozos y bajas entre los trabajadores.
(Recasens, 1965)

9 y 10 DE JUNIO
No hay información

11 DE JUNIO

En la noche del 11 se empezaron tres ramales, desde la segunda paralela hacia el baluarte de Orleáns, la media luna del Rey, y la luneta del Príncipe. El general de artillería Vallée, ordenó la construcción de otras cinco baterías para contrarrestar a las de la plaza, que no cesaban en su bien dirigido fuego: la nº15, con cuatro obuses destinados a enfilar el gran frente comprendido entre el fuerte Real y la ciudad alta; la nº16, armada con siete piezas de 24, tres de 16 y dos morteros, debía batir la cara izquierda de la luneta del Príncipe, y contrabatir la media luna del Rey la nº17, con ocho piezas de 24, se proponía abrir brecha en la cara izquierda y el flanco del baluarte de Orleáns, en la cortina de detrás y en el baluarte de la derecha del fuerte Real; la nº18, podía con sus tres piezas de 16, batir de rebote la cara izquierda de la media luna del Rey, y la cara derecha, así como el flanco derecho del baluarte de San Carlos; la nº19, con tres piezas de 24, enfilaba la cara izquierda del baluarte de Orleáns, y cogía de revés la batería de San José, delante de la cortina de San Carlos.
(Salas, 1882)

12 DE JUNIO

Adelantaron los franceses por el centro la segunda paralela, arrimándose a 35 toesas del ángulo saliente del camino cubierto del Baluarte de Orleáns. El cansancio en los trabajos enemigos había sido extraordinario. Así hubo de juzgarlo Contreras cuando envió tan a tiempo la noche del 12, unos 300 granaderos mandados por el capitán Villamil, que cayendo con el mayor silencio e  improvisadamente sobre la primera y segunda zanja de los enemigos a quienes el sueño y la fatiga acababa de rendir, los pasaron todos a cuchillo. Sarsfield con otros 300 verificó al mismo tiempo por su lado una salida sobre los trabajos del sitiador, llevándolo todo a sangre y fuego. Soldados y paisanos, hombres y mujeres se distinguieron notablemente aquella sangrienta noche.
(Blanch, 1863)
Los días 12, 13, 14 y 15 se avanzaron los ramales contra los puntos amenazados, haciéndose todos estos trabajos con gran inteligencia, serenidad y arrojo, a pesar del terrible fuego de la plaza, que disparaba constantemente en todas las direcciones, apoyando a los tiradores, que también molestaban mucho a los franceses, quienes tuvieron muchísimas bajas, entre ellos varios distinguidos jefes y oficiales de ingenieros y artillería.

Efectuó la guarnición en aquellos días algunas salidas de la plaza, intentando el general Courten dos o tres ataques por el camino de Barcelona contra la división italiana, aunque siempre hubo de retirarse con pérdidas; verificándose asimismo otras varias por el frente atacado, sin más fruto que retardar algún tanto los trabajos del sitiador, sobre todo, una que fue dirigida por el mismo Sarsfield, al frente de 3000 hombres. En todos estos combates no fueron pequeñas las pérdidas sufridas por los españoles, pues ambos contendientes se batían con un arrojo y encarnizamiento inauditos; refiriendo un testigo ocular, que al irse a relevar el puesto de una contraguardia de la luneta del Rey, se encontraron todos sus defensores muertos en el parapeto sin haber intentado siquiera retirarse.
(Salas, 1882)

Parte militar del Cáp. D.José Villamil


“Al comandante general de este Cantón.- Acaban de efectuarse las ordenes de VS. para que se atacasen las zanjas de los enemigos al frente de la luneta del Rey, con los granaderos del 3º y 4º batallones de este ejercito que como capitán más antiguo tuve el honor de mandar estos verdaderos soldados y se ejecutó en los términos siguientes. A las dos de la noche del día de hoy formé en batalla los dos batallones compuestos ambos de 300 hombres, fuera del glacís y enseguida emprendimos la marcha hasta la primera zanja a la que saltaron desde el primer capitán hasta el último soldado, matando a la bayoneta cuantos enemigos tenían la osadía de esperarnos. Seguimos a la segunda y se ejecutó lo mismo, corriéndonos a la derecha hasta los extremos de ella, según las ordenes que tenía. Al mismo tiempo tuve aviso de que los enemigos nos cargaban, lo que observado por mi y los fuegos que empezamos a sufrir por retaguardia, dispuse mi retirada, ejecutándola con todo orden a la poterna de la cortina Real, por el foso de la Noria según se me había prevenido. Los enemigos han tenido una pérdida considerable, entre ellos un capitán y un subalterno; se les ha hecho un prisionero, cogido diferentes mochilas, fusiles, morriones y otras prendas de vestuario.
Nuestra pérdida consiste en 6 heridos y un muerto del 3er batallón y el capitán D. Manuel Reyna, de las bayonetas de nuestros granaderos; el capitán D. José Quirós y 5 soldados heridos, con 3 muertos del 4º.
Tarragona, 12 de junio de 1811
(Alegret ,1911)

13 DE JUNIO

El capitán D. José Villamil hizo anoche una salida con 300 granaderos, entró en la primera y segunda zanja de los enemigos, pasó a cuchillo a cuantos no huyeron, incluso 2 oficiales, y se volvió a la plaza, trayéndose un prisionero y varios efectos, sin más pérdida que 4 soldados muertos, y 2 oficiales y 11 soldados heridos.- Esta mañana avistamos el convoy que conduce la división del ejercito de Valencia que viene a nuestro socorro; han saltado en tierra algunas tropas y se han embarcado otras.
(La Gaceta, 1811)

14 DE JUNIO

El 14 arribó a la playa del Milagro una escuadra inglesa de dos navíos, cuatro fragatas, cuatro bricks y treinta barcos de transporte, conduciendo una división valenciana de 4000 hombres, al mando del general Miranda, y además, un refuerzo de 400 soldados sin armas, que desembarcaron en la plaza, continuando los demás para Villanueva, incorporándose el 16 en Igualada a Campoverde, quien reunió así bajo sus ordenes 9500 infantes y 1200 caballos, fuerzas muy suficientes, sobre todo si se sumaban con las que seguían a Eroles, Villamil y otros caudillos, para acudir en auxilio de Tarragona, según aconsejaba la prudencia más vulgar, y el interés propio.
Así también opinaba Contreras con la Junta Superior del Principado y muchas otras personas, siendo esto motivo de comunicaciones agrias, que con el disgusto que existía entre ambos generales, llegaron hasta el extremo de decir Campoverde al gobernador, que entregara el mando a cualquier jefe, si no se sentia con energía para defender la plaza; suposición altamente gratuita e injuriosa, pues que nunca falto el valor ni la decisión. Animados con la llegada de aquellos refuerzos, intentaron ponerse en comunicación con el ejercito de auxilio en varias ocasiones, logrando romper la línea una fuerza considerable de caballería, que por la carretera se incorporó a Campoverde en Torredembarra, después de sostener un peque lo tiroteo en Altallulla con las fuerzas sitiadoras.
(Salas, 1883)

15 DE JUNIO

Los enemigos han continuado aproximando sus zanjas, de las que hay algunas tan cercanas que se les tiran bombas con 8 onzas de pólvora. Se teme que trabajen alguna mina.
(La Gaceta, 1811)
Establecidos los imperiales en el fuerte del Francolí, colocaron en él una batería de 6 piezas de a 24 con el objeto, de echar del fondeadero las embarcaciones de junto el muelle; mas previsto por Contreras el intento, las hizo salir con tiempo y fondear en la bahía fuera del alcance de los cañones enemigos. El día 15 se habían aproximado ya tanto las zanjas, que a algunas de ellas arrojaban los nuestros bombas con solo 8 onzas de pólvora.
(Blanch, 1863)

16 DE JUNIO

Concluidas las baterías en la noche anterior, rompió el enemigo al amanecer de hoy un fuego horroroso de municiones huecas, bala rasa, palanqueta, metralla y fusilería con dirección a los fuertes de la línea y población del puerto, en el que se incendiaron varias casas y campamentos. Los fuertes del Príncipe, Real, Orleáns y Rey padecieron infinito en sus merlones y muralla, quedando brechas abiertas, pequeñas o grandes, en todos ellos. Inmediatamente después de haber anochecido, se dispuso que la compañía de zapadores se repartiese en todos los puntos destruidos para su recomposición. A las 10 de la noche, estando reparándose los merlones y brecha del Príncipe y estacada de la izquierda, fueron esta, aquel y su derecha atacados por los enemigos, y forzadas sus brechas a la bayoneta, después de haberse defendido todos los puntos en lo posible. Los retenes del camino cubierto y parapeto de esta se replegaron sobre la plaza con alguna pérdida, viéndose atacados por los flancos y frente. – El ataque brusco y arrojado de los granaderos enemigos, la proximidad de este al fuerte, y la fácil entrada en él, no dio más lugar a sus defensores que para el uso de algunas granadas de mano y la bayoneta. El general de la línea a los primeros rumores puso la reserva sobre las armas, cubrió sus puestos, y pasó con un batallón del segundo de Saboya a la batería de S. Carlos al mando de su sargento mayor D. Manuel Llauder. El enemigo, que se hallaba al pié del fuerte, envuelto con nuestras tropas, se apoderó de S. José, y cortó las cuerdas del puente levadizo. El regimiento de Almería reforzó el punto de S. José é izquierda del puente: los fuegos de ambos cuerpos y metralla de S. Carlos hicieron replegar al enemigo, el que repitió por tres veces y con mayores fuerzas sus ataques, pero con todo fue rechazado (muriendo allí el francés Javersac que mandaba el primer cuerpo de ataque- Blanch,1863); y saliendo voluntarios 10 soldados de Saboya, levantaron y aseguraron el puente, quedando los enemigos en la estacada derecha del Príncipe donde permanecen, habiéndose oído trabajos toda la noche en dicho punto. Al amanecer de este día queda el enemigo en la derecha: los fosos y campamento inmediato a S.José y S.Carlos están cubiertos de sus cadáveres. El fuego del día ha sido terrible, y la serenidad y constancia de los oficiales y tropa superior a todo elogio.
(La Gaceta, 1811)
Concluidas el 16 las baterías, rompió al amanecer el sitiador…… De los 16 granaderos de Toledo que formaban la guardia de la luneta del Príncipe, solo uno, Valentín Dalmases, quedaba al día siguiente.
(Blanch, 1863)

Rompieron el fuego las baterías francesas el 16, con 54 piezas de grueso calibre, contra los puntos señalados, y contestó la plaza con un cañoneo no menos intenso, unido al nutridísimo fuego de fusileria que se hacia desde los parapetos y trincheras, y a una distancia tan corta, que era en extremo mortífero. Según los partes franceses, excedieron de 200000 cartuchos de fusil los que consumieron los sitiadores, calculándose en 800000 los de la plaza, consiguiendo causar gran confusión en las trincheras y un desorden momentáneo en algunas baterías, sobre todo en la nº16, que, sin embargo, se rehizo y continuó el fuego al poco tiempo. Las baterías de la plaza tuvieron varias piezas desmontadas y una perdida de 32 artilleros muertos y 48 heridos, entre los cuales los tenientes Ladrón de Guevara y Solanes.

A las nueve de la noche de dicho día, dos columnas francesas, mandados por el comandante Javerssac, reunidas en la cabeza de la zapa, dirigieronse contra la luneta del Príncipe, y avanzaron para atacarla, saltando una al foso y aplicando escalas a la brecha apenas empezaba, y la otra, dirigiéndose por la playa a entrar en la gola de la obra, por objeto de sorprender a la guarnición, como así lo verificó. Defendieronse a pesar de ello los españoles mandados por el Teniente coronel Subirachs, con valor y tesón, batiéndose al arma blanca; y a excepción de unos pocos que se replegaron sobre la playa, todos murieron o quedaron prisioneros, estando heridos la mayor parte de estos, entre los que debe citarse al subteniente de artillería San Martín, que mandaba las piezas. De 16 granaderos provinciales que montaban la guardia en el reducto, tan solo uno quedó con vida, los demás cubrían con sus inanimados cuerpos el puesto que se les había señalado. Puso Sarsfield, desde que tuvo conocimiento del ataque, las reservas sobre las armas, acudiendo al baluarte de San Carlos con un batallón del 2º de Saboya, al mando del sargento mayor Llauder, y reforzando con el regimiento de Almería la batería de San José, puntos ambos que atacaron por tres veces los enemigos, envalentonados con la toma de la luneta, siendo rechazados con muchísimas bajas, entre ellas el comandante Javerssac; en la batería fue herido el subteniente Blanco, de artillería, con siete individuos de tropa y dos muertos. Apoderóse el enemigo en la luneta de siete piezas, y con grande actividad procedió, bajo la dirección del Coronel Henri, a volver el parapeto y disponer alojamiento para los que habían de guarnecerle.
Las pérdidas sufridas por ambas partes eran ya considerables desde el principio del sitio, pues si los sitiados, teniendo llenos sus hospitales, habían ya evacuado tan solo por medio de la escuadra 3418 heridos a Villanueva y las Baleares; los franceses, según consta en sus documentos oficiales, habían perdido un general, 2 coroneles, 15 jefes de batallón, 19 oficiales de ingenieros, 11 de artillería, 120 de infantería y más de 2.500 soldados. Todavía, sin embargo, no se habían apoderado sino de tres obras fortificada y les faltaba hacerse dueños de la ciudad baja y después, de la alta.
(Salas, 1882)
Las baterías francesas rompieron el fuego el día 16 con 54 piezas de grueso calibre, al que contestaron las de la defensa con otro terrible y destructor, secundado por el de fusileria, muy mortífero, a la corta distancia de 120 metros, que produjo al enemigo gran número de muertos y heridos, arruinó parte de la paralela e introdujo la confusión y el desorden en las trincheras y baterías de los sitiadores.

Las de los fuertes tuvieron a su vez varias piezas desmontadas, 32 artilleros muertos y 48 heridos, contando entre estos los tenientes Sres. Ladrón de Guevara y Solanes.
Por la noche asaltaron 2 columnas la luneta del Príncipe, una por la gola y otra por la cara izquierda no flanqueada, haciéndose el enemigo dueña de ella. La guarnición del 2º de Almansa se defendió con bizarría, a las ordenes del teniente coronel D. miguel Subirats, con pérdida de 100 muertos y 80 prisioneros, la mayor parte heridos, entre estos el subteniente de artillería Sr. Sanmartín.
(Alegret, 1911)

El 16 rompieron fuego…..Los sitiados contestaron con tal eficacia que destrozaron el centro de la segunda paralela y pusieron en desorden la batería XVI, de brecha, que los franceses dirigían contra la luneta del Príncipe. Desde el baluarte de S. Pablo se consiguió prender fuego al repuesto de la batería XVII, de cañones de a 24, que daba frente al baluarte de Orleáns. Aún así, al caer la noche, el enemigo consiguió abrir brecha en el baluarte de Orleáns.
No obstante Suchet se decidió por el asalto de la luneta del Príncipe, a pesar de no tener brecha practicable, por entender que esta acción presentaba ventajas momentáneas. Conforme al plan de ataque concebido, a las 9 de la noche una columna envolvió la luneta por la playa, mientras otra, dirigiéndose a la cara no flanqueada, saltaba al foso, rompía la empalizada y escalaba el parapeto algo quebrantado aunque sin ningún boquete. Al mismo tiempo, la primera columna entraba en el fuerte por la gola. El efecto que este ataque combinado de las dos columnas produjo entre los defensores, fue el que causan las sorpresas. Los que no pudieron replegarse a la plaza fueron muertos o heridos en la lucha cuerpo a cuerpo, quedando prisioneros, como ocurrió al subteniente de artillería Sanmartín.
Corriéronse los franceses a la batería de San José y la atacaron por tres veces, pero fueron rechazados con muchas bajas, entre ellas el comandante Javersac. Esta reacción española se produjo a la llegada de un batallón de Saboya y otro de Almería al mando del coronel Llauder.
Tales fueron los sucesos del día 16 en que los franceses se apoderaron de la luneta del Príncipe, de 7 cañones, desmontaron varias piezas de la defensa y causaron 350 bajas a los sitiados.
(Recasens, 1965)

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