Los últimos dias del Sitio de Tarragona de 1811 (3a. Parte)

17 DE JUNIO

Adelantaron los sitiadores a la zapa volante por el foso del lado derecho de la luneta del Príncipe, hasta el ángulo más avanzado de ella, donde empezaron la tercera paralela en la noche del 17, continuando a la zapa llena contra la media luna del Rey y contra el baluarte de Orleáns, llegando hasta la contra-escarpa. La artillería reparó entre tanto sus baterías, y sobre el terraplén de la luneta del Príncipe emplazó la nº20 con cuatro piezas de 24, destinadas a abrir brecha en el baluarte de S.Carlos. Esta operación fue dificilísima; pues hubo que avanzar el parapeto para dejar sitio a las piezas. Durante la noche del 18 se adelantaron los trabajos de la tercera paralela y se reconoció el foso del baluarte de Orleáns por el Teniente de Ingenieros Wacrauser, decidiendo el comandante general Rogniat construir una bajada subterránea paralela a la contra-escarpa que estaba revestida, juzgándose esta operación menos peligrosa, que hacer una galería blindada, para la cual era preciso destruir antes el revestimiento. El sitiado, en cuanto lo notó, dirigió un fuego terrible contra dichos trabajos, habiéndose contado 37 granadas que cayeron seguidamente sobre el coronamiento de la contra-escarpa. El teniente de artillería, Barbaza, de que ya se ha hecho mérito, consiguió descolgar desde la plaza al foso dos piezas ligeras, que situó a algunos metros de distancia, ametrallando a los trabajadores franceses y obligándoles a suspender su avance, si bien perdiendo 5 de los 8 artilleros que le acompañaban.
(Salas, 1882)
Siguieron los franceses sus trabajos de ingeniería continuando el trazado de la tercera paralela, comenzada el día 17 en el foso del lado derecho de la luneta del Príncipe. Iba dirigida contra la media luna del Rey y el baluarte de Orleáns, hasta cuya contraescarpa llegaron. Al mismo tiempo establecieron una batería de cuatro piezas de a 24 en la luneta del Príncipe, para aplicarla a la ampliación de la brecha abierta en aquel baluarte.
Estos aproches no se practicaron en silencio y con tranquilidad, pues los sitiadores distraían la plaza con fuegos desde distintos sitios. Así, el día 17, según apunta el diario de operaciones de la división Mesina, siguieron tirando bombas y granadas desde la Oliva con bastante actividad.
Contra estas operaciones ejecutadas con tanta perseverancia como habilidad por los ingenieros franceses dirigidos por el experto general Rogniat, los sitiados se defendían con tenacidad. Su artillería bien dirigida causaba daños en las obras francesas, ya volando algunos de sus repuestos, ya destruyendo los parapetos de las baterías y acallando por largas horas los fuegos. Sarsfield, jefe de las tropas que defendían la marina y su arrabal, como ya hemos dicho, no desmayaba en su empeño, multiplicándose para estar presente en todos los lugares de peligro y animar a los defensores con su ejemplo.
Al establecer los franceses las baterías de brecha en su tercera paralela contra los baluartes ya artillados de Orleáns y San Carlos, Contreras hizo levantar atrincheramientos y barricadas para cubrir las brechas que, calculaba, haría practicables muy luego la artillería enemiga. También hizo contraminar el primero de aquellos baluartes y dispuso cuantos preparativos son de suponer para rechazar el ataque que, en la noche del día 20 se veía, más que próximo, inminente.
(Recasens, 1965)

18 DE JUNIO

El 18 había abierto ya el enemigo la tercera paralela, llevando dos ramales de trinchera sobre el ángulo saliente del camino cubierto y sobre el de la media luna; coronó la cresta del glacis y practicó la bajada al foso del baluarte de Orleáns, perfeccionando las demás obras. Contra este ataque se previno Contreras, construyendo detrás de los puntos donde se proponía el enemigo practicar las brechas, los convenientes atrincheramientos, y también hizo contraminar aquel baluarte dejando cargados los hornillos.
(Blanch, 1863)

Adelantando el sitiador sus trabajos, terminó la 3ª paralela en la noche del 18 al 19, y empezó la construcción de una bajada subterránea al foso del baluarte de Orleáns, a lo largo de la contraescarpa que estaba repartida, continuando después a la zapa llena hasta lo alto de la brecha abierta en el muro, cuya peligrosa operación retardó la artillería de la plaza con terrible fuego, pues se contaron 37 granadas seguidas que dieron en el coronamiento de la contra-escarpa, rodando algunas de ellas hasta el fondo de la galería subterránea que hubo el enemigo de abandonar durante muchas horas…..Viendo el teniente de artillería Sr.Barbaza que las piezas de un lado del baluarte de Orleáns no podían funcionar con éxito, se decide a descolgar desde el adarve al foso dos cañones ligeros; los coloca al pié del baluarte y ametralla a los trabajadores a pocos metros de distancia, perdiendo en cambio 5 de los 8 artilleros que le acompañaban.
Los defensores del baluarte de Orleáns, después de una tenaz lucha se retiraron a la plaza, olvidándose de volar la contramina que, con los hornillos cargados, existía en dicha fortaleza, y como consecuencia se retiraron los del Fuerte Real.
(Alegret ,1911)

19 DE JUNIO

Verificóse por el Capitán de Ingenieros francés Marión, en la noche del 19 un reconocimiento en el foso del baluarte de San Carlos, encontrando sin revestir la contraescarpa y con sólo unos 10 pies de profundidad. La misma noche se adelantó mucho también en la bajada al foso del baluarte de Orleáns.
(Salas, 1882)

20 DE JUNIO

En el día 20 se desembocó en el foso del baluarte de Orleáns, continuándose todos los trabajos, avanzando a la zapa llena por la brecha abierta en la falsa braga, y llegando así hasta lo alto de ella. Esta operación de tomar a la zapa una brecha, es digna de ser citada, pues ocurre muy rara vez en los sitios de las plazas. Continuaban los españoles sin descanso un nutrido cañoneo sobre todo los parapetos.
(Salas, 1882)

21 DE JUNIO

Al amanecer del 21 descubrió el sitiador por su derecha, sobre la luneta del Príncipe, una batería de 4 cañones que rompió el fuego contra el fuerte de S. Carlos, siguiendo el resto de las baterías enemigas desmontando el poco resguardo que a nuestras tropas quedaba en los parapetos de Orleáns, luneta del Rey y S. José. Tan vivo fue su cañoneo que a las diez tenían abierta una brecha continuada en toda nuestra línea, habiéndonos desencabalgado las piezas que quedaban en estado de servir. El enemigo siguió arrojando de seis en seis las bombas contra el puerto y la plaza, sin cesar de batir con munición sólida indistintamente.
Había hasta entonces defendido con intrepidez e inteligencia Sarsfield la línea del arrabal, pero habiendo pedido a él o a Roten el general en jefe para confiarle el mando de una división, prefirió Contreras enviarle el primero, según asegura Toreno echando en cara al comandante general la imprudencia de deshacerse en tan críticos momentos de un jefe que tan buenas disposiciones había encontrado. La guarnición sin embargo se creyó abandonada viendo embarcarse precipitadamente a Sarsfield con sus edecanes hacia el cuartel general. Pero ni Contreras fue imprudente ni Sarsfield desertor o cobarde; aunque este último no hubo de ser tan apremiadamente llamado, que no le sirviese de honroso descargo el haberse quedado a combatir aquel día. Campoverde pudo pedir que se le enviase a Roten o Sarsfield, pero es lo cierto que éste se ausentó de Tarragona la tarde del 21, entregando el mando a su segundo el coronel D. José Carles, sin conocimiento de Contreras, y según comunicó éste a la junta superior en su parte del mismo día, “dejándolo todo comprometido”.
Previéndose el asalto fueron reforzados los puntos, hasta donde alcanzaron las tropas de guarnición, no habiendo quedado más reserva que el regimiento de Santa Fe, fuerte en todo de 300 plazas. El brigadier Velasco no ocupó sino más tarde en la marina el puesto que Sarsfield acababa de dejar. Al anochecer avanzó el enemigo bruscamente con gran algazara, cargando en cinco columnas y a un mismo tiempo por S. José, S. Carlos, luneta del Rey y Orleáns, hasta forzar las brechas. Sus tropas eran de refresco y las nuestras fatigadas, sin `poder tomar alimento. Esto hizo que fueran los españoles retirando hacia la cortadura, en donde indudablemente hubieran contenido a los acometientes, o disputándoles cuando menos el terreno con verdadero encarnizamiento, mas dirigiéndose entonces los franceses al fuerte Real, y desplegando sobre la retaguardia de los españoles, fue a estos preciso replegarse sobre la plaza haciendo fuego. Estaban aún en dicho fuerte cargados los dos hornillos que quedaron, con la precipitación de los nuestros, sin encender. Aunque eran poco practicables las brechas, apoderáronse los enemigos por escalada de todos los puntos hasta el fuerte _Real, penetrando en ellos mezclados con nuestros soldados de lo que resultó un degüello espantoso.
Inmediatamente que el comandante general de la plaza, quien se hallaba sobre el segundo recinto y puerta de San Juan, con algunas tropas de reserva, vio venir sobre él confundidos franceses y españoles, conoció que al igual de lo que había sucedido la noche del 16, en la cual se introdujo el enemigo envuelto con nuestros soldados por la puerta de S .José hasta la batería de este nombre, por estar el puente sin levantar, intentaba ahora sacar con parecido intento mayor ventaja, hizo cerrar la puerta que los franceses creían descuidada, sin cuya pretensión indudablemente se hubieran los imperiales introducido en la plaza; gritó al primer regimiento de Saboya, que se formase en batalla al pié del muro, como lo verificó con presteza separándose de los franceses. Luego que estuvo Saboya bajo la protección de los fuegos de la plaza, comenzó ésta un terrible fuego de fusilería y metralla que obligó a los enemigos a retirarse con pérdida horrorosa de muertos y heridos. Un capitán de ellos tuvo la temeridad de llegar hasta la misma puerta con su compañía de granadero, quienes a empujaron con las culatas de sus fusiles; pero empezando por el capitán y el tambor, quedaron muertos casi todos a dos pasos de distancia.
Aunque con denodada oposición enseñoreose el sitiador del arrabal y del muelle, ensangrentándose en el paisanaje, y vengándose en fin, en cuanto pudo destruir, de las pérdidas que había experimentado. Velasco, enviado por Contreras para que se pusiese al frente de las tropas que defendían aquel punto, no llegó sino para presenciar como lo entraban al asalto los imperiales. Saltando por encima de las cortaduras de Cervantes y del Rosario se acogieron a la plaza los fugitivos. El enemigo estableció en seguida en el muelle una batería de un cañón y un obús al efecto de incomodar el nuevo embarcadero del Milagro, por donde se comunicaban con el mar los sitiados, después que no pudieron por el mulle. También con la ocupación del arrabal perdieron estos la fuente que abundantemente proveía a la guarnición y al vecindario; más no experimentaron por eso absoluta falta de agua. Nuestras pérdidas excedieron aquella noche de 500 hombres. La mortandad del ejército imperial fue considerablemente mayor. Contribuyeron a ella los tres navíos y dos fragatas inglesas, y especialmente la aumentaron después de las últimas horas de la noche, disparando contra los trabajadores y tropas que los sostenían, así como contra los que en el arrabal saqueaban las casas abandonadas.
Creyó el francés que solo le faltaba ya alargar la mano para apoderarse de Tarragona, y por demás engreído con su triunfo, hizo señales para ver si tenía el español intención de rendirse; pero con altanero silencio fue su invitación contestada. La impaciencia de Suchet era extremada en efecto. Distintas veces había paseado por Reus una larguísima bandera encarnada con este mote “Viva el emperador”, con intención de enarbolarla aquel día en el baluarte más alto de la ciudad.
Furioso con el silencio de los nuestros, mandó Suchet abrir la misma noche del 21, la primera paralela contra el principal recinto delante del fuerte Real, apoyando su izquierda en el baluarte de Santo Domingo, y prolongando hasta el mar la derecha. Pocas en verdad y flojas eran las obras que le faltaba expugnar, pero fuertes y decididos los pechos que le aguardaban en ellas.
(Blanch, 1863)


22 DE JUNIO

Ayer al amanecer se descubrió por nuestra izquierda una batería de 4 cañones sobre la luneta del Príncipe, la que rompió el fuego contra el fuerte de San Carlos, siguiendo el resto de las baterías gruesas enemigas desmontando el poco resguardo que quedaba a nuestra tropa en los parapetos de Orleáns, luneta del Rey y San José. Fue más vivo de lo que puede explicarse el fuego, tanto que a las 10 de la mañana tenían una brecha continuada en toda nuestra línea, habiéndonos desmontado las pocas piezas que había en estado de servir. El enemigo siguió arrojando de 6 en 6 las bombas contra el puerto y plaza, sin cesar de batir con munición sólida indistintamente.- Previéndose el asalto, se reforzaron los puntos hasta donde alcanzaron nuestras fuerzas, no habiendo quedado mas reserva que el regimiento de Santa Fe, fuerte en todo de 300 plazas.- Al anochecer avanzó el enemigo bruscamente con grande algazara, cargando a un mismo tiempo por San José, San Carlos, luneta del Rey y Orleáns hasta forzar las brechas. Sus tropas eran todas de refresco, y las nuestras contaban ya muchas horas sin un momento de descanso, ni otro alimento que algún trago de aguardiente, y esto en medio del mas horroroso fuego en defensa de las brechas. La referida ventaja del enemigo, la numerosa fuerza que destinó al asalto, y el estado de nuestros soldados los precisaron a estos a irse retirando a la cortadura, desde donde hubieran arrojado al enemigo, o al menos disputado a palmos el terreno; pero habiéndose dirigido este al fuerte Real, y desplegado por nuestra retaguardia, fue preciso a nuestras tropas replegarse sobre la plaza haciendo fuego. Este y el de las murallas, hasta cuya inmediación llegó el enemigo, le obligaron a retirarse con bastante pérdida a la marina y puntos exteriores que había tomado al principio del aproche.- La mayor parte de nuestra artillería que se hallaba desmontada en los citados puntos que forzó el enemigo, fue también clavada, a pesar del obstinado ataque. No debe extrañarse en nada este incidente que no degrada en lo más mínimo el valor de nuestros guerreros, atendiendo a que hacía ya algunos días que todas nuestras obras exteriores formaban una línea de solo ruinas, sin más obstáculo al cañón y bayonetas enemigas, que los pechos de nuestros oficiales y soldados. Inmediatamente que el comandante general de la plaza D. Juan Senén de Contreras oyó el fuego de los puntos atacados, conoció que la intención del enemigo era no solo tomar los fuertes exteriores, sino aprovecharse de la confusión que debía suponer reinaría en el momento de la retirada de nuestras tropas, e introducirse envuelto con ellas en la ciudad como le sucedió en la puerta de San José la noche del 16 que penetró en los mismos términos hasta la batería de este nombre, por haber encontrado el puente levadizo sin levantar. No fue infundado el pensamiento, porque dejándose los enemigos a retaguardia nuestras tropas, y despreciando todos los inconvenientes, avanzaron en pocos momentos con una fuerte columna de granaderos hasta llegar a la misma puerta de San Juan que creían descuidada; pero se equivocaron, porque el comandante general había acudido a aquel punto y mandado cerrar la puerta, guarneciendo la parte inmediata de la muralla con el primer regimiento de Saboya, cuyos fuegos hicieron retroceder al enemigo, dejándose muertos a la misma puertas un capitán, un tambor y muchos granaderos. A pesar de la viveza del ataque, verificado por las mejores y más escogidas tropas del ejército de Suchet, no tuvieron estas grandes ventajas, porque sufrieron una pérdida considerable, y quizás mayor que la nuestra, que lo fue igualmente.
(La Gaceta, 1811)

Nota: “La Gaseta” deix de constatar a partir d’aquest dia els fets final del Setge fins al dia 28. No hi ha cap més referència.

La guarnición no podía hacer las frecuentes y enérgicas salidas que son en tales casos la principal defensa de una plaza, por carecer de obras exteriores donde recogerse en su retirada la tropa, por la falta de un orden regular de fortificaciones y la escasez de puntos de salida, todos los cuales eran batidos de frente por el cañón enemigo, de manera que antes de dejar los españoles los muros habrían ya sido crudamente ametrallados. Solo pudieron mantenerse fuera algunas partidas de tiradores que salían de noche en número de 50 o 60 por las cortaduras del Rosario a la derecha, y de Cervantes a la izquierda.
El enemigo adelantó en los días siguientes sus trabajos, a pesar de la viva oposición de nuestra artillería y fusilería, y a fin de preparar el ataque contra el casco de la ciudad, abrió su segunda paralela a 60 toesas y plantó nuevas baterías de brecha. Los moradores de Tarragona acostumbrados a sortear las granadas y bombas, cuyo disparo les avisaba la campana, apenas recibían daño en sus personas, amparándose de los portales y otros resguardos, y tomando a veces como diversión el peligro. No sucedía así con las tropas que guarnecían las murallas. El daño era en ellas más frecuente e inevitable.
Nuestros soldados, aunque pocos en número y diezmados por la inmediación de los fuegos enemigos, no se desalentaban sin embargo. Su fatiga tocaba ya por otra parte el último extremo de la resistencia. La esperanza de socorro se desvanecía y contribuía al desaliento de algunos pocos que se sustrajeron cobardemente aquellos días a su deber, ya embarcándose con pretexto de acompañar heridos a los buques, ya escondiéndose en un rincón de alguna casa a prueba de bomba sin duda.
La inmediación de los enemigos había apremiado a Contreras a escribir a la superior y al general en jefe apremiando repetidamente el ofrecido auxilio. Pero las avanzadas de las tropas de Campoverde no pasaban de Altafulla y Torredembarra, sin incomodar al sitiador.
(Blanch, 1863)

23 DE JUNIO

Por fin, púsose en movimiento Campoverde el 23, desde Montblanch, donde había algunos días antes trasladado sus reales, hacia Villarodona. Miranda, al frente de la división valenciana que había salido de Tarragona con Campoverde, y 1000 infantes de la de Eroles, con 700 caballos, partió con objeto de embestir los campamentos franceses de Hostalnou y Pallaresos, mientras el general en jefe pasaba a situarse sobre el Catllar, hacia la izquierda, a fin de sostener el ataque, favoreciéndolo además con un amago cuya ejecución estaba encomendada a Torrijos.
El general Suchet, sin separarlas mucho del sitio, reunió en espera de los españoles sus principales fuerzas, creyendo ser atacado por la parte de Vilallonga. Miranda no desempeñó su encargo so pretexto de que no conocía el terreno y alegando dudas y temores que no le ocurrieron la víspera, y para las que no había nueva razón. Lavó hasta cierto punto la mancha D. Juan Caro, de vuelta de Valencia, sorprendiendo y acuchillando en Torredembarra a unos 200 franceses. Más se perdió la ocasión de aliviar a Tarragona, y Campoverde, aunque mal de su grado, tiró la vuelta del Vendrell.
(Blanch, 1863)


24 DE JUNIO

Antes, sin embargo, esto es el 24, creyese en la plaza que Campoverde atacaría aquel día de frente a los sitiadores, según estaba convenido con el cuartel general, del cual por telégrafo debía hacérseles seña que indicase el momento de dar principio a la operación. Sobre 4000 hombres de la fuerza sitiada salieron a las cuatro de la tarde, y apoyándose en el glacis extendieron su línea de batalla sobre el camino real de Barcelona, inmediato a la casa del Portazgo, punto descuida hasta entonces por los enemigos. Hallábase esta tropa escogida entre las mejores de la guarnición, distribuida en dos secciones de 2000 hombres cada una, mandada la primera por el coronel Eguaguirre y por el coronel Roten la segunda, ambas a las inmediatas órdenes del general Courten.
En esta disposición se hallaban aguardando con impaciencia la señal del telégrafo. Pero la señal no se hacía, y los franceses atentos a las bélicas disposiciones de los nuestros, destacaron varias partidas que aceleradamente pasaron de la parte de la marina al ángulo final de la izquierda, centro de las fuerzas superiores que miraba al ejército exterior del principado.
Esta operación que al parecer debía trastornar el plan de ataque, por nuestra parte no produjo otros efectos que el de la exasperación de las tropas. Los jefes, los oficiales y los soldados sabían con evidencia que los franceses no tenían por aquel lado fuerzas capaces de contener el ímpetu furioso con que iban a cometerlos, mientras no abandonasen todos los puntos de la dilatada línea de circunvalación y contravalación. Era de suponer que el ataque de la división de la plaza sería capaz de arrollar cuanto se le opusiese. No se trataba de atacar una batería o tomar un parapeto y volver a la plaza, sino de derrotar al ejército sitiador o a la mayor parte de sus fuerzas, tras lo cual no le quedaba mas recurso que levantar el sitio; empresa ciertamente dificultosa. Después de esperar en vano el convenido aviso, regresaron ya anochecido a Tarragona las fuerzas de Courten, coléricos, furibundos, desesperados, soldados y oficiales. Semejantes decepciones en momentos tan supremos debilitan más a la tropa que la contrariedad de las armas.
(Blanch, 1863)

25 DE JUNIO

A todo esto el vocal de la superior cerca del cuartel general en el Vendrell, D. Valentín Segura, que a pesar de las seguridades que verbalmente le habían dado el marqués, vio que nada se había hecho el 23 ni el 24, y que trascurría el 25 sin que se demostrase mayor actividad, pidió que se formase dentro de cuatro horas un consejo de guerra en el cual se le admitiera, a fin de adoptar la resolución mas conforme a las circunstancias, y resolver si se estaba en el caso prevenido por S.M. las cortes, esto es, que siempre que se tratare de la rendición de una plaza, se diese el mando al jefe que viniera inmediatamente después del que no se viese con ánimo de defenderla, recorriendo grado por grado todos los oficiales del ejército; por parecer que el marqués abandonaba a Tarragona con retirarse al Vendrell.
Convocado el consejo para las nueve de la noche, manifestó Campoverde estar resuelto a todo trance a la defensa de Tarragona, por cuyo motivo no se estaba en el caso de lo que las cortes mandaban; pero que si algún jefe había que se considerase capaz de obrar mejor de lo que él hacía, estaba pronto a entregarle el mando. Abierta la discusión sobre el punto principal, resolviese por fin después de media noche, que supuesto que el recinto de Tarragona no tenia brecha abierta, que la guarnición era escogida y estaba bien dispuesta, bastaba encargar al comandante general del cantón, que hiciese la guerra por las calles a imitación de Gerona y Zaragoza, y que a todo apuro se diese una acción, incomodándose entre tanto al enemigo con toda suerte de hostilidades. Contra lo cual justamente protestó la superior, haciendo estrechísimamente responsables a cuantos jefes firmaron la resolución adoptada, de la pérdida de Tarragona.

(Blanch, 1863)

26 DE JUNIO

Procedentes de Cádiz llegaron el 26 delante de Tarragona sobre 1200 ingleses a las órdenes del coronel Skreet, el cual tomando tierra aquella noche pasó a ofrecer su auxilio al comandante general. Contestóle éste atentamente que si desembarcaba su gente y la entraba en Tarragona sería recibido con alegría general y tratado como merecía, y que eligiese el puesto que prefería defender; pero de ningún modo quería mandarle ni aconsejarle cosa alguna.

(Blanch, 1863)


27 DE JUNIO

Al día siguiente, el 27, pasó Skerret con los comandantes de artillería e ingenieros de su división a reconocer el frente atacado, después de lo cual y conociendo sin duda cuan escasa gloria les aguardaba en punto tan apurado, volvieron se todos a sus navíos, sin dar a la plaza el menor socorro, antes ocasionando con su estéril llegada y su retraimiento gran desaliento en la guarnición, que abandonada de todo auxilio exterior se veía.
El propio día entró el barón de Roles, acompañado del oficial de estado mayor D.Mariano Villa, comisionados por Campoverde para reconocer el estado de las fortificaciones, y habiéndolas visitado detenidamente, e informados de cuanto les convenía, regresaron al cuartel general, donde manifestaron el abatimiento en que se hallaba la guarnición, y que aún cuando el estado y la posición de la plaza ofrecía buena defensa, imitando a Zaragoza y Gerona, creían que según la decadencia de espíritu que reinaba, no se prolongaría como se había esperado; y que aunque lograsen los enemigos abrir brecha en el frente atacado, y el asalto no fuese contenido en el primer recinto, la línea de la Rambla era capaz de sostener un ataque impetuoso.
Consultó Campoverde con los aliados, y de acuerdo con los mismos, atendida la relación que Eroles y Villa acaban de hacer, resolvió abandonar la plaza, sacar la guarnición, unirla al ejército y marchar con rapidez a destruir el bloqueo de Figueras.
Algo había sin embargo de modificarse estos planes. Eroles había ofrecido antes de su salida de Tarragona, como se publicó, que el 29 se daría el ataque tan esperado, a cuyo fin volvería el barón para mandar los 4000 hombres de la guarnición, destinados a embestir por el frente a los imperiales, en tanto que el ejercito de operaciones lo verificaría por ambos flancos y retaguardia. Mas no había aún finido el 27, que entró en la plaza el coronel O’Ronan con orden de Campoverde para sacar 3000 hombres. No pudiendo el jefe de la ciudad eludir tan expreso mandato, consintió a pesar de los aprietos en que se hallaba, en desprenderse del regimiento de Almería, compuesto de 900 plazas, sin el cual debían quedar al descubierto los puntos que ya en 10 de junio manifestaba el marqués a la junta del principado que no podía tan escasa guarnición cubrir militarmente. Pero O’Ronan, por una chocante inconsecuencia, se hizo a la vela sin volver a parecer en busca de la tropa, que dispuesta le aguardó toda la noche junto al fuerte de la Reina.
Durante este tiempo habían los franceses concluido su segunda paralela a 60 toesas del segundo recinto y armado sus baterías.

(Blanch, 1863)

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