TARRAGONA y el Francés

Enhorabuena a todos! Este artículo es el artículo 100 de los publicados en nuestro blog.

En el mes de junio del año pasado empezamos a gestar lo que queríamos que fuera un proyecto sólido para dar a conocer a la ciudadanía de Tarragona en el 1800, en un periodo comprendido entre los reinados de Carlos IV y la reina Isabel I. Con este afán y desde la iniciativa privada de la empresa clarmont. net, pusimos en marcha con la colaboración de otras dos empresas culturales de Tarragona: Argos Servicios Culturales y Thaleia, Grupo de Recreación Histórica, el Proyecto Tarragona 1800.

Proyecto Tarragona 1800 se constituyó como asociación cultural de recreación histórica, con la colaboración de una serie de profesionales y amantes de nuestra historia, con un claro objetivo de difundir didácticamente todo este periodo todo el país.
Después de casi un año de duro trabajo, y después de haber conseguido grandes hitos, podemos ya haceros saber oficialmente que este año, en octubre, realizaremos en Tarragona, con el apoyo del Ayuntamiento de Tarragona, la primera muestra de recreación histórica de la Tarragona de 1800, bajo el título de TARRAGONA y el Francés.
De todo ello os mantendremos informados durante los próximos meses. Mientras tanto y para coordinar este gran evento, necesitaremos repartir esfuerzos, esfuerzos que nos obligarán a prestar menos atención a nuestro blog, que se verá reducido mensualmente en número de artículos, aunque los que se colgamos serán de igual o mayor calidad.
Por otro lado, muy pronto, y gracias a la colaboración de la empresa Argos, que coordina y mantiene nuestra web y su blog, y muy especialmente de la Blanca Cros, introduciremos en nuestra página toda la información de esta Muestra y de otras actuaciones que van ligadas.
Desde aquí os queremos dar las gracias por vuestro apoyo y por la colaboración por parte de muchos de vosotros y animaros a seguir trabajando y colaborando con el proyecto. Ahora más que nunca.

Elies Torres Claravalls

Una contribución cambrilense a la fortificación de Tarragona

 

Entre los escasos documentos de los fondos del Archivo Municipal de Cambrils relacionados con la Guerra del Francés y, más concretamente, con el asedio que sufrió la ciudad de Tarragona el año 1811, hay uno de los oficios que forman el legajo Correspondencia sobre el servicio de bagajes (1781/1903), dentro del grupo de series Servicios militares del fondo del Ayuntamiento de Cambrils.

El oficio transmite una orden del gobernador de Tarragona, el general Bertoletti (la lectura del nombre es dudosa), dirigida al Ayuntamiento de Cambrils. Concretamente, el gobernador manda a los concejales cambrilenses que al día siguiente a las 5 de la mañana envíen a Tarragona un convoy formado por ocho hombres y dos carros. Los hombres deben ser útiles para el trabajo y se les destinará a hacer de peones: unos deben llevar arados, otros palas y los otros senallones. Sobre los carros, se especifica que cada uno debe llevar tres mulas para estirarlos. Además, tres días más tarde también deben enviar a Tarragona veinte y cinco quintales de cal.
La contribución de Cambrils no consistirá sólo en trabajo, equipamiento y materiales (personas, carros, herramientas y cal) sino también en dinero, ya que tendrá que pagar los jornales.
El convoy se pondrá a las órdenes del Capitán de Ingenieros, que encontrarán ante el convento de San Francisco, en la Rambla Vella. Aunque el documento no lo dice expresamente, se entiende que en este punto de reunión llegarán también convoyes equivalentes exigidos en otros municipios del corregimiento, ya que la misma orden se debía enviar a otros ayuntamientos.
También se puede suponer que todo el contingente trabajará en la reparación de las fortificaciones y / o las vías públicas de Tarragona (el documento sólo dice que trabajan “en esta plaza”), que debían estar bastante perjudicadas tras los enfrentamientos de la guerra y, más concretamente, del asedio de la ciudad del año anterior.
Este no era el primer contingente que Cambrils enviaba a Tarragona, ya que el documento incluye una posdata dando libertad a los carros y peones que trabajaban hasta entonces.
No era una orden extraordinaria. A lo largo de la historia de nuestro país han sido habituales las contribuciones de los municipios a obras públicas de carácter general, obligados por el rey o sus representantes. Los hombres y materiales de los municipios eran exigidos para reparar caminos, carreteras y murallas, sobre todo cuando se daban circunstancias especiales como la visita del rey-cuando había que arreglar los caminos por donde debía transitar-o bien en contexto de guerra, cuando había hacer trabajos de fortificación preventivos o de reparación de los daños que los combates habían podido provocar sobre las defensas.
A lo largo de los siglos, los ejemplos son innumerables: desde el derecho señorial-en época medieval y moderna-de exigir a los vasallos obra de muro y reparación de murallas, hasta las brigadas de trabajadores que durante la Guerra Civil de 1936-39 fueron construir “a obra de villa” nidos de ametralladoras de costa, búnkeres y refugios antiaéreos.
En el caso del orden de 1812 que comentamos, el contexto bélico es bien evidente, no sólo por los hechos que la preceden sino por la resistencia que deja entrever el documento, si hemos de hacer caso del tono duro con que está redactada. Incluye dos amenazas dirigidas a los Ayuntamientos para asegurar su cumplimiento. La primera intenta evitar la picaresca de enviar hombres inútiles para el trabajo, que mermaría el impacto sobre la mano de obra y la capacidad de defensa del municipio. La segunda, quizás añadida personalmente por el gobernador o por alguien muy cercano a él-está escrita en francés y en la misma letra de la firma-es más genérica y amenaza con medidas rigurosas.
Para terminar, señalaremos que este es uno de los documentos de la época de la dominación francesa sobre nuestro territorio que, como es lógico, están parcialmente escritos en francés o bien incluyen expresiones de origen francés e italiano (estas últimas, probablemente derivadas del alcance paneuropeo del Imperio Napoleónico) en el redactado.
Esta es la transcripción íntegra de la orden:

El documento En la cara verso, que una vez doblado el oficio servía como exterior, figura en la            parte superior:

                ”Service Militaire Prepé (¿).
Debajo figura el nombre de los destinatarios:

                ”Aux Magficiens les Membres composants l’Agiuntamento [sic] de Cambrills”.

 

Al margen inferior izquierdo, la autoridad que emitía el oficio:

“Le General Gouverneur de Tarragone”.
En la cara recto está el contenido del oficio:

               

                ”Tarragona  13 de  mayo 1812

 

Señor alcalde, y Ayuntamiento de Cambrils

 

Para mañana a las cinco de la mañana [inicialmente decía “tarde” pero esta corregido] me mandarán 8 hombres, 2 carros, con tres mulos cada carro. El punto de rehunión será en la Rambla, delante San Francisco, donde encontrarán el Capitán de Ingenieros para dar las disposiciones necesarias.

Los peones deven venir una parte con aradas, una con palas, y otra con capazos.

Deverán trabajar quatro días, y en el caso de continuar, se avisará un día antes para el relevo. Toda esta gente deve ser pagada por la población a un jornal regular, y así se castigará severamente el Ayuntamiento que enviare gente inútil.

Dentro de tres días deven también remitirme 25 quintales de cal.

Quedan responsables los individuos del Ayuntamiento del cumplimiento de esta orden. No se disimulará el más pequeño defecto.

El General de Brigada, barón del Imperio, Governador de la provincia de Tarragona.

[Debajo, escrito con otra letra:] “[Veyez?] que l’Ajuntamento ne n’obligarà pas a prendre des mésures rigoureuses pour être obei exactement”

[Debajo, con la misma letra de la frase anterior, hay la firma, seguramente autógrafa:] “Le General Bertoletti”

 

El documento lleva esta postdata, en el margen inferior izquierdo: ”Postdata. Los carros que actualmente trabajan en esta plaza, mañana por la mañana quedan libres y se marcharán cada uno en sus casas, junto con los peones.”



Archivo Municipal de Cambrils. Fondo Ayuntamiento de Cambrils. Legajo Correspondencia sobre el servicio de bagajes (1781/1903). Sig. Top. 326.8

Archivo Municipal de Cambrils

 

Reus durante la guerra del Francés. 1810

 

A las 8 de la mañana del día 5 de enero, se convocó en Reus, la junta parroquial para la elección de un diputado por las Cortes Generales, en la parroquia de San Pedro, inaugurando el acto de una misa y sermón.

El 19 de marzo debido a la progresiva invasión francesa de las principales ciudades del Principado, se establece en una de las salas de la casa común, la Junta Suprema del Principado formada por “Seis vocales, tres Secretarios, ochos oficiales y dos Porteros y casa para tener sus sesiones y el Despacho de sus oficinas”.
El 30 de marzo, la población quedó completamente ocupada por fuerzas francesas, mientras los miembros del Ayuntamiento estaban ausentes por el cumplimiento de un orden superior, así mismo, el jefe francés nombró una comisión de las personas que habían quedado, que acompañada de una porción de capitanes, fueron una por una por todas las casas, cogiendo todos los víveres, y exigiendo con fecha del 7 de abril, “Ocho mil duros en efectiva, que miedo temor á las amenazas de saqueo, fue preciso aprovecharon “.
El 8 de abril, el Ayuntamiento volvió a la ciudad después de que a consecuencia de la circular del 19 de febrero que obra por traslado en “el libro copiador” de comandos de este común, teniendo que marcharse del pueblo “en treinta del expirada marzo miedo haberse verificado en este día la invasión o entrada de los enemigos en el pueblo”.
El 22 de julio se sortearon 180 hombres para trabajar en las obras de fortificación de Tarragona y 18 para completar el número de soldados del somatén en Falset.
En fecha del 18 de agosto, la villa fue visitada otra vez por los franceses donde “imponen gruesas Cantidad y basta la realización del pago, encarcelan á unos en clase de rehenes y á Otros bajo el carácter de ser promovedores de jaranas y Movimientos populares”.
El 25 de agosto, los franceses llevarse a casi todos los individuos del Ayuntamiento y se acordó nombrar algunos individuos para ayudar a los dos concejales que se quedaron, Don Sebastián Torroja y Rabassa y Don Antonio Sardá y Avilés.
El 26 de agosto, los nuevos concejales escribieron al General en Jefe del Ejército y Principado de Cataluña donde le hacían saber que la gente fue tomada por los franceses “fueron prendidos, habiendo experimentado todas las amenazas propias del fervor enemigo que pretende subyugarnos y sido conducidos con fiero aparato entre los horrores de la noche por una escolta de más de dos mil hombres a un campamento que exhiban el lugar del suplicio de donde el amanecer del día de ayer continuaron en ser conducidos por su ruta con el mismo aparato”. Se pidió un rescate de “treinta y cinco mil duros” por los representantes, pero ante la negativa a pagar, se les dejó en libertad pero muchos de ellos estaban enfermos y tenían “Síntomas de una existencia comparable con la misma muerte lenta, especialmente los individuos del Ayuntamiento regresados ​​. Ante esta situación, los nuevos concejales decidieron continuar sus funciones de gobierno.
El 28 de agosto, la Junta recibe una carta de Enrique de Lamas donde se comunica que los enfermos y heridos que han dejado en el municipio los enemigos “pertenecientes a apoyo Ejército” deberán ser atendidos por la gente del pueblo.
En respuesta a esta petición, el 29 de agosto se reunieron los miembros del Ayuntamiento y decidieron acatar la orden recibida: “fuere suelto unanimamente el que se cumplimentase digo Superior disposición en el modo y forma que en la misma se expresa”. Se decidió “proceder inmediatamente á un reparto o derrama entre suspensión vecinos”. Participaron todos los procuradores o prohombres de los Gremios de Reus: Francisco de Bofarull y Buenaventura Sabater (nobleza), Juan Carey y Joaquim Grau i Duran (comerciantes), Joan Sardà y Amorós y Josep Pasqual (hacendats), Francesc Gaspar y Pablo Sardà ( comerciantes de pesca salada), Juan Macaya, Francisco Margenaz, Tomás Broca y Francesc Tarragó (exgremiats), Mariano Rocamora, Josep Artés, Pedro Gras y Josep Manresa (facultativos y artistas) y Onofre Bonano y Esteban Nogués (expatriados).
Acordaron lo siguiente: “Que los Procuradores ó Prohombres de las indicadas Corporaciones, que puede ser pobres ó por falta de los debidos conocimientos en la materia (…) por algún impedimentos legitimo no pudiesen asistir a la Tasación, puedan en cualesquiera de estos casos, nombrar individuos de suspensión respectivos gremios, para que desempeñar suspensión encargos en calidad de sustitutoria Suyo (…) que puedan Reducir el número de los elegidos, a Ochoa ó más individuos que tengan á bien para acero la Tasación, Previo los conocimientos que vuelven particularmente (…) y últimamente consultados Todos los Señores consecuentes á este actora miedo motivo de la Expresión en el precitado oficio de VE sobre estar en el concepto de que este Pueblo recibió obsequiosamente al ejército francés, y á fin de manifestarle apoyo ascendrado patriotismo acreditación por todo Estilos y en todo tiempo, nada menos que supone adhesiones a la justa causa de Nuestra independencia que gloriosamente defiende La Nación “ . También se pidió “una representación u oficio exponiéndole la equivocación (al General en jefe), la legal e inexpresable conducta de este Pueblo… informándole contra la misma villa y á medida de apoyo antoja, lo que no Tiene sombra de verdad”.
En este mismo día, 29 de agosto, fueron inscritos todos los hombres solteros y viudos sin hijos, entre los 18 y 40 años, y tras el sorteo correspondiente resultaron incorporados al ejército español un total de 200 reusenses.
El 10 de septiembre, quedaron elegidos Josep Brocà y Jové, Francisco de Paula Borras, Josep Maria Sunyer, Pablo Torroja, Pedro Odena, Sebastián Torroja, Pablo Sardà, Pablo Juncosa, José de Gavaldà y Domingo Ferrer para firmar un manifiesto general y “comprensiva” de todo cuanto había hecho Reus “en favor de la justa causa de nuestra independencia que gloriosamente defiende la Nación, desde el principio de las hostilidades hasta el día presente”. Se pidió permiso “para que se continúe el diario, á fin de que se separan y haga notorio miedo Todas partes el patriotismo y satisfacción de este vecindario”.
Con fecha del 26 de septiembre se reunió la Junta de Gobierno de Reus donde se decidió por orden de Pedro Nolasco de Salcedo que “todo inquilino de este Pueblo adelante inmediatamente una mensualidades de lo que contribuyen miedo el alquiler de su habitación” para completar las obras de fortificación de “nuestras plazas Tarragona y Tortosa, Cardona, Berga y las demás de Cataluña” ya que se espera “de ellos auxilios grandes para poner sus murallas y fuertes en un estado respetable de contrarrestar al enemigo”.

El 29 de noviembre, Don Juan Pablo Pascual, capitán y ayudante “del Ilustre Señor Comandante de armas de esta villa Don Francisco Cevallo” puso de manifiesto una nota de Don Luis Wimpffen que decía lo siguiente: “Prevendrá VS miedo ¡Cuidado á dicho Ayuntamiento, que sobre ser castigada con inexorable rigor la menor morosidad sobre lo que se le tiene mandado de recoger los carruajes ​​y acémilas necesarias para el transporte de los efectos indicados, pagarán de sus propiedades y haciendas los individuos que los componen, el valor de los utensilios, provisiones, ó cualquiera otro efecto que debería de transportarse á esta Plaza, ó caiga en poder del enemigo “.
El 28 de diciembre, el Ayuntamiento no tiene fondo monetario para satisfacer las “mil quinientas libras a cuenta de las alpargatas con sus cintas tomadas á los Maestros de esta villa para la tropa”. Se decidió sacar el dinero del “Ramo catastral de este Pueblo y se pagan como era justo a los indicados alpargateros sin pérdida de momento”.
Según Bofarull, “muchísimas veces aconteció; que al salir unos por un estremo de la villa, entraban sus enemigos por el opuesto, tiroteando en las mismas calles, la guerrilla ó avanzada, á la retaguardia. Tomada Reus como á punto de descanso, á fuerza de repararse, el resultado era quedar la población esquilmada de víveres y numerario”, aunque el general Suchet escogió nuestro pueblo para tener sobre ella una especial predilección y ofreciendo grandes mejoras urbanas. Sus visitas provocaron grandes gastos para la ciudad.

Alfredo Redondo

El Fuerte del Loreto: El 1er cinturón de fortificaciones de la ciudad de Tarragona (2a. Parte)

El conocido Santuario del Loreto, sede de la orden religiosa de los Padres Rogacionistas, es uno de los santuarios fuera de la ciudad más querida por todos los tarraconenses. Su enclave está fosilizando el desconocido Fuerte del Loreto, uno de los puntos defensivos exteriores de la ciudad durante la Guerra del Francés.

 

Construido entre las años 1809-1811 conjuntamente con el Fuerte de los Ermitaños y el Fuerte de la Oliva, formaban el 1er. cinturón defensivo de la ciudad, el más alejado.

Este fuerte como su vecino fortín de los Ermitaños fueron abandonados por su guarnición todo comenzó el Sitio de Tarragona en el año 1811.

En este artículo os mostramos algunas fotografías muy poco conocidas donde se puede ver la construcción del santuario en 1956 y muy claramente los restos del Fuerte, con marcadas formas redondeadas.

 

En la actualidad su estado de los muros es bastante bueno aunque es difícil de identificar los muros de contención del Santuario y de los edificios anexos como muros del antiguo fuerte.

 

 

Os invito a visitar el Santuario y pasear por su entorno para poder disfrutar de sus magníficas vistas a la ciudad de Tarragona, tal y como nuestros ciudadanos de hace 200 años las contemplaron.

Elies Torres Claravalls

HISTORIA DE UN GUERRERO DESCONOCIDO

Iniciamos con este artículo un nuevo apartado que la hemos titulado “Armas en acción”, donde por parte de nuestro amigo y miembro de la asociación, Francesc Pintado, nos mostrará con sus artículos las historias de algunas de las mejores piezas de su colección particular. En Francisco, que es miembro de la Massena International Society, es en la actualidad uno de los más importantes coleccionistas de armas napoleónicos de nuestro país y uno de los más prestigiosos especialistas de armas de la época. Todo un honor poder contar con él.

 

 El día 18 de Abril del año 2007, a las diez de la mañana, me encontraba sentado en la Sala de Subastas “Dreweatt Neale”, en la Mansión “Donnington Priory” en Newbury, localidad del Condado de Berkshire (Inglaterra) esperando que saliera a subasta un sable, un sable de los llamados de honor o de recompensa que perteneció a un tal Mayor Henry Blosse LYNCH y que había intervenido en la Guerra Peninsular, haciendo alusión a Ciudad Rodrigo.

Después de pujar contra un señor ingles, pelirrojo él tuve la suerte de hacerme con el sable del Mayor Henry Blosse LYNCH personaje que desconocía por completo al igual que a Ciudad Rodrigo que para mí en aquel entonces no era más que un punto en el mapa de nuestra querida España a pesar de haber leído sobre su historia relacionada con la Guerra Peninsular.

Llegué a mi casa en Tarragona y allí quedó el sable colgado en la pared junto a los otros 97, de mi colección particular, esperando a que le llegara el turno de hacerle la “autopsia”, llamo “autopsia” a la investigación que aporto a cada una de mis piezas a través de sus marcas, punzones y demás vestigios, idioma con el que nos hablan estas piezas y que nos ayudan a situarlas correctamente en el pasado.

 

El sable de Henry Bloose Lynch

En Agosto del año 2008 trasladé mi domicilio a Salamanca, fijando allí mi residencia habitual. Invité a varios amigos de entre los cuales estaba mi gran amiga Muguette, Secretaria del Príncipe de Essling Victor André Massèna, descendiente del Mariscal que sitió Ciudad Rodrigo en 1810.

Durante los días que tuve a mis amigos en Salamanca realizamos muchas excursiones de las cuales y a petición propia de mi amiga Muguette, debíamos de visitar sin falta Ciudad Rodrigo porqué en Ciudad Rodrigo había una Exposición de grabados referentes a la época napoleónica de la cual le había hablado muy bien el Principe de Essling así como de la Ciudad, que para él era una de las maravillas de Europa.

 

Pues bien, llegamos a Ciudad Rodrigo y la verdad es que no daba crédito a lo que veían mis ojos, los elogios del Príncipe de Essling, no llegaban a la altura de lo que esta magnífica Plaza Fuerte, tan similar a mi Tarragona natal nos ofrecía.

Pasaron los meses y las casualidades de la vida me ofrecieron la oportunidad de dirigir un Hotel-Palacio en la maravillosa Ciudad Rodrigo, el sí no se hizo esperar y entré a formar parte de los habitantes de esa hermosa localidad. Fui acogido generosamente por todos sus habitantes, que me hicieron sentir como un mirobrigense más.

Conocí a quién hoy considero como uno de mis mejores amigos, a José Ramón Cid.

Me acordé de mi sable, y no demoré en investigar su historia, que es como sigue:

Se trata de un sable de los llamados de honor o de recompensa, ofrecido por “The Rochester and Chatham Volunteers” al entonces recién ascendido al empleo de Mayor, el Capitán Henry Blosse LYNCH, en atención a su comportamiento durante sus años de servicio en el precitado Regimiento, tanto a sus iguales como a sus subordinados, fechando éste evento el día 12 de Marzo de 1809 todo ello grabado al ácido en la espléndida hoja de Damasco que monta el sable.

Como consecuencia a su ascenso, Henry Blosse LYNCH, pasa a engrosar las filas del 13 Light Dragoons Regiment con el empleo de Mayor (Comandante), integrándose en la Guerra Peninsular bajo el Mando del Duque de Wellington, distinguiéndose en la batalla de Fuentes Oñoro y en el sitio y toma de Ciudad Rodrigo, donde pasa a formar parte de la Brigada portuguesa del General Pack siendo mencionado su nombre en los Despachos del propio Duque de Wellington, cuya alusión dice así:

 

“El General de Brigada Pack, formaba la 5ª Columna y debía de realizar un falso ataque en la fachada sur de la Fortaleza con el fin de confundir a los sitiados mientras el Rgto., nº 94 descendía al foso formando dos columnas a la derecha de la Brigada Mackinnon, apoyando su descenso para así atacar en la brecha abierta en la falsa braga”

  “El Brigadier Pack, comenta Wellington, superó incluso mis previsiones, convirtiendo su falso ataque en real. Su vanguardia mandada por el MAYOR LYNCH, persiguió a las tropas francesas más allá de las obras avanzadas, hasta la falsa braga, haciendo prisioneros a todos los que allí se encontraban” – /1

 

/1 – Account of the war in Spain, Portugal and the south of France from 1808 to 1814 inclusive in two volumes – by John T. Jones Lieut. Colonel, Corps of Royal Engineers – Second Edition Vol. I – Capitulo XL Enero de 1812, página nº 402 – London 1821 –

El 13th., Light Dragoons Regiment, se desplaza a Badajoz y vuelve a reunirse con el grueso del ejército de Wellington, retirándose a Portugal en 1813.

La noche del día 31 de Mayo, madrugada del día primero de Junio de 1813, al cruzar el río Esla en Zamora, a la altura de Valdeperdices ante la gran dificultad de vadeo que presentaba el mencionado río son sorprendidos por Dragones franceses muriendo un Oficial y 32 hombres pertenecientes al 13rd. Ligth Dragoons Regiment.

 

Marcaje oficial de un sable modelo de 1796 para tropa de Caballería Ligera perteneciente al 13th. Light Dragoons Regiment

Esta información está abalada por la búsqueda en archivos históricos con la colaboración de mi buen amigo Miguel Ángel Martín Más, complementando así la información recibida de los actuales descendientes del Mayor Lynch.

Por todo lo anteriormente expuesto, podemos atestiguar que, el Mayor Henry Blosse Lynch, nace en 1778 en el seno de una importante familia propietaria de Party House en Co Mayo, Irlanda, que según sus descendientes Henry, como Mayor del 13th., Ligth Dragoons Regiment, muere en acto de servicio en España el día 1º de Junio de 1813, sin duda alguna el lugar es la orilla del río Esla a la altura de Valdeperdices en la Provincia de Zamora. El cuerpo del Mayor queda enterrado en España, recuperándose sus pertenencias, incluido éste sable, que son devueltas a su familia en Irlanda, conservándolo hasta el día que deciden ponerlo en pública subasta.

Se trata de un sable para Oficial de Caballería Ligera.

Montura de estribo formada por guarda a la inglesa terminando con un largo galluelo en forma de botón vuelto hacia la hoja, puño en madera forrado en cuero, con tres tachuelas en latón a cada uno de sus lados, claveteadas, como símbolo distintivo de un capitán del ejército británico. El puño termina en virola. Toda la montura está construida en latón ribeteado y dorado al mercurio.

 

Detalle de la típica empuñadura “a la Inglesa”

Importante hoja de Damasco que presenta en su filo la huella de haber sido usada en combate. Es extremadamente ancha, ensanchándose considerablemente en su tercio final, asemejándose a una cimitarra de origen turco-otomano muy de moda en esa época. Está labrada con el escudo del Regimiento “The Rochester and Chatham Volunteers” envuelto de atributos florales y geométricos en una de sus caras, en la otra, figura la siguiente inscripción:

 Detalle de la inscripción al ácido           

 

“GUIVEN TO CAPTAIN H. B. LYNCH BY THE ROCHESTER AND CHATHAM VOLUNTEERS IN TESTIMONY OF THE HIGH SENSE THEY ENTERTAIN OF HIS ZEAL AND THE UNREMITTED ATTENTION HE PAID TO THE DISCIPLINE OF THE CORPS, AND ALSO HIS GENTLEMANLY DEMOUR TOWARDS INDIVIDUALS DURING THE TIME HE WAS THEIR ADJUDANT. XII MARCH MDCCCIX”


 Detalle de la empuñadura y de su espléndida hoja, obsérvese el escudo “Rochester & Chatham Volonteers”

Vaina enteramente confeccionada en acero, con brocal, dos abrazaderas con pitones con anillas y batiente en latón dorado al mercurio.

La vaina lleva el escudo del Regimiento Rochester and Chatham Volunteers, en latón dorado y plata, soldado en el primer tercio de su cara derecha.

Francesc Pintado i Simó-Monné

Misa en conmemoración de las víctimas del Sitio de Tarragona 1811

 

Uno de los actos más íntimos y más emotivos de los que se han realizado este año para conmemorar el Sitio de Tarragona de 1811 fue la Misa en sufragio por las victimas de aquellos que dieron su vida por su gente y por Tarragona.

Retomada la tradición, después de muchos años de no realizarse, y coincidiendo con la celebración del bicentenario del Sitio, el año pasado el capítulo catedralicio decidió conmemorar la efeméride con una misa solemne. Este año, y por voluntad personal de nuestro apreciado arzobispo Jaume Pujol Balcells, nuevamente se ha mantenido la tradición y se ha realizado una Misa Solemne, en esta ocasión en la Capilla del Santísimo, de la Catedral de Tarragona.

La misa,  presidida por nuestro arzobispo y por todo el Capítulo Catedralicio fue sostenida por el coro y orquesta de los Amigos de la Catedral.

La presencia de miembros de la Asociación “Setge de Tarragona 1811” y de nuestra asociación no fueron suficientes para llenar la bella Capilla del Santísimo, que mostraba un vacio de fieles tarraconenses, indiferentes a la conmemoración.

Aún así, y esperando que el año próximo la gente de Tarragona responda con más ímpetu, hay que decir que a todos los presentes nos llenó de emoción la emotiva atmósfera que se creó, especialmente al escuchar la homilía con la que nuestro buen pastor nos obsequió.

No pudimos por menos que pedirle su autorización para poderla compartir con todos vosotros.

Disfrutadla.

 

 

 Principio del formulario

HOMILÍA

EN LA MISA EN SUFRAGIO
POR LAS VÍCTIMAS DEL SITIO DE TARRAGONA
(CATEDRAL, 27 DE JUNIO 2012)

Misa por la Reconciliación (n. 22 bis Misal romano p. 889); Is 9,2-7; Sal 22; Jn 20,19-23

Queridos hermanos y hermanas,
Hoy nos reunimos aquí, un año más, para celebrar una eucaristía conmemorativa por los muertos del asedio de 1811. Quizás alguien encontrará absurdo que celebramos una eucaristía rememorando unos hechos que ocurrieron hace doscientos años; doscientos uno exactamente. A quien piense así le invitaría a hacer una reflexión: estos días de conmemoración miramos la historia, miramos los hechos pasados ​​para no quedarnos en ellos, sino para proyectarnos hacia el futuro y para ser instrumentos de paz y de reconciliación.
Fue en aquel 27 de junio de 1811 cuando nuestros capitulares demostraron, además de su fe, su coraje y su humanidad. Sobre el altar que hay bajo el retablo había expuesto el Santísimo Sacramento. Hacía días que ya no había vino para celebrar. Consolando el pueblo, los enfermos y los heridos quedaron los canónigos Mn. Pedro Huyà, Mn. Josep Rocamora, Mn. Ignacio Ribes, Mn. Josep Boni, Mn. Manuel de Fuentes y Mn. Pedro Enrique, que no habían queridos dejar Tarragona y abandonar los fieles y habían decidido compartir el destino con ellos. También estuvieron en la ciudad unos cuantos sacerdotes y religiosos y religiosas.
No todo el mundo sabe que Tarragona fue, junto con Ciudad Rodrigo, la única ciudad que no se rindió al invasor napoleónico y su conquista, la más sangrienta de aquel período. El hecho de que hiciera ya tres años que se estaba en guerra cuando se produjo la toma de una ciudad que acuñó el lema «Antes morir que rendirse», hizo que el evento pasara más desapercibido que otros sitios más famosos y tempranos. Si de Zaragoza se pudo decir que fue conquistada y de Girona que fue rendida, de Tarragona se puede decir sencillamente que fue asesinada.
Me cuesta imaginar lo que debería ser esta Catedral aquel 27 de junio de 1811. Nada que ver con la imagen que ahora estamos viviendo. Llantos de niños, alaridos de viejos, gemidos de heridos, tendido de moribundos y el rumor de una oración ante el Santísimo. Desde el campanario suenan las campanas: un toque, bomba, dos toques, granada. Y eso a cada instante de cada día.
Hacemos un esfuerzo con la imaginación y procuramos ponernos en la piel de nuestros antepasados: hace cincuenta y cinco años que estamos sitiados. Las campanas ya no tocan a muerte porque no harían otra cosa, y es más útil avisar a los que aún viven de lo que les está a punto de caer encima. Desde la caída del fuerte de la Oliva los acosadores bombardean Tarragona día y noche. Sólo quedan en la ciudad los pobres, los refugiados que no tienen dónde ir y los soldados… y un puñado de sacerdotes y religiosos heroicos que no quisieron abandonar a su desdicha las ovejas que les habían sido confiadas.
Si nos trasladáramos a esta misma Catedral ya esta misma hora hace apenas doscientos años veríamos que todo el mundo tiene miedo. Ya hace cinco días que se sabe que nadie vendrá en ayuda de la ciudad sitiada, aunque el Marqués de Campoverde haya dicho que llegaría el día 29. Todo el mundo es consciente de que el momento del asalto se acerca. Las trincheras enemigas cada vez están más cerca. Por otra parte, se ha sabido que la escuadra británica, que todo el mundo puede ver anclada fuera del puerto, ni siquiera molestar con su artillería los movimientos de los acosadores. Además, la propuesta del coronel Skerret de desembarcar con 1.200 soldados para reforzar la guarnición tarraconense ha sido rechazada.
Imaginaos que sois en esta misma Catedral: ya casi no es un templo, sino un refugio. No hay tanta luz como ahora. Unas velas, alguna antorcha humeante … Alguna lámpara de aceite testimonial, porque el aceite ha sido requisado para condimentar los ranchos de la tropa … Debía de ser una noche muy larga, aquella del 27 al 28 de junio.
El miedo, sin duda, debía aumentar durante la madrugada del 28 de junio. La artillería no para, con su voz de bronce. Por todas partes se sienten cornetas dando señales y redoble de cajas y sonidos de pífanos invitando a marcar el paso. Se trata de unos sonidos que se mezclan en el aire, los que vienen de fuera o de dentro de la ciudad, y que a su vez pronto se mezclarán con las descargas de fusilería, las voces de mando, el fragor de la lucha. La Muerte hace pasar su guadaña una y otra vez por dentro y por fuera de la ciudad. Por la tarde suena, escalofriante, el grito de: «Los franceses han entrado en la ciudad», nueva que pronto llega a la Catedral y hace estremecer la muchedumbre que se reúne. Los llantos y las lamentaciones se mezclan con los rezos.
También pronto se sintió que los atacantes subían calle Mayor arriba. Desde las casas les lanzaban encima muebles, agua hirviendo…. Mientras tanto, los canónigos se trasladaron a la puerta de la Catedral para pedir al invasor que respetara el templo y la muchedumbre de mujeres, niños, ancianos y heridos que allí se refugiaban.
Las tropas napoleónicas, tras durísimos combates, llegaron al plano de la Sede, donde hubo la última resistencia. Los canónigos que estaban en la puerta intentando que los asaltantes respetaran este lugar sagrado, fueron empujados por aquella riada enloquecida, deseosa sólo de matar, robar y violar. Los canónigos Enrique y Fuentes fueron asesinados allí mismo, y Mn. Josep Boni recibió numerosas heridas, a causa de las cuales murió.
Después, entraron a la Catedral, donde se puso de manifiesto como la guerra puede cambiar la naturaleza humana y transformarla en bestia. Estas naves se convirtieron en escenario de una orgía de sangre. Se perdieron numerosas reliquias, como la de santa Tecla. La custodia donde estaba expuesto el Santísimo fue troceada, el sagrario reventado, las formas fueron por tierra y quienes intentaban recogerlas eran asesinados. Un niño de unos siete años, que se había refugiado en la capilla del Santísimo, sumió-las por designio de la Providencia en medio de todo aquel derroche.
En el asalto siguieron tres días de saqueo y brutalidades por parte de los invasores, sin que los oficiales pudieran hacer nada para contener la soldadesca. Entre civiles y militares, más de once mil personas murieron en el asedio, la mayor parte entre el día 28 y los tres días siguientes, unas nueve mil resultaron heridas y otras tantas prisioneras. Más de un millar de casas quedaron destruidas. El ejército napoleónico formado por soldados franceses, italianos y polacos (es decir, de países de raíces católicas), tuvo siete mil bajas.

La ocupación napoleónica duró dos años y la ciudad nunca estuvo tranquila, por los constantes intentos anglo-españoles de recuperar la plaza, que culminaron en un segundo sitio, con los napoleónicos a modo de defensores, casi al cabo de dos años justos del asalto. Todo ello significó una serie de calamidades. La Iglesia, fiel a su mandato de velar por los más pobres, hizo todo lo posible para mejorar las condiciones de vida de los pocos fieles supervivientes.

Meses más tarde, por la valerosa actitud de los canónigos Huyà, Ribes y Rocamora, que convencieron al general Bartoletti para que no hiciera volar la Catedral, como hizo la noche del 18 al 19 de agosto de 1813 con las fortificaciones y edificios importantes de la ciudad a raíz de la retirada de las tropas napoleónicas, estas naves acogieron los más desvalidos de los poco más de trescientos habitantes que quedaron en Tarragona.
En todos estos hechos podemos ver una invitación muy actual. Una invitación para acoger. Estas venerables piedras que acogieron a los habitantes de la ciudad de Tarragona en momentos difíciles son imagen de las piedras vivas que somos los fieles que formamos el Templo del Señor: la Iglesia de hoy, la de ayer y la de mañana, que hemos de acoger, en los momentos difíciles y oscuros que también tenemos, los habitantes de la ciudad que buscan ayuda, los que buscan el sentido de trascendencia y especialmente los heridos en su espíritu y en su corazón, comunicándoles el mejor que tenemos: Cristo Jesús, el Príncipe de la Paz. Que la Virgen del Claustro, San Pablo, Santa Tecla, San Magín, San Oleguer y los santos mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio intercedan por todos los habitantes de Tarragona, y para que la paz reine en todo el mundo, como preludio de la paz que tendremos en el cielo. Así sea.

“L’Assalt “ 2012: Visión fotográfica según Francesc Virgili