Reus durante la guerra del Francés. 1810

 

A las 8 de la mañana del día 5 de enero, se convocó en Reus, la junta parroquial para la elección de un diputado por las Cortes Generales, en la parroquia de San Pedro, inaugurando el acto de una misa y sermón.

El 19 de marzo debido a la progresiva invasión francesa de las principales ciudades del Principado, se establece en una de las salas de la casa común, la Junta Suprema del Principado formada por “Seis vocales, tres Secretarios, ochos oficiales y dos Porteros y casa para tener sus sesiones y el Despacho de sus oficinas”.
El 30 de marzo, la población quedó completamente ocupada por fuerzas francesas, mientras los miembros del Ayuntamiento estaban ausentes por el cumplimiento de un orden superior, así mismo, el jefe francés nombró una comisión de las personas que habían quedado, que acompañada de una porción de capitanes, fueron una por una por todas las casas, cogiendo todos los víveres, y exigiendo con fecha del 7 de abril, “Ocho mil duros en efectiva, que miedo temor á las amenazas de saqueo, fue preciso aprovecharon “.
El 8 de abril, el Ayuntamiento volvió a la ciudad después de que a consecuencia de la circular del 19 de febrero que obra por traslado en “el libro copiador” de comandos de este común, teniendo que marcharse del pueblo “en treinta del expirada marzo miedo haberse verificado en este día la invasión o entrada de los enemigos en el pueblo”.
El 22 de julio se sortearon 180 hombres para trabajar en las obras de fortificación de Tarragona y 18 para completar el número de soldados del somatén en Falset.
En fecha del 18 de agosto, la villa fue visitada otra vez por los franceses donde “imponen gruesas Cantidad y basta la realización del pago, encarcelan á unos en clase de rehenes y á Otros bajo el carácter de ser promovedores de jaranas y Movimientos populares”.
El 25 de agosto, los franceses llevarse a casi todos los individuos del Ayuntamiento y se acordó nombrar algunos individuos para ayudar a los dos concejales que se quedaron, Don Sebastián Torroja y Rabassa y Don Antonio Sardá y Avilés.
El 26 de agosto, los nuevos concejales escribieron al General en Jefe del Ejército y Principado de Cataluña donde le hacían saber que la gente fue tomada por los franceses “fueron prendidos, habiendo experimentado todas las amenazas propias del fervor enemigo que pretende subyugarnos y sido conducidos con fiero aparato entre los horrores de la noche por una escolta de más de dos mil hombres a un campamento que exhiban el lugar del suplicio de donde el amanecer del día de ayer continuaron en ser conducidos por su ruta con el mismo aparato”. Se pidió un rescate de “treinta y cinco mil duros” por los representantes, pero ante la negativa a pagar, se les dejó en libertad pero muchos de ellos estaban enfermos y tenían “Síntomas de una existencia comparable con la misma muerte lenta, especialmente los individuos del Ayuntamiento regresados ​​. Ante esta situación, los nuevos concejales decidieron continuar sus funciones de gobierno.
El 28 de agosto, la Junta recibe una carta de Enrique de Lamas donde se comunica que los enfermos y heridos que han dejado en el municipio los enemigos “pertenecientes a apoyo Ejército” deberán ser atendidos por la gente del pueblo.
En respuesta a esta petición, el 29 de agosto se reunieron los miembros del Ayuntamiento y decidieron acatar la orden recibida: “fuere suelto unanimamente el que se cumplimentase digo Superior disposición en el modo y forma que en la misma se expresa”. Se decidió “proceder inmediatamente á un reparto o derrama entre suspensión vecinos”. Participaron todos los procuradores o prohombres de los Gremios de Reus: Francisco de Bofarull y Buenaventura Sabater (nobleza), Juan Carey y Joaquim Grau i Duran (comerciantes), Joan Sardà y Amorós y Josep Pasqual (hacendats), Francesc Gaspar y Pablo Sardà ( comerciantes de pesca salada), Juan Macaya, Francisco Margenaz, Tomás Broca y Francesc Tarragó (exgremiats), Mariano Rocamora, Josep Artés, Pedro Gras y Josep Manresa (facultativos y artistas) y Onofre Bonano y Esteban Nogués (expatriados).
Acordaron lo siguiente: “Que los Procuradores ó Prohombres de las indicadas Corporaciones, que puede ser pobres ó por falta de los debidos conocimientos en la materia (…) por algún impedimentos legitimo no pudiesen asistir a la Tasación, puedan en cualesquiera de estos casos, nombrar individuos de suspensión respectivos gremios, para que desempeñar suspensión encargos en calidad de sustitutoria Suyo (…) que puedan Reducir el número de los elegidos, a Ochoa ó más individuos que tengan á bien para acero la Tasación, Previo los conocimientos que vuelven particularmente (…) y últimamente consultados Todos los Señores consecuentes á este actora miedo motivo de la Expresión en el precitado oficio de VE sobre estar en el concepto de que este Pueblo recibió obsequiosamente al ejército francés, y á fin de manifestarle apoyo ascendrado patriotismo acreditación por todo Estilos y en todo tiempo, nada menos que supone adhesiones a la justa causa de Nuestra independencia que gloriosamente defiende La Nación “ . También se pidió “una representación u oficio exponiéndole la equivocación (al General en jefe), la legal e inexpresable conducta de este Pueblo… informándole contra la misma villa y á medida de apoyo antoja, lo que no Tiene sombra de verdad”.
En este mismo día, 29 de agosto, fueron inscritos todos los hombres solteros y viudos sin hijos, entre los 18 y 40 años, y tras el sorteo correspondiente resultaron incorporados al ejército español un total de 200 reusenses.
El 10 de septiembre, quedaron elegidos Josep Brocà y Jové, Francisco de Paula Borras, Josep Maria Sunyer, Pablo Torroja, Pedro Odena, Sebastián Torroja, Pablo Sardà, Pablo Juncosa, José de Gavaldà y Domingo Ferrer para firmar un manifiesto general y “comprensiva” de todo cuanto había hecho Reus “en favor de la justa causa de nuestra independencia que gloriosamente defiende la Nación, desde el principio de las hostilidades hasta el día presente”. Se pidió permiso “para que se continúe el diario, á fin de que se separan y haga notorio miedo Todas partes el patriotismo y satisfacción de este vecindario”.
Con fecha del 26 de septiembre se reunió la Junta de Gobierno de Reus donde se decidió por orden de Pedro Nolasco de Salcedo que “todo inquilino de este Pueblo adelante inmediatamente una mensualidades de lo que contribuyen miedo el alquiler de su habitación” para completar las obras de fortificación de “nuestras plazas Tarragona y Tortosa, Cardona, Berga y las demás de Cataluña” ya que se espera “de ellos auxilios grandes para poner sus murallas y fuertes en un estado respetable de contrarrestar al enemigo”.

El 29 de noviembre, Don Juan Pablo Pascual, capitán y ayudante “del Ilustre Señor Comandante de armas de esta villa Don Francisco Cevallo” puso de manifiesto una nota de Don Luis Wimpffen que decía lo siguiente: “Prevendrá VS miedo ¡Cuidado á dicho Ayuntamiento, que sobre ser castigada con inexorable rigor la menor morosidad sobre lo que se le tiene mandado de recoger los carruajes ​​y acémilas necesarias para el transporte de los efectos indicados, pagarán de sus propiedades y haciendas los individuos que los componen, el valor de los utensilios, provisiones, ó cualquiera otro efecto que debería de transportarse á esta Plaza, ó caiga en poder del enemigo “.
El 28 de diciembre, el Ayuntamiento no tiene fondo monetario para satisfacer las “mil quinientas libras a cuenta de las alpargatas con sus cintas tomadas á los Maestros de esta villa para la tropa”. Se decidió sacar el dinero del “Ramo catastral de este Pueblo y se pagan como era justo a los indicados alpargateros sin pérdida de momento”.
Según Bofarull, “muchísimas veces aconteció; que al salir unos por un estremo de la villa, entraban sus enemigos por el opuesto, tiroteando en las mismas calles, la guerrilla ó avanzada, á la retaguardia. Tomada Reus como á punto de descanso, á fuerza de repararse, el resultado era quedar la población esquilmada de víveres y numerario”, aunque el general Suchet escogió nuestro pueblo para tener sobre ella una especial predilección y ofreciendo grandes mejoras urbanas. Sus visitas provocaron grandes gastos para la ciudad.

Alfredo Redondo

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