Pan y algarrobas

Entre los documentos del fondo del Ayuntamiento de Cambrils relacionados con la Guerra de la Independencia hay una orden y una súplica relacionada con los abastecimientos de guerra, que se conserva en legajo Memoriales (1750-1812).

Hasta la época contemporánea, los municipios estaban obligados a contribuir a alojar las tropas, tanto en lo referente a ubicarlos físicamente-en casas particulares o bien en cuarteles-como alimentar a los soldados y los animales y dotarlos de objetos como mantas y colchones. Para cubrir las necesidades y gastos que todo ello generaba, era frecuente que cada uno pidiera ayuda a los municipios vecinos.
En enero de 1812, del Ayuntamiento de Cambrils recibió la orden de entregar a Reus-probablemente para el alojamiento de soldados-una serie de artículos que triplicaba las aportaciones que habían hecho hasta entonces. Asimismo, el día 19, el factor Joaquín Rigalt-un cargo que no hemos podido identificar los ordenaba que “en la mayor brevedad y prontitud debe remitir Todas las algarrobas que se Hall en esa villa, como se Tiene pedido, de las que se pagará apoyo total importe, como se Tiene referida en el Pasado oficio”. Probablemente debido a que la orden repetía una anterior, el castigo que preveía era severo: deberían pagar veinte y cinco libras por cada “cuarto” que faltara. En realidad, sin embargo, la fuerza más grande de la orden derivaba de la conciencia del Ayuntamiento cambrilense, ya que el documento apela a su patriotismo.
Al día siguiente, el Ayuntamiento redactaba una petición en la que se mostraba impotente para cumplir esta orden, ya que declaraba estar “al colmo de la miseria, miedo apoyo mala situación”. Un representante municipal (Juan Inglés, que firma como “Diputado y comisionado de la villa de Cambrils”) argumentaba que las contribuciones de pan y algarrobas que habían hecho hasta entonces ya los habían resultado muy pesadas, pero habían ido cumpliendo. Esta nueva petición, sin embargo, superaba sus posibilidades-el documento dice que triplicaba las contribuciones anteriores-y, además, resultaba injusta porque habían sabido que otros municipios muy poblados contribuían más. Como argumento da un dato demográfica-Cambrils tiene menos de 400 casas, que ligaría fuerza con la cifra de 1.639 habitantes del censo de Floridablanca de 1787 – y dos datos sobre las condiciones de vida de sus habitantes-incluso las casas más ricas están obligados a comer pan de patatas, y la mayoría se alimenta de algarrobas.
Por todo ello, Cambrils pedía no tener que enviar todas las algarrobas que les pedía. La respuesta, sin embargo, fue negativa. El día 21, Pablo Vilar-que probablemente actuaba como secretario de la Comisión Militar-respondía desde Reus que precisamente por la situación en que se encontraban no podían atender la petición cambrilense, pero que la estudiarían tan pronto como fuera posible. Una vez más, el peso de la guerra recaería sobre la población.
 

 

Archivo Municipal de Cambrils

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