Sable para Granaderos a caballo de la Guardia Imperial

Continuando en la línea que empezamos el año pasado, nuestro amigo Francesc nos ha hecho llegar un interesantísimo artículo sobre el sable oficial de unos de los cuerpos más importantes de la Guardia Imperial de Napoleón, los Granaderos a Caballo.

Disfrutadlo.

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Francesc Pintado i Simó-Monné

Massèna International Society

Bessières es destinado a la Península en 1808 para dirigir el 2º Cuerpo de Ejército que ocupa Salamanca, aplastando con sus 14.000 hombres a un Ejército de 40.000 capitaneados por el General Cuesta, en Medina de Rioseco el día 14 de Julio de 1808. Al enterarse Napoleón de esta gran victoria dice “Bessières ha colocado a mi hermano en el Trono de España”.

Mariscal

Mariscal Jean-Baptiste Bessières con uniforme de Mariscal de Campo y Coronel General de la Guardia Imperial – Obsérvese el uniforme de Caballería Ligera y la graduación de Coronel General en el pantalón, así como su sable un autentico “Kiligh” (Cimitarra) Otomano procedente de la Campaña de Egipto.

 Según los informes de un doble-agente que recibe Bessières anunciándole la intención de los Generales Blake y Cuesta de unir sus efectivos, forma un Ejército de 14.000 hombres y 40 cañones y marcha rápidamente con el fin de sorprender a dichos Generales, aproximándose a las posiciones españolas instaladas a los largo de los campos de cultivo de Medina del Río Seco, en la Provincia de Valladolid.

Dentro de las filas francesas formadas por elementos escogidos de entre tres Divisiones había efectivos de una División de Reserva, una División de Veteranos llegada desde Francia y Unidades de la Guardia Imperial llegados desde Madrid.

Ubicado dentro de los efectivos de la Guardia Imperial había un Destacamento de Granaderos a Caballo, curtidos guerreros cuya reputación en combate les precedía, habían actuado en la insurrección madrileña del dos de Mayo y anteriormente en las batallas de Marengo (14.06.1800), Ulm (16-19.10.1805), en las Llanuras de Pratzen en la Batalla de Austerlitz (02.12.1805) y en la Batalla de Eylau (07/08.02.1807).

Granadero

Grenadier à Cheval de la Garde Impèriale.

Hoy se encuentran en Medina del Río Seco, lugar en el que llevan a cargo una de sus más brillantes y decisivas cargas cuando acuden en ayuda de la División Merle, desbaratando a las fuerzas españolas que mantenían en jaque al mencionado General.

En 1809, participan en las Batallas de Aspern-Essling y Wagram (Alemania), regresando a la Península, nuevamente bajo el Mando del Mariscal Bessières en el Noroeste de España.

Después del desastre de Torres Vedras, el Mariscal Massèna es perseguido por Wellington hasta Fuentes de Oñoro, lugar donde son requeridas todas las Fuerzas al Mando de Bessières, pero éste solo se justifica haciendo llegar a la zona a sus Granaderos a Caballo bajo el Mando del General Louis Lepic, quien se niega a obedecer las órdenes del Mariscal Massèna de entrar inmediatamente en combate, alegando que la Guardia Imperial solamente obedece las órdenes directas del Emperador o en su defecto de su Comandante en Jefe el Mariscal Bessières. Los Granaderos no toman parte en la Batalla, permaneciendo en Reserva.

En 1812 los Granaderos a Caballo toman parte en la Campaña de Rusia distinguiéndose en la Batalla de Borodino llamada también Batalla de la Moscowa donde se distinguen en singular carga. Durante los incendios de Moscú, los Granaderos a Caballo hacen las veces de Policía para mantener el orden dentro de la Capital de todas las Rusias. Protegen la retirada del Ejército Francés hacia Polonia, asumiendo también la protección del Cuartel General Imperial, cometido que comparten con Cazadores a Caballo de la Guardia Imperial e interviniendo en la Batalla del paso del Río Bereziná.

Granadero II Imponente, Granadero a Caballo de la Guardia Imperial – Obsérvese el sable origen de éste artículo.

El Regimiento fue informado, que a las 12,55 de la mañana del día 1º de Mayo de 1813 mientras el Mariscal Bessières dirigía una carga en la localidad de Rippach cerca de Wiessenfels una bala de cañón rusa se le lleva la mano y le traspasa el pecho. Napoleón diría después de Waterloo “Si hubiera tenido a Bessières en Waterloo, Mi Guardia habría decidido la Victoria”.

Sabre

Sable para Tropa de Granaderos a Caballo de la Guardia Imperial (3er. Modelo y 2º del Imperio) /Colección Francesc Pintado).

Sable diseñado por Nicolás Noël Boutet (1761-1833) Director Artista de la Manufacture Impèriale d´Armes de Versailles (1792-1818) y Arcabucero del Emperador.

Montura en latón punzonada “Versailles” y “J.C” compuesta por guarda formando plataforma con corto galluelo vuelto ligeramente hacia la hoja, dos gavilanes oblicuos que salen de la guarda para unirse a la plataforma enlazados mediante un círculo que contiene una granada flameante, símbolo de Elite. Puño de madera forrado de espeso cuero reforzado con doble torzal de latón formando espiga, monterilla simple, doble y virola.

Hoja “a la Montmerency”, firmada en su lomo “Manufacture Imperiale du Klingenthal” y fechada en “Septembre 1810”, ligeramente curva de 95 cm., punzonada en su bigotera con los punzones de Bisch (controlador 2ª clase 1809-1824) y de Lobstein (revisor 1804-1820) presenta un tercer punzón, éste ilegible. Filo corrido hasta la punta, lomo cuadrado y contrafilo, vaceada en sus dos caras, presentando sendos canales (uno en cada una de sus caras) a partir de su primer tercio y hasta el inicio del contrafilo.

Vaina confeccionada enteramente en latón, compuesta por brocal dos abrazaderas provistas de pitón con anilla y batiente, éste confeccionado en hierro, La vaina presenta dos orificios en cada una de sus caras, rectangulares con sus extremos redondeados que dejan ver la madera interior de la vaina, forrada de cuero. En su batiente presenta una “V”, de “Verifiè” – Verificado – dando a entender que el producto ha pasado el control de calidad. Lleva también un punzón “J.C” ubicado entre el orificio inferior de la vaina y la segunda abrazadera, punzón éste idéntico al ya mencionado ubicado en el galluelo de la montura.

Este mismo sable equiparía también a los Dragons de la Garde Impèriale ó Dragons de L´imperatrice así como a la Gendarmerie d’Elite.

Detalle

La Granada Flameante símbolo de Elite

Detalle II

Sable y funda – Obsérvese los punzones de Bisch (Controlador de 2ª clase: 1798-1836) y de Lobstein  (Revisor: 1804-1820) presenta un tercer punzón ilegible, ubicados todos ellos en la bigotera de la hoja ésta procedente de la Manufactura Inpèriale du Klingenthal y fechada en Septiembre de 1810, por lo que podemos verificar su autenticidad con los punzones de control y revisión ya que coinciden con las fechas que estuvieron dados de alta Bisch y Lobstein en la mencionada Fábrica en Septiembre de 1810, según documentos de la época consultados.

Soldados en el hospital de Cambrils (1809-1811)

Dentro del grupo de series Beneficencia y asistencia social del fondo del Ayuntamiento de Cambrils, se conserva parte de la documentación generada por el antiguo hospital municipal, que está documentado desde 1440 hasta finales del siglo XX. Se trataba de una institución del tipo habitual en los municipios de época medieval y moderna, que realizaba tanto funciones curativas como asistenciales y estaba ubicado en el extremo de la villa, justo al lado de la muralla.

Uno de los documentos más singulares que se conservan es un cuaderno de registro de enfermos que contiene anotaciones entre el 27 de abril de 1809 y el 23 de marzo de 1811: Archivo Municipal de Cambrils, legajo Hospital del Patriarca San José: registro de los enfermos que entran y los que mueren (1809-1811), sig. top. 298.25.1.
Está formado por 10 hojas encuadernados de papel (de 21 cm de alto y 14,75 cm de ancho) y unas cubiertas de papel azul más grueso. Contiene 56 registros de entrada, escritos uno debajo del otro en orden cronológico y con una estructura muy similar: nombre del enfermo, oficio, población, fecha de ingreso y causa. Los cambios de letra se ve claramente que iban apuntando cada enfermo a medida que ingresaba y que reservaban un espacio en blanco donde, después, anotaban el momento en que iba o moría.
Algunos de los registros corresponden a soldados, que presumiblemente participaban en las operaciones de la guerra, hay que notar que estos registros están escritos en castellano-en algunos casos, copian claramente la autorización de traslado que el soldado llevaba-, ​​mientras que los de pacientes civiles son en catalán. En la primera página del cuaderno leemos este registro:

«Regimiento de Húsares españoles, 7 Compañía. El Húsar Mauricio Sanches, de dicha, pasa hoy día de la fecha al Hospital de Caridad de esta villa a curarse de sus dolencias.

Cambrils, 27 abril de 1809. Ramon Jornet. En lo llit de nº 5».

Más tarde, escrivieron debajo:

«Se a curat de sa enfermetat als 14 dias de haver fet llit, y se a marchat ab sa corresponent alta.»

Entre los soldados que pasaron por el hospital también habia voluntarios, como este que llega en agosto de 1809:

«Llit 5. Se admet en clase de malalt Domingo Cané, voluntari del Tercio de Vallès, 8ª Companyia, en virtut de la baixa fecha 29 dels presents. Firmada Joan Calsada.

Ha marchat lo antedit Domingo, curat de sa enfermedat, als 6 dias setembre.»

El 14 de julio de 1810 ingresaron dos soldados, que venian acreditados con el presente documento:

«Copia de una baja. 2º Batallón, 1ª Sección, 3ª Compañía. Pase al Hospital de esta el soldado de dicha José Norell, llevándose las prendas que al respaldo se expresan. Cambrils 14 julio 1810.- José Coromina.- Con mi intervención, Mariano Brotons. Pase al Hospital de San José.- Gimbernat, administrador.»

«4º Batallón, 1ª Sección, 3ª Compañía. Pase al Hospital de esta plaza el cabo de dicha compañía Francisco Elías, llevándose las prendas que al respaldo se expresan. Cambrils, 14 julio 1810.- José Coromina- Con mi intervención- Bariano Brotons. Pase al Hospital de San José. Gimbernat, administrador.

Murió dicho cabo a las 8 de la mañana del día 16 de dichos mes y año.»

 

También encontramos algunas personas que la guerra había desplazado lejos de sus poblaciones: entre otros, tres miembros de la familia Jardín, que figuran como «expatriados» de Tivissa.
Más penoso aún es el paso por Cambrils de Madalena Vidal, que el 12 de mayo de 1810 entró en el Hospital; el escribano anotó: «diu ser muller de un soldat, y acaba de ser presonera en Zaragoza. Se ha despachat dita malalta ab pase fins a Tortose vuy dia 25 maig».  Noticias como éstas se relacionan tanto con los trasiegos que los conflictos bélicos provocaban en la población civil, como con la posición de Cambrils junto al camino real.
En el documento vemos también que muchos de los ingresados ​​morían, sin duda por la precariedad de las condiciones higiénicas y de los medios de curación. Las anotaciones de las defunciones están señaladas al margen con unos signos que las hacen visibles a simple vista: en las primeras se dibujaron dos tibias entrecruzadas, más adelante añadieron una calavera y finalmente lo sustituyeron por una cruz.

Archivo Municipal de Cambrils

 

Pan y algarrobas

Entre los documentos del fondo del Ayuntamiento de Cambrils relacionados con la Guerra de la Independencia hay una orden y una súplica relacionada con los abastecimientos de guerra, que se conserva en legajo Memoriales (1750-1812).

Hasta la época contemporánea, los municipios estaban obligados a contribuir a alojar las tropas, tanto en lo referente a ubicarlos físicamente-en casas particulares o bien en cuarteles-como alimentar a los soldados y los animales y dotarlos de objetos como mantas y colchones. Para cubrir las necesidades y gastos que todo ello generaba, era frecuente que cada uno pidiera ayuda a los municipios vecinos.
En enero de 1812, del Ayuntamiento de Cambrils recibió la orden de entregar a Reus-probablemente para el alojamiento de soldados-una serie de artículos que triplicaba las aportaciones que habían hecho hasta entonces. Asimismo, el día 19, el factor Joaquín Rigalt-un cargo que no hemos podido identificar los ordenaba que “en la mayor brevedad y prontitud debe remitir Todas las algarrobas que se Hall en esa villa, como se Tiene pedido, de las que se pagará apoyo total importe, como se Tiene referida en el Pasado oficio”. Probablemente debido a que la orden repetía una anterior, el castigo que preveía era severo: deberían pagar veinte y cinco libras por cada “cuarto” que faltara. En realidad, sin embargo, la fuerza más grande de la orden derivaba de la conciencia del Ayuntamiento cambrilense, ya que el documento apela a su patriotismo.
Al día siguiente, el Ayuntamiento redactaba una petición en la que se mostraba impotente para cumplir esta orden, ya que declaraba estar “al colmo de la miseria, miedo apoyo mala situación”. Un representante municipal (Juan Inglés, que firma como “Diputado y comisionado de la villa de Cambrils”) argumentaba que las contribuciones de pan y algarrobas que habían hecho hasta entonces ya los habían resultado muy pesadas, pero habían ido cumpliendo. Esta nueva petición, sin embargo, superaba sus posibilidades-el documento dice que triplicaba las contribuciones anteriores-y, además, resultaba injusta porque habían sabido que otros municipios muy poblados contribuían más. Como argumento da un dato demográfica-Cambrils tiene menos de 400 casas, que ligaría fuerza con la cifra de 1.639 habitantes del censo de Floridablanca de 1787 – y dos datos sobre las condiciones de vida de sus habitantes-incluso las casas más ricas están obligados a comer pan de patatas, y la mayoría se alimenta de algarrobas.
Por todo ello, Cambrils pedía no tener que enviar todas las algarrobas que les pedía. La respuesta, sin embargo, fue negativa. El día 21, Pablo Vilar-que probablemente actuaba como secretario de la Comisión Militar-respondía desde Reus que precisamente por la situación en que se encontraban no podían atender la petición cambrilense, pero que la estudiarían tan pronto como fuera posible. Una vez más, el peso de la guerra recaería sobre la población.
 

 

Archivo Municipal de Cambrils

El Castillo del Patriarca

Ambrosio Domingo en uno de sus artículos nos cuenta brevemente la historia de este magnífico y desafortunado castillo.

 

No hay posiblemente casi nada que recuerde el castillo del Patriarca. La bajada que en rememoraba el nombre se rotulado hace unos años con el nombre del recordado tarraconense nacido en la calle Mercería, Fray Francisco Iglesias Domingo, de quien aún conservo unas estampas de Tierra Santa que en alguna de sus visitas a su amada Tarragona dejó en casa de mis padres en venir a saludarlos.
El gran edificio del castillo abarcaba desde la calle Mercería hasta gran parte de las calles de las Cocas, del de San Lorenzo y de la bajada Nueva del Patriarca. Su construcción fue iniciada en el siglo XII por el arzobispo Bernat Tort, que la edificó hasta la altura del segundo piso, y fue terminada por el también arzobispo Bernat de Olivella en el siglo XIII. El resultado fue una inexpugnable y señorial fortaleza en la que habitaron todos los prelados de la Sede Tarraconense hasta comienzos del siglo XIX, cuando el arzobispo Romuald Mon se trasladó al nuevo palacio durante su prelatura.

 

Según se sabe, en el castillo del Patriarca había varias torres distribuidas en diferentes ángulos del edificio. Fue en una de estas torres donde permaneció durante unos días el rey de Francia Francisco I, cuando fue hecho prisionero por los tercios castellanos en la célebre batalla de Pavía el 24 de febrero de 1525. La escuadra que trasladaba el rey a Valencia por mar se vio obligada a refugiarse en el puerto de nuestra ciudad debido a un gran temporal hasta que, al llegar la calma, pudieron continuar el viaje.


Al respecto de la presencia del rey francés el cronista Blanch cuenta, entre otras muchas cosas, un evento que estuvo a punto de ocasionar un conflicto. Al tercer día de la llegada del rey-era domingo-, el trasladaron a la Catedral para oír misa, y como la misa mayor ya se había terminado el arzobispo Pedro Cardona mandó que se oficiara otra. Al terminar, quizás porque no vieron demasiada seguridad donde lo tenían, lo mudaron a otra torre del castillo. Al llegar la noche los soldados que lo guardaban, descontentos porque los debían tres pagas, pidieron cobrarlas al Virrey que los mandaba, y lo hicieron con tanta violencia que prendieron fuego y quemaron las puertas. Se les prometió pagarles al día siguiente y los soldados se conformaron a pesar de percibir sólo una parte del dinero. Por otra parte, se sospechó que este tipo de revuelta del organizaron algunos partidarios del rey francés con el fin de liberarlo. El martes siguiente, entre las cinco y las seis de la mañana, el rey volvió de nuevo a la Catedral para oír misa dicha por un cura francés y, una vez acabada la ceremonia, se lo llevaron al puerto para embarcar en un barco.

Durante el período de la guerra de la Independencia, y debido al numeroso incremento de soldados, el castillo del Patriarca (y también el de Pilatos) fue destinado a servir de alojamiento a las tropas francesas. Posiblemente fue esta circunstancia la que dio lugar a que fuera dinamitado el 19 de agosto de 1813 al evacuar la ciudad los franceses. Cuentan los historiadores que el general Bartoletti puso tanto interés en hacerlo desaparecer que, en palabras del canónigo Huyà, las detonaciones de las minas hicieron tanto estruendo “que hasta el pavimento en que nos hallábamos hizo conmover; vimos las llamaradas de fuego y comprendimos que aquel robusto monumento había dejado de existir”.

 

Del formidable castillo sólo quedaron un montón de escombros, de las cuales tenemos constancia en el dibujo de Vicens Roig (Vicente). El edificio se terminó de derruir totalmente cuando el año 1825 se destinó el solar a la edificación de casas particulares.

 

Una contribución cambrilense a la fortificación de Tarragona

 

Entre los escasos documentos de los fondos del Archivo Municipal de Cambrils relacionados con la Guerra del Francés y, más concretamente, con el asedio que sufrió la ciudad de Tarragona el año 1811, hay uno de los oficios que forman el legajo Correspondencia sobre el servicio de bagajes (1781/1903), dentro del grupo de series Servicios militares del fondo del Ayuntamiento de Cambrils.

El oficio transmite una orden del gobernador de Tarragona, el general Bertoletti (la lectura del nombre es dudosa), dirigida al Ayuntamiento de Cambrils. Concretamente, el gobernador manda a los concejales cambrilenses que al día siguiente a las 5 de la mañana envíen a Tarragona un convoy formado por ocho hombres y dos carros. Los hombres deben ser útiles para el trabajo y se les destinará a hacer de peones: unos deben llevar arados, otros palas y los otros senallones. Sobre los carros, se especifica que cada uno debe llevar tres mulas para estirarlos. Además, tres días más tarde también deben enviar a Tarragona veinte y cinco quintales de cal.
La contribución de Cambrils no consistirá sólo en trabajo, equipamiento y materiales (personas, carros, herramientas y cal) sino también en dinero, ya que tendrá que pagar los jornales.
El convoy se pondrá a las órdenes del Capitán de Ingenieros, que encontrarán ante el convento de San Francisco, en la Rambla Vella. Aunque el documento no lo dice expresamente, se entiende que en este punto de reunión llegarán también convoyes equivalentes exigidos en otros municipios del corregimiento, ya que la misma orden se debía enviar a otros ayuntamientos.
También se puede suponer que todo el contingente trabajará en la reparación de las fortificaciones y / o las vías públicas de Tarragona (el documento sólo dice que trabajan “en esta plaza”), que debían estar bastante perjudicadas tras los enfrentamientos de la guerra y, más concretamente, del asedio de la ciudad del año anterior.
Este no era el primer contingente que Cambrils enviaba a Tarragona, ya que el documento incluye una posdata dando libertad a los carros y peones que trabajaban hasta entonces.
No era una orden extraordinaria. A lo largo de la historia de nuestro país han sido habituales las contribuciones de los municipios a obras públicas de carácter general, obligados por el rey o sus representantes. Los hombres y materiales de los municipios eran exigidos para reparar caminos, carreteras y murallas, sobre todo cuando se daban circunstancias especiales como la visita del rey-cuando había que arreglar los caminos por donde debía transitar-o bien en contexto de guerra, cuando había hacer trabajos de fortificación preventivos o de reparación de los daños que los combates habían podido provocar sobre las defensas.
A lo largo de los siglos, los ejemplos son innumerables: desde el derecho señorial-en época medieval y moderna-de exigir a los vasallos obra de muro y reparación de murallas, hasta las brigadas de trabajadores que durante la Guerra Civil de 1936-39 fueron construir “a obra de villa” nidos de ametralladoras de costa, búnkeres y refugios antiaéreos.
En el caso del orden de 1812 que comentamos, el contexto bélico es bien evidente, no sólo por los hechos que la preceden sino por la resistencia que deja entrever el documento, si hemos de hacer caso del tono duro con que está redactada. Incluye dos amenazas dirigidas a los Ayuntamientos para asegurar su cumplimiento. La primera intenta evitar la picaresca de enviar hombres inútiles para el trabajo, que mermaría el impacto sobre la mano de obra y la capacidad de defensa del municipio. La segunda, quizás añadida personalmente por el gobernador o por alguien muy cercano a él-está escrita en francés y en la misma letra de la firma-es más genérica y amenaza con medidas rigurosas.
Para terminar, señalaremos que este es uno de los documentos de la época de la dominación francesa sobre nuestro territorio que, como es lógico, están parcialmente escritos en francés o bien incluyen expresiones de origen francés e italiano (estas últimas, probablemente derivadas del alcance paneuropeo del Imperio Napoleónico) en el redactado.
Esta es la transcripción íntegra de la orden:

El documento En la cara verso, que una vez doblado el oficio servía como exterior, figura en la            parte superior:

                ”Service Militaire Prepé (¿).
Debajo figura el nombre de los destinatarios:

                ”Aux Magficiens les Membres composants l’Agiuntamento [sic] de Cambrills”.

 

Al margen inferior izquierdo, la autoridad que emitía el oficio:

“Le General Gouverneur de Tarragone”.
En la cara recto está el contenido del oficio:

               

                ”Tarragona  13 de  mayo 1812

 

Señor alcalde, y Ayuntamiento de Cambrils

 

Para mañana a las cinco de la mañana [inicialmente decía “tarde” pero esta corregido] me mandarán 8 hombres, 2 carros, con tres mulos cada carro. El punto de rehunión será en la Rambla, delante San Francisco, donde encontrarán el Capitán de Ingenieros para dar las disposiciones necesarias.

Los peones deven venir una parte con aradas, una con palas, y otra con capazos.

Deverán trabajar quatro días, y en el caso de continuar, se avisará un día antes para el relevo. Toda esta gente deve ser pagada por la población a un jornal regular, y así se castigará severamente el Ayuntamiento que enviare gente inútil.

Dentro de tres días deven también remitirme 25 quintales de cal.

Quedan responsables los individuos del Ayuntamiento del cumplimiento de esta orden. No se disimulará el más pequeño defecto.

El General de Brigada, barón del Imperio, Governador de la provincia de Tarragona.

[Debajo, escrito con otra letra:] “[Veyez?] que l’Ajuntamento ne n’obligarà pas a prendre des mésures rigoureuses pour être obei exactement”

[Debajo, con la misma letra de la frase anterior, hay la firma, seguramente autógrafa:] “Le General Bertoletti”

 

El documento lleva esta postdata, en el margen inferior izquierdo: ”Postdata. Los carros que actualmente trabajan en esta plaza, mañana por la mañana quedan libres y se marcharán cada uno en sus casas, junto con los peones.”



Archivo Municipal de Cambrils. Fondo Ayuntamiento de Cambrils. Legajo Correspondencia sobre el servicio de bagajes (1781/1903). Sig. Top. 326.8

Archivo Municipal de Cambrils

 

Reus durante la guerra del Francés. 1810

 

A las 8 de la mañana del día 5 de enero, se convocó en Reus, la junta parroquial para la elección de un diputado por las Cortes Generales, en la parroquia de San Pedro, inaugurando el acto de una misa y sermón.

El 19 de marzo debido a la progresiva invasión francesa de las principales ciudades del Principado, se establece en una de las salas de la casa común, la Junta Suprema del Principado formada por “Seis vocales, tres Secretarios, ochos oficiales y dos Porteros y casa para tener sus sesiones y el Despacho de sus oficinas”.
El 30 de marzo, la población quedó completamente ocupada por fuerzas francesas, mientras los miembros del Ayuntamiento estaban ausentes por el cumplimiento de un orden superior, así mismo, el jefe francés nombró una comisión de las personas que habían quedado, que acompañada de una porción de capitanes, fueron una por una por todas las casas, cogiendo todos los víveres, y exigiendo con fecha del 7 de abril, “Ocho mil duros en efectiva, que miedo temor á las amenazas de saqueo, fue preciso aprovecharon “.
El 8 de abril, el Ayuntamiento volvió a la ciudad después de que a consecuencia de la circular del 19 de febrero que obra por traslado en “el libro copiador” de comandos de este común, teniendo que marcharse del pueblo “en treinta del expirada marzo miedo haberse verificado en este día la invasión o entrada de los enemigos en el pueblo”.
El 22 de julio se sortearon 180 hombres para trabajar en las obras de fortificación de Tarragona y 18 para completar el número de soldados del somatén en Falset.
En fecha del 18 de agosto, la villa fue visitada otra vez por los franceses donde “imponen gruesas Cantidad y basta la realización del pago, encarcelan á unos en clase de rehenes y á Otros bajo el carácter de ser promovedores de jaranas y Movimientos populares”.
El 25 de agosto, los franceses llevarse a casi todos los individuos del Ayuntamiento y se acordó nombrar algunos individuos para ayudar a los dos concejales que se quedaron, Don Sebastián Torroja y Rabassa y Don Antonio Sardá y Avilés.
El 26 de agosto, los nuevos concejales escribieron al General en Jefe del Ejército y Principado de Cataluña donde le hacían saber que la gente fue tomada por los franceses “fueron prendidos, habiendo experimentado todas las amenazas propias del fervor enemigo que pretende subyugarnos y sido conducidos con fiero aparato entre los horrores de la noche por una escolta de más de dos mil hombres a un campamento que exhiban el lugar del suplicio de donde el amanecer del día de ayer continuaron en ser conducidos por su ruta con el mismo aparato”. Se pidió un rescate de “treinta y cinco mil duros” por los representantes, pero ante la negativa a pagar, se les dejó en libertad pero muchos de ellos estaban enfermos y tenían “Síntomas de una existencia comparable con la misma muerte lenta, especialmente los individuos del Ayuntamiento regresados ​​. Ante esta situación, los nuevos concejales decidieron continuar sus funciones de gobierno.
El 28 de agosto, la Junta recibe una carta de Enrique de Lamas donde se comunica que los enfermos y heridos que han dejado en el municipio los enemigos “pertenecientes a apoyo Ejército” deberán ser atendidos por la gente del pueblo.
En respuesta a esta petición, el 29 de agosto se reunieron los miembros del Ayuntamiento y decidieron acatar la orden recibida: “fuere suelto unanimamente el que se cumplimentase digo Superior disposición en el modo y forma que en la misma se expresa”. Se decidió “proceder inmediatamente á un reparto o derrama entre suspensión vecinos”. Participaron todos los procuradores o prohombres de los Gremios de Reus: Francisco de Bofarull y Buenaventura Sabater (nobleza), Juan Carey y Joaquim Grau i Duran (comerciantes), Joan Sardà y Amorós y Josep Pasqual (hacendats), Francesc Gaspar y Pablo Sardà ( comerciantes de pesca salada), Juan Macaya, Francisco Margenaz, Tomás Broca y Francesc Tarragó (exgremiats), Mariano Rocamora, Josep Artés, Pedro Gras y Josep Manresa (facultativos y artistas) y Onofre Bonano y Esteban Nogués (expatriados).
Acordaron lo siguiente: “Que los Procuradores ó Prohombres de las indicadas Corporaciones, que puede ser pobres ó por falta de los debidos conocimientos en la materia (…) por algún impedimentos legitimo no pudiesen asistir a la Tasación, puedan en cualesquiera de estos casos, nombrar individuos de suspensión respectivos gremios, para que desempeñar suspensión encargos en calidad de sustitutoria Suyo (…) que puedan Reducir el número de los elegidos, a Ochoa ó más individuos que tengan á bien para acero la Tasación, Previo los conocimientos que vuelven particularmente (…) y últimamente consultados Todos los Señores consecuentes á este actora miedo motivo de la Expresión en el precitado oficio de VE sobre estar en el concepto de que este Pueblo recibió obsequiosamente al ejército francés, y á fin de manifestarle apoyo ascendrado patriotismo acreditación por todo Estilos y en todo tiempo, nada menos que supone adhesiones a la justa causa de Nuestra independencia que gloriosamente defiende La Nación “ . También se pidió “una representación u oficio exponiéndole la equivocación (al General en jefe), la legal e inexpresable conducta de este Pueblo… informándole contra la misma villa y á medida de apoyo antoja, lo que no Tiene sombra de verdad”.
En este mismo día, 29 de agosto, fueron inscritos todos los hombres solteros y viudos sin hijos, entre los 18 y 40 años, y tras el sorteo correspondiente resultaron incorporados al ejército español un total de 200 reusenses.
El 10 de septiembre, quedaron elegidos Josep Brocà y Jové, Francisco de Paula Borras, Josep Maria Sunyer, Pablo Torroja, Pedro Odena, Sebastián Torroja, Pablo Sardà, Pablo Juncosa, José de Gavaldà y Domingo Ferrer para firmar un manifiesto general y “comprensiva” de todo cuanto había hecho Reus “en favor de la justa causa de nuestra independencia que gloriosamente defiende la Nación, desde el principio de las hostilidades hasta el día presente”. Se pidió permiso “para que se continúe el diario, á fin de que se separan y haga notorio miedo Todas partes el patriotismo y satisfacción de este vecindario”.
Con fecha del 26 de septiembre se reunió la Junta de Gobierno de Reus donde se decidió por orden de Pedro Nolasco de Salcedo que “todo inquilino de este Pueblo adelante inmediatamente una mensualidades de lo que contribuyen miedo el alquiler de su habitación” para completar las obras de fortificación de “nuestras plazas Tarragona y Tortosa, Cardona, Berga y las demás de Cataluña” ya que se espera “de ellos auxilios grandes para poner sus murallas y fuertes en un estado respetable de contrarrestar al enemigo”.

El 29 de noviembre, Don Juan Pablo Pascual, capitán y ayudante “del Ilustre Señor Comandante de armas de esta villa Don Francisco Cevallo” puso de manifiesto una nota de Don Luis Wimpffen que decía lo siguiente: “Prevendrá VS miedo ¡Cuidado á dicho Ayuntamiento, que sobre ser castigada con inexorable rigor la menor morosidad sobre lo que se le tiene mandado de recoger los carruajes ​​y acémilas necesarias para el transporte de los efectos indicados, pagarán de sus propiedades y haciendas los individuos que los componen, el valor de los utensilios, provisiones, ó cualquiera otro efecto que debería de transportarse á esta Plaza, ó caiga en poder del enemigo “.
El 28 de diciembre, el Ayuntamiento no tiene fondo monetario para satisfacer las “mil quinientas libras a cuenta de las alpargatas con sus cintas tomadas á los Maestros de esta villa para la tropa”. Se decidió sacar el dinero del “Ramo catastral de este Pueblo y se pagan como era justo a los indicados alpargateros sin pérdida de momento”.
Según Bofarull, “muchísimas veces aconteció; que al salir unos por un estremo de la villa, entraban sus enemigos por el opuesto, tiroteando en las mismas calles, la guerrilla ó avanzada, á la retaguardia. Tomada Reus como á punto de descanso, á fuerza de repararse, el resultado era quedar la población esquilmada de víveres y numerario”, aunque el general Suchet escogió nuestro pueblo para tener sobre ella una especial predilección y ofreciendo grandes mejoras urbanas. Sus visitas provocaron grandes gastos para la ciudad.

Alfredo Redondo

El Fuerte del Loreto: El 1er cinturón de fortificaciones de la ciudad de Tarragona (2a. Parte)

El conocido Santuario del Loreto, sede de la orden religiosa de los Padres Rogacionistas, es uno de los santuarios fuera de la ciudad más querida por todos los tarraconenses. Su enclave está fosilizando el desconocido Fuerte del Loreto, uno de los puntos defensivos exteriores de la ciudad durante la Guerra del Francés.

 

Construido entre las años 1809-1811 conjuntamente con el Fuerte de los Ermitaños y el Fuerte de la Oliva, formaban el 1er. cinturón defensivo de la ciudad, el más alejado.

Este fuerte como su vecino fortín de los Ermitaños fueron abandonados por su guarnición todo comenzó el Sitio de Tarragona en el año 1811.

En este artículo os mostramos algunas fotografías muy poco conocidas donde se puede ver la construcción del santuario en 1956 y muy claramente los restos del Fuerte, con marcadas formas redondeadas.

 

En la actualidad su estado de los muros es bastante bueno aunque es difícil de identificar los muros de contención del Santuario y de los edificios anexos como muros del antiguo fuerte.

 

 

Os invito a visitar el Santuario y pasear por su entorno para poder disfrutar de sus magníficas vistas a la ciudad de Tarragona, tal y como nuestros ciudadanos de hace 200 años las contemplaron.

Elies Torres Claravalls

Los últimos días del Sitio de Tarragona de 1811 (4a. Parte i última)

28 DE JUNIO

Al amanecer del 28, después de enviar un parlamentario, que fue rechazado por conservarse todavía alguna esperanza de socorro que procuraba Contreras alimentar en la guarnición, comenzaron aquellos a batir en brecha el cuerpo de la plaza, principalmente la cortina del frente de S.Juan, junto al ángulo entrante donde se une con el fuerte de S.Pablo, a 30 toesas de distancia, con 14 piezas de a 24 en cada batería. Nuestro fuego fue tan vivo y acertado, y tan descubierto estaba el enemigo, que a las dos horas pudo publicarse para alentar a los defensores, que los contrarios tenían ya desmontadas 7 de sus piezas. A las diez incendió una bomba enemiga el repuesto de pólvora de Cervantes, inutilizando completamente tan desgraciado incidente la defensa de aquel angostísimo punto, donde perecieron muchos de nuestros valientes soldados. A las dos de la tarde nuestros fuegos se habían debilitado extraordinariamente, aunque el ánimo de las tropas permanecía inalterable en medio del estrago.

La brecha empezaba a ser practicable a las primeras horas de la tarde, pues aunque solo se había desmoronado el merlón y poco más de la cortina batida, podían entrar ya ocho hombres de frente por la abertura, facilitando el acceso la falta de foso y los mismos escombros. Sabiendo el francés la llegada de la división inglesa, y que no andaba lejos el ejército español de operaciones, apresuró la acometida y lanzó sus tropas a la brecha sin esperar a que estuviera del todo practicable.

Contreras, que al principio había tratado de resistir a todo trance, trató ya a las primeras horas de los progresos del enemigo, de poner en salvo la guarnición, aunque para ello fuera necesario hacer un supremo esfuerzo. La operación era en verdad arriesgada, y exigió mucho tino y firmeza. Ya los sitiadores tenían tomados todos los pasos, y sobre el camino real de Barcelona, en los puntos del Ermitaño, Loreto, Olivo y mamelones inmediatos a dicho camino habían apostado destacamentos considerables y firmes en sus posiciones. El embarque estaba del todo interceptado por las baterías del puerto que impedían la aproximación de los buques, pudiendo solo de noche arrimarse a la playa alguna que otra lancha para el transporte de heridos. No era posible pues verificar la salida sino por el espacio que media entre Constante y el Olivo, inclinándose hacia el pie de este fuerte para tomar prontamente la dirección de las montañas del Vendrell.

Los enemigos no podían presentar por este lado un frente de 6000 hombres, por tener repartidas sus fuerzas, unas observando a Campoverde, otras, ciertamente las más respetables, en la marina, destinadas para el asalto y auxiliarle, y las demás de observación en diferentes puntos, distantes de la plaza sobre el camino de Reus, en el Coll de Balaguer y otros varios. Examinóse detenidamente este paso, con presencia de un croquis topográfico que se formó, se previeron las dificultades que podía ofrecer la retirada por aquel punto, y se dispuso verificar la salida a la primera hora de la noche del mismo infausto día 28 de junio, hora en que se calculó que habrían los imperiales aportillado el muro batido, y se arrojarían al asalto a fin de ocultar su fuerza real y su verdadero objeto; en cuyo instante principiaría la guarnición a desfilar por entre Costantí y el Olivo, de suerte que por mucha prisa que los enemigos se diesen no podrían presentar un frente capaza de detener a los españoles.

La guarnición debía salir en tres secciones. La de vanguardia fuerte de 1500 soldados, mandada por el coronel Roten; la segunda o del centro, de 2000 hombres a las órdenes del general Courten, y la tercera regida por el coronel Eguaguirre, compuesta de 2900 infantes, entre ellos 400 granaderos, que después de haber esperado en la plaza a los franceses, debían retirarse en escalones, en tanto que 1000 cazadores de la misma porción esparcidos sobre el flanco izquierdo harían fuego contra los enemigos de la primera paralela, y los 1500 restantes seguirían en columna cerrada a las precedentes secciones. No había que temer por esta parte el fuego del cañón del Olivo, ni el de la batería, situada en el puente del camino de Reus, aquel por la distancia y ésta por haber sido construida para ofensa de la plaza y tener cerrada toda su circunferencia, a excepción del boquete que miraba al río, lo cual le imposibilitaba por consiguiente ofender a los nuestros en el corto trecho que podía descubrirles, sobre todo en medio de la oscuridad y confusión que en aquellos momentos reinarían. El estado mayor, los equipajes y los utensilios de guerra debían marchar entre la sección del centro y la de retaguardia.
La salida debía verificarse por la poterna de la línea del Rosario que estaba a cubierto de la zanja dirigida al fuerte de Reding, inmediato al acueducto del Olivo. Los oficiales de artillería iban provistos ya de martillos y clavos para inutilizar los cañones que se dejaban en la plaza; pero ignoraban la hora y aún el dia de partida. A las doce se ofició al general inglés Doyle que estaba a bordo de uno de los buques de su nación para que dispusiese la aproximación de algunas lanchas de transporte para el embarque de los heridos. Contreras tenia escrita una carta para Suchet, suplicándole usase de humanidad con los militares y paisanos que a su entrada hallase en la plaza. A fin de no carecer de provisiones se dieron instrucciones reservadas al ministro de la real Hacienda.

El comandante general había puesto en la órden del día, para estimular a la guarnición desanimada con la falta de socorro, que el barón de Eroles iba a llegar de un momento a otro con refuerzos considerables, y que en el interin era preciso defenderse con obstinación y heroísmo.
El coronel Eguaguirre que mandaba desde el dia 25 en la segunda línea que venía a formar el punto de la Rambla, había, con objeto de ganar tiempo y contener un golpe de mano, temible siempre en tan audaz enemigo, sobre todo en el instante de la concertada salida, hecho construir zanjas sobre piedra viva en todas las bocacalles que van a la pescadería y a otros puntos de la ciudad; formó parapetos con pipas y arena, mandó tapiar todas las casas, dándolas comunicación con toda la dirección de la Rambla y abriendo en ellas aspilleras tras las que se colocaron dos batallones de Almería. Hizo derribar la escalera de la torre de Santo Domingo y las de todas las casas de la línea de este convento al objeto de aumentar a los franceses las dificultades, privándoles de que pudiesen de pronto fortificarse a su llegada. Mandó habilitar sobre la puerta de Barcelona un cañón de barbeta para barrer a metrallazos de la línea a los imperiales que se corriesen por la parte de la muralla, cerró una puertecilla que sobre la misma había contigua al convento de S.Francisco; bien que luego la mando abrir el coronel Canaleta a pretexto de que pertenecía aquel punto al distrito de su mando.

Aunque todo estaba dispuesto para la retirada que debía tener lugar a las ocho y media, debía por la premura del tiempo y por exigirlo así la misma operación, defenderse la brecha con el mayor empeño. Con tal motivo arengó Contreras, a las cuatro y media, a los granaderos provinciales de Castilla la Nueva, que en número de 250 estaban en la Rambla, y alentándolos con enérgica voz los condujo a la brecha entusiasmados y exhalando frenéticos vivas. Siguieronle también los del regimiento de Almería, fuerte, como se ha dicho de 900 plazas.

El enemigo tenía envuelta la plaza en un círculo de fuego, con más de 50 baterías, entre ellas la que estaba situada sobre el convento de Capuchinos, y cuyas 8 piezas destinadas a batir en brecha el muro de su frente, ensanchábanlo por momentos con sus incesantes disparos, azotando continuamente los escombros que las ruinas formaban, e impidiendo que hicieran los nuestros reparo alguno. No obstante, con buen número de colchones que de milagro lograron los sitiados proporcionarse, formaron como pudieron espaldones a derecha e izquierda de la brecha. Mandaba en ella el bizarro brigadier D. Pablo Mesina. Era la muralla un antiguo y ruinoso torreón, sin foso, contraescarpa ni camino cubierto, de suerte que los escombros que en las fortificaciones regulares sirven al objeto que se propone el sitiador para cegar el foso y formar la rampa, en esta ocasión casi le aprovechaban para guarnecerse a modo de parapeto. Ya hemos dicho que los fuegos de flanco habían sido apagados a los españoles después de las primeras horas de combate.

Tres veces, a pesar de todo, intentan los franceses, conducidos por los generales Habert, Ficatier y Montmarie, subir a la brecha, pero otras tantas les arroja nuestra metralla a gran distancia. El campo está materialmente cubierto de muertos y heridos. Los enemigos vacilan, rehúsan volver a tentar otra acometida, pero acude en su ayuda la reserva, medio ebria por el vino y el aguardiente con pólvora con que han procurado enardecerla sus jefes; los mismos ayudantes de Suchet marchan a su frente; un batallón de oficiales se lanza el primero al lugar del peligro, para dar ejemplo de valor a los soldados a quienes intimida la enérgica resistencia de los españoles, y la lucha se recrudece más y más. Las primeras filas de los acometientes perecen por entero antes de poner el pié en la rampa; y sin embargo no cesa el oleaje de enemigos, ni basta a contener tanta multitud de asaltantes el redoblado cañoneo con que son recibidos. Al fin, trepando sobre montones de cadáveres de los compañeros que les han precedido, coronan la brecha, la obstruyen, la ganan, la pasan, invaden la cortina y baluarte de S.Pablo, y con la celeridad del rayo se extienden y corren por lo largo del adarve, ciegos de coraje y ansiosos de venganza, a caer por todos lados sobre cuántos puntos estén en el interior del recinto dispuestos a continuar la defensa.


Poco más de las seis serian cuando envueltos por los franceses y batiéndose a la bayoneta con ellos, cejaban fatigados por la calle de S. Juan hacia la Rambla los restos de los granaderos provinciales de Castilla la Nueva y algunas compañías de Almería, disputando a palmo el terreno, precisamente mientras Contreras exhortaba al primer regimiento de Saboya y a otros varios cuerpos. Los soldados empezaban a titubear y desoyendo las voces de sus jefes, se dieron a huir hacia la marina la mayor parte de las tropas. Sostuvieron se con todo, por algunas horas en las casas aspillerazas y en los parapetos de las bocacalles, los dos bizarros batallones de Almansa, que en ellas se hallaban preventivamente apostados, conteniendo el avance francés, pero hiriendo a un mismo tiempo a este y a los nuestros, por cuyo motivo hubo de mandarse suspender el fuego de fusileria, disparando solo los que estaban en la calle.

Mandó entre tanto Eguaguirre a su ayudante Ramos que pasase a la línea de S.Magín y el rosario, a fin de conducir a la Rambla el 3º de cazadores de Valencia; mas ya Courten había cerrado la puerta de S.Magín, lanzando su división contra la columna italiana y cazadores del 24, que por el Loreto, el Ermitaño y la casa del Portazgo, del camino real de Barcelona, bajaban a atacarle.
En la segunda línea se habría prolongado la resistencia, si tan denotados defensores no se hubieran visto de pronto acosados fuertemente por la espalda, a causa de haber los enemigos hallado abierta y desamparada la puertecilla subyacente a la puerta de Reus en la muralla de S.Francisco, que dijimos había mandado franquear de nuevo el coronel Canaleta. Pasando pues desde allí los acometientes a la plazuela de S.Francisco, fusilaban por retaguardia a los soldados españoles que se sostenían en los parapetos de las bocacalles de la Rambla.

La afluencia de tropas enemigas sobre este punto era extraordinaria. Por fin, cerca de 1500 granaderos, entraron en la Rambla sostenidos por cuatro batallones de línea. El combate que allí se trabó fue el más ensangrentado de la jornada. Ya no se disparaban los fusiles, sino que se hería con la bayoneta o con el sable. Barreras llegaban a formar a los vivos los cadáveres de los que sucumbían.
Disminuido considerablemente el número de los nuestros, y atacados con vigor por frente y espalda; prisionera la división exterior que en este tiempo había tratado de abrirse paso en columna cerrada por en medio de las crecidas fuerzas sitiadoras, hacia la parte de Altafulla (El comandante de la derecha que mandaba la línea y fuertes exteriores de aquella parte con unos 3000 hombres que tenia a sus órdenes, y la multitud de gente que huyendo del teatro del horror se unió a su división intentó abrirse paso por el camino de Barcelona. Los franceses previendo sin duda este caso, porque pocos días antes por el mismo habían salido una partida de caballería, a cosa de media hora de distancia habían hecho una cortadura y empalizada que guardaban 2000 hombres con tres piezas de menor calibre. Al llegar nuestra división recibió una descarga de metralla; y vista la dificultad de penetrar se hizo la señal de rendición, pidiendo que a nadie se matase. Accedió el comandante francés, mas no lo cumplió: el ser paisano era delito de muerte para aquellos monstruos. Empiezan luego con el más cruel encarnizamiento a degollar cuantos se conocían tales. Todos hubieran tenido igual feliz suerte a no haberse unos vestido la ropa de los soldados muertos; estos escapando ocultándose por la viñas y montes vecinos, donde aún eran fieramente perseguidos; otros en fin echándose al mar, ahogándose muchos, salvándose solo los que nuestros amigos ingleses con sus botes pudieron recoger.), retirándose los que pudieron verificarlo a las escaleras de la Catedral: postrer baluarte donde habían de espirar las últimas víctimas de Tarragona. Allí les siguieron los enemigos, dueños ya desde ese momento de la plaza. Allí pereció el gobernador de la plaza, D.José González. El comandante general Contreras acabada de ser herido de un bayonetazo en el vientre, mientras pasaba a la puerta de S.Magín con objeto de reunir la gente que pudiese y cargar con ella al enemigo, salvarla durante la noche o emprender la salida rompiendo por medio de los contrarios. Luego corrió la voz de que había muerto, con lo que acabó de hacerse general el desorden.

(A.Blanch, 1863)


El general Habert era el jefe de las operaciones de asalto, quien al efecto había escogido las tropas más aguerridas, formando tres columnas y dos de reserva.
La 1ª columna, al mando del coronel Paul, tenía orden de franquear la `parte de la brecha, tomar hacia la derecha, apoderarse de los baluartes de San Juan, de Jesús y de Cervantes, correrse con la mayor celeridad hacia la puerta de San Antonio y establecerse en ella lo más sólidamente posible, a fin de impedir a los defensores de la plaza la salida hacia el mar.

La 2ª columna, al mando del comandante Felici, había de mantenerse detrás de la 1ª hasta llegar a la brecha, y una vez hubiese llegado la 3ª, que había de dirigirse hacia la izquierda, tenia encargo de ocupar la barriada de la Rambla, dirigirse a la Catedral, apoderarse de ella y rápidamente buscar contacto con la 1ª y 3ª columnas, de las cuales esta última habría ya llegado a la puerta del Rosario y la 1ª a la de San Antonio.

La 3ª columna, mandada por el coronel Ordioni, llevaba la orden de recorrer a la izquierda los muros de la ciudad, apoderarse del bastión y puerta del Rosario y de los fuertes de Reding y San Pedro.
La 4ª columna, a las órdenes del general Ficatier, formaba la primera reserva, y la 5ª y última columna, al mando del general Montmarie, constituía la brigada de observación.

Bianchini, el bravo sargento italiano que alentó a las tropas enemigas a arrollar definitivamente a los defensores, en la última e irresistible oleada, sucumbió en la misma brecha de la muralleta.

La defensa del Portalet estaba confiada a los milicianos con D. Joaquín Fábregas.
(A. Alegret, 1911)

El día 28 de junio, a las cinco de la tarde, los franceses iniciaron el asalto final. La resistencia organizada no se prolongó más de dos horas. Después, los excesos de los vencedores persistieron tres días ocasionando más de 5600 víctimas, entre las cuales por lo menos se contaron 300 niños y mujeres. Toda la ciudad fue pasada a sangre y fuego.

(José Mª Recasens, 1965)

Los botones del uniforme de las Milícias Urbanas de Tarragona

En estos momentos estamos trabajando en el uniforme que llevaba la Milicia Urbana de Tarragona, creadas en 1810 y que desaparecieron durante el Asedio de Tarragona de 1811. Uno de los muchos problemas a la hora de recrear con el máximo rigor histórico estos uniformes es la poca información documental que tenemos sobre ellos.
Uno de los temas, en concreto los botones del uniforme, es un tema totalmente desconocido para todos. Desconocemos si se hicieron botones especiales para estas Milicias. A estas alturas ningún especialista en botones militares nos ha podido decir algo sobre ellos, ni hemos sido afortunados de ver ninguno de ellos.
Pero como nos son necesarios, podemos hacer dos cosas. La primera, poner un botón sin letras ni símbolos o la segunda hacer una hipótesis o una creación nueva en el estilo de la época. Nosotros hemos optado por esta segunda aunque si en algún momento aparece alguno, los cambiaríamos inmediatamente.
El botón que podéis ver en la primera foto está creado a partir de un montaje en photoshop del botón de las Milicias Urbanas de Ciudad Rodrigo.

En este artículo os añadimos algunas muestras de otros botones de la misma época de otros Milicias Urbanas del país.
Nos gustaría que nos dierais vuestra opinión o sugerencias o, lo que sería extraordinario, alguna pista o foto de los botones auténticos de las Milicias Urbanas de Tarragona.

Los últimos dias del Sitio de Tarragona de 1811 (3a. Parte)

17 DE JUNIO

Adelantaron los sitiadores a la zapa volante por el foso del lado derecho de la luneta del Príncipe, hasta el ángulo más avanzado de ella, donde empezaron la tercera paralela en la noche del 17, continuando a la zapa llena contra la media luna del Rey y contra el baluarte de Orleáns, llegando hasta la contra-escarpa. La artillería reparó entre tanto sus baterías, y sobre el terraplén de la luneta del Príncipe emplazó la nº20 con cuatro piezas de 24, destinadas a abrir brecha en el baluarte de S.Carlos. Esta operación fue dificilísima; pues hubo que avanzar el parapeto para dejar sitio a las piezas. Durante la noche del 18 se adelantaron los trabajos de la tercera paralela y se reconoció el foso del baluarte de Orleáns por el Teniente de Ingenieros Wacrauser, decidiendo el comandante general Rogniat construir una bajada subterránea paralela a la contra-escarpa que estaba revestida, juzgándose esta operación menos peligrosa, que hacer una galería blindada, para la cual era preciso destruir antes el revestimiento. El sitiado, en cuanto lo notó, dirigió un fuego terrible contra dichos trabajos, habiéndose contado 37 granadas que cayeron seguidamente sobre el coronamiento de la contra-escarpa. El teniente de artillería, Barbaza, de que ya se ha hecho mérito, consiguió descolgar desde la plaza al foso dos piezas ligeras, que situó a algunos metros de distancia, ametrallando a los trabajadores franceses y obligándoles a suspender su avance, si bien perdiendo 5 de los 8 artilleros que le acompañaban.
(Salas, 1882)
Siguieron los franceses sus trabajos de ingeniería continuando el trazado de la tercera paralela, comenzada el día 17 en el foso del lado derecho de la luneta del Príncipe. Iba dirigida contra la media luna del Rey y el baluarte de Orleáns, hasta cuya contraescarpa llegaron. Al mismo tiempo establecieron una batería de cuatro piezas de a 24 en la luneta del Príncipe, para aplicarla a la ampliación de la brecha abierta en aquel baluarte.
Estos aproches no se practicaron en silencio y con tranquilidad, pues los sitiadores distraían la plaza con fuegos desde distintos sitios. Así, el día 17, según apunta el diario de operaciones de la división Mesina, siguieron tirando bombas y granadas desde la Oliva con bastante actividad.
Contra estas operaciones ejecutadas con tanta perseverancia como habilidad por los ingenieros franceses dirigidos por el experto general Rogniat, los sitiados se defendían con tenacidad. Su artillería bien dirigida causaba daños en las obras francesas, ya volando algunos de sus repuestos, ya destruyendo los parapetos de las baterías y acallando por largas horas los fuegos. Sarsfield, jefe de las tropas que defendían la marina y su arrabal, como ya hemos dicho, no desmayaba en su empeño, multiplicándose para estar presente en todos los lugares de peligro y animar a los defensores con su ejemplo.
Al establecer los franceses las baterías de brecha en su tercera paralela contra los baluartes ya artillados de Orleáns y San Carlos, Contreras hizo levantar atrincheramientos y barricadas para cubrir las brechas que, calculaba, haría practicables muy luego la artillería enemiga. También hizo contraminar el primero de aquellos baluartes y dispuso cuantos preparativos son de suponer para rechazar el ataque que, en la noche del día 20 se veía, más que próximo, inminente.
(Recasens, 1965)

18 DE JUNIO

El 18 había abierto ya el enemigo la tercera paralela, llevando dos ramales de trinchera sobre el ángulo saliente del camino cubierto y sobre el de la media luna; coronó la cresta del glacis y practicó la bajada al foso del baluarte de Orleáns, perfeccionando las demás obras. Contra este ataque se previno Contreras, construyendo detrás de los puntos donde se proponía el enemigo practicar las brechas, los convenientes atrincheramientos, y también hizo contraminar aquel baluarte dejando cargados los hornillos.
(Blanch, 1863)

Adelantando el sitiador sus trabajos, terminó la 3ª paralela en la noche del 18 al 19, y empezó la construcción de una bajada subterránea al foso del baluarte de Orleáns, a lo largo de la contraescarpa que estaba repartida, continuando después a la zapa llena hasta lo alto de la brecha abierta en el muro, cuya peligrosa operación retardó la artillería de la plaza con terrible fuego, pues se contaron 37 granadas seguidas que dieron en el coronamiento de la contra-escarpa, rodando algunas de ellas hasta el fondo de la galería subterránea que hubo el enemigo de abandonar durante muchas horas…..Viendo el teniente de artillería Sr.Barbaza que las piezas de un lado del baluarte de Orleáns no podían funcionar con éxito, se decide a descolgar desde el adarve al foso dos cañones ligeros; los coloca al pié del baluarte y ametralla a los trabajadores a pocos metros de distancia, perdiendo en cambio 5 de los 8 artilleros que le acompañaban.
Los defensores del baluarte de Orleáns, después de una tenaz lucha se retiraron a la plaza, olvidándose de volar la contramina que, con los hornillos cargados, existía en dicha fortaleza, y como consecuencia se retiraron los del Fuerte Real.
(Alegret ,1911)

19 DE JUNIO

Verificóse por el Capitán de Ingenieros francés Marión, en la noche del 19 un reconocimiento en el foso del baluarte de San Carlos, encontrando sin revestir la contraescarpa y con sólo unos 10 pies de profundidad. La misma noche se adelantó mucho también en la bajada al foso del baluarte de Orleáns.
(Salas, 1882)

20 DE JUNIO

En el día 20 se desembocó en el foso del baluarte de Orleáns, continuándose todos los trabajos, avanzando a la zapa llena por la brecha abierta en la falsa braga, y llegando así hasta lo alto de ella. Esta operación de tomar a la zapa una brecha, es digna de ser citada, pues ocurre muy rara vez en los sitios de las plazas. Continuaban los españoles sin descanso un nutrido cañoneo sobre todo los parapetos.
(Salas, 1882)

21 DE JUNIO

Al amanecer del 21 descubrió el sitiador por su derecha, sobre la luneta del Príncipe, una batería de 4 cañones que rompió el fuego contra el fuerte de S. Carlos, siguiendo el resto de las baterías enemigas desmontando el poco resguardo que a nuestras tropas quedaba en los parapetos de Orleáns, luneta del Rey y S. José. Tan vivo fue su cañoneo que a las diez tenían abierta una brecha continuada en toda nuestra línea, habiéndonos desencabalgado las piezas que quedaban en estado de servir. El enemigo siguió arrojando de seis en seis las bombas contra el puerto y la plaza, sin cesar de batir con munición sólida indistintamente.
Había hasta entonces defendido con intrepidez e inteligencia Sarsfield la línea del arrabal, pero habiendo pedido a él o a Roten el general en jefe para confiarle el mando de una división, prefirió Contreras enviarle el primero, según asegura Toreno echando en cara al comandante general la imprudencia de deshacerse en tan críticos momentos de un jefe que tan buenas disposiciones había encontrado. La guarnición sin embargo se creyó abandonada viendo embarcarse precipitadamente a Sarsfield con sus edecanes hacia el cuartel general. Pero ni Contreras fue imprudente ni Sarsfield desertor o cobarde; aunque este último no hubo de ser tan apremiadamente llamado, que no le sirviese de honroso descargo el haberse quedado a combatir aquel día. Campoverde pudo pedir que se le enviase a Roten o Sarsfield, pero es lo cierto que éste se ausentó de Tarragona la tarde del 21, entregando el mando a su segundo el coronel D. José Carles, sin conocimiento de Contreras, y según comunicó éste a la junta superior en su parte del mismo día, “dejándolo todo comprometido”.
Previéndose el asalto fueron reforzados los puntos, hasta donde alcanzaron las tropas de guarnición, no habiendo quedado más reserva que el regimiento de Santa Fe, fuerte en todo de 300 plazas. El brigadier Velasco no ocupó sino más tarde en la marina el puesto que Sarsfield acababa de dejar. Al anochecer avanzó el enemigo bruscamente con gran algazara, cargando en cinco columnas y a un mismo tiempo por S. José, S. Carlos, luneta del Rey y Orleáns, hasta forzar las brechas. Sus tropas eran de refresco y las nuestras fatigadas, sin `poder tomar alimento. Esto hizo que fueran los españoles retirando hacia la cortadura, en donde indudablemente hubieran contenido a los acometientes, o disputándoles cuando menos el terreno con verdadero encarnizamiento, mas dirigiéndose entonces los franceses al fuerte Real, y desplegando sobre la retaguardia de los españoles, fue a estos preciso replegarse sobre la plaza haciendo fuego. Estaban aún en dicho fuerte cargados los dos hornillos que quedaron, con la precipitación de los nuestros, sin encender. Aunque eran poco practicables las brechas, apoderáronse los enemigos por escalada de todos los puntos hasta el fuerte _Real, penetrando en ellos mezclados con nuestros soldados de lo que resultó un degüello espantoso.
Inmediatamente que el comandante general de la plaza, quien se hallaba sobre el segundo recinto y puerta de San Juan, con algunas tropas de reserva, vio venir sobre él confundidos franceses y españoles, conoció que al igual de lo que había sucedido la noche del 16, en la cual se introdujo el enemigo envuelto con nuestros soldados por la puerta de S .José hasta la batería de este nombre, por estar el puente sin levantar, intentaba ahora sacar con parecido intento mayor ventaja, hizo cerrar la puerta que los franceses creían descuidada, sin cuya pretensión indudablemente se hubieran los imperiales introducido en la plaza; gritó al primer regimiento de Saboya, que se formase en batalla al pié del muro, como lo verificó con presteza separándose de los franceses. Luego que estuvo Saboya bajo la protección de los fuegos de la plaza, comenzó ésta un terrible fuego de fusilería y metralla que obligó a los enemigos a retirarse con pérdida horrorosa de muertos y heridos. Un capitán de ellos tuvo la temeridad de llegar hasta la misma puerta con su compañía de granadero, quienes a empujaron con las culatas de sus fusiles; pero empezando por el capitán y el tambor, quedaron muertos casi todos a dos pasos de distancia.
Aunque con denodada oposición enseñoreose el sitiador del arrabal y del muelle, ensangrentándose en el paisanaje, y vengándose en fin, en cuanto pudo destruir, de las pérdidas que había experimentado. Velasco, enviado por Contreras para que se pusiese al frente de las tropas que defendían aquel punto, no llegó sino para presenciar como lo entraban al asalto los imperiales. Saltando por encima de las cortaduras de Cervantes y del Rosario se acogieron a la plaza los fugitivos. El enemigo estableció en seguida en el muelle una batería de un cañón y un obús al efecto de incomodar el nuevo embarcadero del Milagro, por donde se comunicaban con el mar los sitiados, después que no pudieron por el mulle. También con la ocupación del arrabal perdieron estos la fuente que abundantemente proveía a la guarnición y al vecindario; más no experimentaron por eso absoluta falta de agua. Nuestras pérdidas excedieron aquella noche de 500 hombres. La mortandad del ejército imperial fue considerablemente mayor. Contribuyeron a ella los tres navíos y dos fragatas inglesas, y especialmente la aumentaron después de las últimas horas de la noche, disparando contra los trabajadores y tropas que los sostenían, así como contra los que en el arrabal saqueaban las casas abandonadas.
Creyó el francés que solo le faltaba ya alargar la mano para apoderarse de Tarragona, y por demás engreído con su triunfo, hizo señales para ver si tenía el español intención de rendirse; pero con altanero silencio fue su invitación contestada. La impaciencia de Suchet era extremada en efecto. Distintas veces había paseado por Reus una larguísima bandera encarnada con este mote “Viva el emperador”, con intención de enarbolarla aquel día en el baluarte más alto de la ciudad.
Furioso con el silencio de los nuestros, mandó Suchet abrir la misma noche del 21, la primera paralela contra el principal recinto delante del fuerte Real, apoyando su izquierda en el baluarte de Santo Domingo, y prolongando hasta el mar la derecha. Pocas en verdad y flojas eran las obras que le faltaba expugnar, pero fuertes y decididos los pechos que le aguardaban en ellas.
(Blanch, 1863)


22 DE JUNIO

Ayer al amanecer se descubrió por nuestra izquierda una batería de 4 cañones sobre la luneta del Príncipe, la que rompió el fuego contra el fuerte de San Carlos, siguiendo el resto de las baterías gruesas enemigas desmontando el poco resguardo que quedaba a nuestra tropa en los parapetos de Orleáns, luneta del Rey y San José. Fue más vivo de lo que puede explicarse el fuego, tanto que a las 10 de la mañana tenían una brecha continuada en toda nuestra línea, habiéndonos desmontado las pocas piezas que había en estado de servir. El enemigo siguió arrojando de 6 en 6 las bombas contra el puerto y plaza, sin cesar de batir con munición sólida indistintamente.- Previéndose el asalto, se reforzaron los puntos hasta donde alcanzaron nuestras fuerzas, no habiendo quedado mas reserva que el regimiento de Santa Fe, fuerte en todo de 300 plazas.- Al anochecer avanzó el enemigo bruscamente con grande algazara, cargando a un mismo tiempo por San José, San Carlos, luneta del Rey y Orleáns hasta forzar las brechas. Sus tropas eran todas de refresco, y las nuestras contaban ya muchas horas sin un momento de descanso, ni otro alimento que algún trago de aguardiente, y esto en medio del mas horroroso fuego en defensa de las brechas. La referida ventaja del enemigo, la numerosa fuerza que destinó al asalto, y el estado de nuestros soldados los precisaron a estos a irse retirando a la cortadura, desde donde hubieran arrojado al enemigo, o al menos disputado a palmos el terreno; pero habiéndose dirigido este al fuerte Real, y desplegado por nuestra retaguardia, fue preciso a nuestras tropas replegarse sobre la plaza haciendo fuego. Este y el de las murallas, hasta cuya inmediación llegó el enemigo, le obligaron a retirarse con bastante pérdida a la marina y puntos exteriores que había tomado al principio del aproche.- La mayor parte de nuestra artillería que se hallaba desmontada en los citados puntos que forzó el enemigo, fue también clavada, a pesar del obstinado ataque. No debe extrañarse en nada este incidente que no degrada en lo más mínimo el valor de nuestros guerreros, atendiendo a que hacía ya algunos días que todas nuestras obras exteriores formaban una línea de solo ruinas, sin más obstáculo al cañón y bayonetas enemigas, que los pechos de nuestros oficiales y soldados. Inmediatamente que el comandante general de la plaza D. Juan Senén de Contreras oyó el fuego de los puntos atacados, conoció que la intención del enemigo era no solo tomar los fuertes exteriores, sino aprovecharse de la confusión que debía suponer reinaría en el momento de la retirada de nuestras tropas, e introducirse envuelto con ellas en la ciudad como le sucedió en la puerta de San José la noche del 16 que penetró en los mismos términos hasta la batería de este nombre, por haber encontrado el puente levadizo sin levantar. No fue infundado el pensamiento, porque dejándose los enemigos a retaguardia nuestras tropas, y despreciando todos los inconvenientes, avanzaron en pocos momentos con una fuerte columna de granaderos hasta llegar a la misma puerta de San Juan que creían descuidada; pero se equivocaron, porque el comandante general había acudido a aquel punto y mandado cerrar la puerta, guarneciendo la parte inmediata de la muralla con el primer regimiento de Saboya, cuyos fuegos hicieron retroceder al enemigo, dejándose muertos a la misma puertas un capitán, un tambor y muchos granaderos. A pesar de la viveza del ataque, verificado por las mejores y más escogidas tropas del ejército de Suchet, no tuvieron estas grandes ventajas, porque sufrieron una pérdida considerable, y quizás mayor que la nuestra, que lo fue igualmente.
(La Gaceta, 1811)

Nota: “La Gaseta” deix de constatar a partir d’aquest dia els fets final del Setge fins al dia 28. No hi ha cap més referència.

La guarnición no podía hacer las frecuentes y enérgicas salidas que son en tales casos la principal defensa de una plaza, por carecer de obras exteriores donde recogerse en su retirada la tropa, por la falta de un orden regular de fortificaciones y la escasez de puntos de salida, todos los cuales eran batidos de frente por el cañón enemigo, de manera que antes de dejar los españoles los muros habrían ya sido crudamente ametrallados. Solo pudieron mantenerse fuera algunas partidas de tiradores que salían de noche en número de 50 o 60 por las cortaduras del Rosario a la derecha, y de Cervantes a la izquierda.
El enemigo adelantó en los días siguientes sus trabajos, a pesar de la viva oposición de nuestra artillería y fusilería, y a fin de preparar el ataque contra el casco de la ciudad, abrió su segunda paralela a 60 toesas y plantó nuevas baterías de brecha. Los moradores de Tarragona acostumbrados a sortear las granadas y bombas, cuyo disparo les avisaba la campana, apenas recibían daño en sus personas, amparándose de los portales y otros resguardos, y tomando a veces como diversión el peligro. No sucedía así con las tropas que guarnecían las murallas. El daño era en ellas más frecuente e inevitable.
Nuestros soldados, aunque pocos en número y diezmados por la inmediación de los fuegos enemigos, no se desalentaban sin embargo. Su fatiga tocaba ya por otra parte el último extremo de la resistencia. La esperanza de socorro se desvanecía y contribuía al desaliento de algunos pocos que se sustrajeron cobardemente aquellos días a su deber, ya embarcándose con pretexto de acompañar heridos a los buques, ya escondiéndose en un rincón de alguna casa a prueba de bomba sin duda.
La inmediación de los enemigos había apremiado a Contreras a escribir a la superior y al general en jefe apremiando repetidamente el ofrecido auxilio. Pero las avanzadas de las tropas de Campoverde no pasaban de Altafulla y Torredembarra, sin incomodar al sitiador.
(Blanch, 1863)

23 DE JUNIO

Por fin, púsose en movimiento Campoverde el 23, desde Montblanch, donde había algunos días antes trasladado sus reales, hacia Villarodona. Miranda, al frente de la división valenciana que había salido de Tarragona con Campoverde, y 1000 infantes de la de Eroles, con 700 caballos, partió con objeto de embestir los campamentos franceses de Hostalnou y Pallaresos, mientras el general en jefe pasaba a situarse sobre el Catllar, hacia la izquierda, a fin de sostener el ataque, favoreciéndolo además con un amago cuya ejecución estaba encomendada a Torrijos.
El general Suchet, sin separarlas mucho del sitio, reunió en espera de los españoles sus principales fuerzas, creyendo ser atacado por la parte de Vilallonga. Miranda no desempeñó su encargo so pretexto de que no conocía el terreno y alegando dudas y temores que no le ocurrieron la víspera, y para las que no había nueva razón. Lavó hasta cierto punto la mancha D. Juan Caro, de vuelta de Valencia, sorprendiendo y acuchillando en Torredembarra a unos 200 franceses. Más se perdió la ocasión de aliviar a Tarragona, y Campoverde, aunque mal de su grado, tiró la vuelta del Vendrell.
(Blanch, 1863)


24 DE JUNIO

Antes, sin embargo, esto es el 24, creyese en la plaza que Campoverde atacaría aquel día de frente a los sitiadores, según estaba convenido con el cuartel general, del cual por telégrafo debía hacérseles seña que indicase el momento de dar principio a la operación. Sobre 4000 hombres de la fuerza sitiada salieron a las cuatro de la tarde, y apoyándose en el glacis extendieron su línea de batalla sobre el camino real de Barcelona, inmediato a la casa del Portazgo, punto descuida hasta entonces por los enemigos. Hallábase esta tropa escogida entre las mejores de la guarnición, distribuida en dos secciones de 2000 hombres cada una, mandada la primera por el coronel Eguaguirre y por el coronel Roten la segunda, ambas a las inmediatas órdenes del general Courten.
En esta disposición se hallaban aguardando con impaciencia la señal del telégrafo. Pero la señal no se hacía, y los franceses atentos a las bélicas disposiciones de los nuestros, destacaron varias partidas que aceleradamente pasaron de la parte de la marina al ángulo final de la izquierda, centro de las fuerzas superiores que miraba al ejército exterior del principado.
Esta operación que al parecer debía trastornar el plan de ataque, por nuestra parte no produjo otros efectos que el de la exasperación de las tropas. Los jefes, los oficiales y los soldados sabían con evidencia que los franceses no tenían por aquel lado fuerzas capaces de contener el ímpetu furioso con que iban a cometerlos, mientras no abandonasen todos los puntos de la dilatada línea de circunvalación y contravalación. Era de suponer que el ataque de la división de la plaza sería capaz de arrollar cuanto se le opusiese. No se trataba de atacar una batería o tomar un parapeto y volver a la plaza, sino de derrotar al ejército sitiador o a la mayor parte de sus fuerzas, tras lo cual no le quedaba mas recurso que levantar el sitio; empresa ciertamente dificultosa. Después de esperar en vano el convenido aviso, regresaron ya anochecido a Tarragona las fuerzas de Courten, coléricos, furibundos, desesperados, soldados y oficiales. Semejantes decepciones en momentos tan supremos debilitan más a la tropa que la contrariedad de las armas.
(Blanch, 1863)

25 DE JUNIO

A todo esto el vocal de la superior cerca del cuartel general en el Vendrell, D. Valentín Segura, que a pesar de las seguridades que verbalmente le habían dado el marqués, vio que nada se había hecho el 23 ni el 24, y que trascurría el 25 sin que se demostrase mayor actividad, pidió que se formase dentro de cuatro horas un consejo de guerra en el cual se le admitiera, a fin de adoptar la resolución mas conforme a las circunstancias, y resolver si se estaba en el caso prevenido por S.M. las cortes, esto es, que siempre que se tratare de la rendición de una plaza, se diese el mando al jefe que viniera inmediatamente después del que no se viese con ánimo de defenderla, recorriendo grado por grado todos los oficiales del ejército; por parecer que el marqués abandonaba a Tarragona con retirarse al Vendrell.
Convocado el consejo para las nueve de la noche, manifestó Campoverde estar resuelto a todo trance a la defensa de Tarragona, por cuyo motivo no se estaba en el caso de lo que las cortes mandaban; pero que si algún jefe había que se considerase capaz de obrar mejor de lo que él hacía, estaba pronto a entregarle el mando. Abierta la discusión sobre el punto principal, resolviese por fin después de media noche, que supuesto que el recinto de Tarragona no tenia brecha abierta, que la guarnición era escogida y estaba bien dispuesta, bastaba encargar al comandante general del cantón, que hiciese la guerra por las calles a imitación de Gerona y Zaragoza, y que a todo apuro se diese una acción, incomodándose entre tanto al enemigo con toda suerte de hostilidades. Contra lo cual justamente protestó la superior, haciendo estrechísimamente responsables a cuantos jefes firmaron la resolución adoptada, de la pérdida de Tarragona.

(Blanch, 1863)

26 DE JUNIO

Procedentes de Cádiz llegaron el 26 delante de Tarragona sobre 1200 ingleses a las órdenes del coronel Skreet, el cual tomando tierra aquella noche pasó a ofrecer su auxilio al comandante general. Contestóle éste atentamente que si desembarcaba su gente y la entraba en Tarragona sería recibido con alegría general y tratado como merecía, y que eligiese el puesto que prefería defender; pero de ningún modo quería mandarle ni aconsejarle cosa alguna.

(Blanch, 1863)


27 DE JUNIO

Al día siguiente, el 27, pasó Skerret con los comandantes de artillería e ingenieros de su división a reconocer el frente atacado, después de lo cual y conociendo sin duda cuan escasa gloria les aguardaba en punto tan apurado, volvieron se todos a sus navíos, sin dar a la plaza el menor socorro, antes ocasionando con su estéril llegada y su retraimiento gran desaliento en la guarnición, que abandonada de todo auxilio exterior se veía.
El propio día entró el barón de Roles, acompañado del oficial de estado mayor D.Mariano Villa, comisionados por Campoverde para reconocer el estado de las fortificaciones, y habiéndolas visitado detenidamente, e informados de cuanto les convenía, regresaron al cuartel general, donde manifestaron el abatimiento en que se hallaba la guarnición, y que aún cuando el estado y la posición de la plaza ofrecía buena defensa, imitando a Zaragoza y Gerona, creían que según la decadencia de espíritu que reinaba, no se prolongaría como se había esperado; y que aunque lograsen los enemigos abrir brecha en el frente atacado, y el asalto no fuese contenido en el primer recinto, la línea de la Rambla era capaz de sostener un ataque impetuoso.
Consultó Campoverde con los aliados, y de acuerdo con los mismos, atendida la relación que Eroles y Villa acaban de hacer, resolvió abandonar la plaza, sacar la guarnición, unirla al ejército y marchar con rapidez a destruir el bloqueo de Figueras.
Algo había sin embargo de modificarse estos planes. Eroles había ofrecido antes de su salida de Tarragona, como se publicó, que el 29 se daría el ataque tan esperado, a cuyo fin volvería el barón para mandar los 4000 hombres de la guarnición, destinados a embestir por el frente a los imperiales, en tanto que el ejercito de operaciones lo verificaría por ambos flancos y retaguardia. Mas no había aún finido el 27, que entró en la plaza el coronel O’Ronan con orden de Campoverde para sacar 3000 hombres. No pudiendo el jefe de la ciudad eludir tan expreso mandato, consintió a pesar de los aprietos en que se hallaba, en desprenderse del regimiento de Almería, compuesto de 900 plazas, sin el cual debían quedar al descubierto los puntos que ya en 10 de junio manifestaba el marqués a la junta del principado que no podía tan escasa guarnición cubrir militarmente. Pero O’Ronan, por una chocante inconsecuencia, se hizo a la vela sin volver a parecer en busca de la tropa, que dispuesta le aguardó toda la noche junto al fuerte de la Reina.
Durante este tiempo habían los franceses concluido su segunda paralela a 60 toesas del segundo recinto y armado sus baterías.

(Blanch, 1863)