Soldados en el hospital de Cambrils (1809-1811)

Dentro del grupo de series Beneficencia y asistencia social del fondo del Ayuntamiento de Cambrils, se conserva parte de la documentación generada por el antiguo hospital municipal, que está documentado desde 1440 hasta finales del siglo XX. Se trataba de una institución del tipo habitual en los municipios de época medieval y moderna, que realizaba tanto funciones curativas como asistenciales y estaba ubicado en el extremo de la villa, justo al lado de la muralla.

Uno de los documentos más singulares que se conservan es un cuaderno de registro de enfermos que contiene anotaciones entre el 27 de abril de 1809 y el 23 de marzo de 1811: Archivo Municipal de Cambrils, legajo Hospital del Patriarca San José: registro de los enfermos que entran y los que mueren (1809-1811), sig. top. 298.25.1.
Está formado por 10 hojas encuadernados de papel (de 21 cm de alto y 14,75 cm de ancho) y unas cubiertas de papel azul más grueso. Contiene 56 registros de entrada, escritos uno debajo del otro en orden cronológico y con una estructura muy similar: nombre del enfermo, oficio, población, fecha de ingreso y causa. Los cambios de letra se ve claramente que iban apuntando cada enfermo a medida que ingresaba y que reservaban un espacio en blanco donde, después, anotaban el momento en que iba o moría.
Algunos de los registros corresponden a soldados, que presumiblemente participaban en las operaciones de la guerra, hay que notar que estos registros están escritos en castellano-en algunos casos, copian claramente la autorización de traslado que el soldado llevaba-, ​​mientras que los de pacientes civiles son en catalán. En la primera página del cuaderno leemos este registro:

«Regimiento de Húsares españoles, 7 Compañía. El Húsar Mauricio Sanches, de dicha, pasa hoy día de la fecha al Hospital de Caridad de esta villa a curarse de sus dolencias.

Cambrils, 27 abril de 1809. Ramon Jornet. En lo llit de nº 5».

Más tarde, escrivieron debajo:

«Se a curat de sa enfermetat als 14 dias de haver fet llit, y se a marchat ab sa corresponent alta.»

Entre los soldados que pasaron por el hospital también habia voluntarios, como este que llega en agosto de 1809:

«Llit 5. Se admet en clase de malalt Domingo Cané, voluntari del Tercio de Vallès, 8ª Companyia, en virtut de la baixa fecha 29 dels presents. Firmada Joan Calsada.

Ha marchat lo antedit Domingo, curat de sa enfermedat, als 6 dias setembre.»

El 14 de julio de 1810 ingresaron dos soldados, que venian acreditados con el presente documento:

«Copia de una baja. 2º Batallón, 1ª Sección, 3ª Compañía. Pase al Hospital de esta el soldado de dicha José Norell, llevándose las prendas que al respaldo se expresan. Cambrils 14 julio 1810.- José Coromina.- Con mi intervención, Mariano Brotons. Pase al Hospital de San José.- Gimbernat, administrador.»

«4º Batallón, 1ª Sección, 3ª Compañía. Pase al Hospital de esta plaza el cabo de dicha compañía Francisco Elías, llevándose las prendas que al respaldo se expresan. Cambrils, 14 julio 1810.- José Coromina- Con mi intervención- Bariano Brotons. Pase al Hospital de San José. Gimbernat, administrador.

Murió dicho cabo a las 8 de la mañana del día 16 de dichos mes y año.»

 

También encontramos algunas personas que la guerra había desplazado lejos de sus poblaciones: entre otros, tres miembros de la familia Jardín, que figuran como «expatriados» de Tivissa.
Más penoso aún es el paso por Cambrils de Madalena Vidal, que el 12 de mayo de 1810 entró en el Hospital; el escribano anotó: «diu ser muller de un soldat, y acaba de ser presonera en Zaragoza. Se ha despachat dita malalta ab pase fins a Tortose vuy dia 25 maig».  Noticias como éstas se relacionan tanto con los trasiegos que los conflictos bélicos provocaban en la población civil, como con la posición de Cambrils junto al camino real.
En el documento vemos también que muchos de los ingresados ​​morían, sin duda por la precariedad de las condiciones higiénicas y de los medios de curación. Las anotaciones de las defunciones están señaladas al margen con unos signos que las hacen visibles a simple vista: en las primeras se dibujaron dos tibias entrecruzadas, más adelante añadieron una calavera y finalmente lo sustituyeron por una cruz.

Archivo Municipal de Cambrils

 

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Julio Antonio y el Monumento a los Héroes de Tarragona (2 ª Parte)


Continuamos con la reseña que desde el Museo de Arte Moderno de Tarragona nos hacen de la realización del Monumento de los Héroes de Tarragona de 1811, realizada por el escultor Julio Antonio.
El 23 de septiembre de 1910 se pone la primera piedra del monumento a su emplazamiento, en la Rambla de Sant Joan, en el cruce con las calles de Cañellas y de Ixart; en mayo de 1911 ya se había alzado el basamento y la ajardinamiento, pero la enfermedad pulmonar que afectaba Julio Antonio retrasó la ejecución definitiva.


Además, dificultades para la concesión del bronce para la fundición, llevaron a que Julio Antonio no pudiera ver su obra finalizada, ya que murió el 23 de febrero de 1919.

 

Enrique Lorenzo Salazar, dando los últimos retoques antes de realizar la fundición del Monumento, una vez desaparecido el artista Julio Antonio.

 

 Finalmente, en 1920, el Ayuntamiento de Tarragona delegó en el discípulo de Julio Antonio, Enrique Lorenzo Salazar, la responsabilidad de la supervisión de la fundición que se contrata con la empresa Mir y Ferrero de Madrid.


El 9 de febrero de 1922 se muestra por primera vez la obra en el Museo de Arte Moderno de Madrid, antes de su traslado a Tarragona.

 

Tras el éxito conseguido por la escultura en Madrid, resultó incomprensible el posicionamiento de un sector de ciudadanos cuestionando la ubicación de la escultura en la Rambla de Tarragona, las razones eran:

– Que podía restar visualidad y perspectiva al paseo.
– Que la exhibición pública de un grupo escultórico de figuras desnudas podía ofender a los posibles peatones.


La polémica se reflejó con las diversas opiniones en favor y en contra que aparecieron respectivamente en el Diario de Tarragona y La Cruz. El resultado fue la colocación del Monumento al Museo Arqueológico de Tarragona, entonces situado en una parte del edificio Consistorial, en la plaza de la Font de la ciudad.


Sin embargo, una parte de la ciudadanía continuaba pidiendo al alcalde de Tarragona, Andrés Segura y Donato, que el monumento fuera cubierto con un lienzo, y una cantinela, con la música de “Ay madre” corría de boca en boca, ironizando sobre la situación, que decía: Las damas estropejoses al Alcalde han hecho cumplimiento y han dicho al Señor Segura que tape ese monumento.

La instauración de la II República, en 1931 propició la colocación definitiva de la pieza en el lugar que inicialmente se había escogido, y el 24 de septiembre del mismo año se inauguró oficialmente el Monumento en presencia de las autoridades locales de la madre y otros familiares de Julio Antonio.

Julio Antonio y el Monumento a los Heroes de Tarragona de 1811 (1ª. Parte)


Hay que visitar el Museo de Arte Moderno de Tarragona para poder disfrutar de una magnífica exposición permanente sobre la emblemática obra del Monumento de los Héroes de Tarragona de 1811, que fue realizada por el escultor Julio Antonio, así como de la vida y obra de este genial artista.
Os pasamos a continuación una breve reseña que se muestra y que se puede ampliar en la página web del Museo.
El 24 de diciembre de 1909 del Ayuntamiento de Tarragona acordó la realización de un monumento en memoria de los defensores de la ciudad del asedio del general Suchet, en 1811.


El promotor fue Mariano Rius i Montaner, primer Conde de Rius, quien aportó 11.000 pesetas a la iniciativa, mientras el Ayuntamiento de la ciudad en concedía 14.000.


El 11 de abril de 1910, la Corporación Municipal convocó un concurso de carácter restringido para su ejecución, invitando a: Carles Mani, Anselm Nogués y Julio Antonio. El jurado estaba integrado por los escultores Josep Llimona y Miquel Oslé, el catedrático de dibujo del Instituto de Tarragona, Francisco de Cidón, y el historiador Emili Morera.


Julio Antonio fue el artista ganador del concurso con uno de los dos proyectos que había presentado y la noticia se dio a conocer el 9 de abril de 1911. En la memoria del proyecto Julio Antonio escribe: … huyendo de todos los repudiables monumentos a los héroes de la independencia inaugurados efímeramente, en que todo se ha resuelta con escopetas, bozales, espadas, cañones y figuras inverosímiles y de pésimo gusto, he sentido y siento como escultor dar la sensación de heroísmo por medio de la forma desnuda más bella y armoniosa que mí inteligencia y mis fuerzas alcancen.

Una vez terminado el boceto definitivo en bronce, el Ayuntamiento de Tarragona solicitó un juicio del grupo escultórico a Ramón de Valle Inclán y a Julio Romero de Torres, profesores de estética y de vestiduras, respectivamente, de la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid, que lo valoraron como una obra que por su sentido artístico, fuerza emotiva y factura inmejorable, puede considerarse como la más alta representación del arte contemporáneo”.

 

 

 1er. Proyecto de Carlos Mani (1911)

 

 2º Proyecto de Carlos Mani (1911)

 

1er. Proyecto de Julio Antonio (1911)

 

2º. Proyecto de Julio Antonio y ganador del concurso (1911)

Proyecto definitivo de Julio Antonio (1916)

 

Martí Franquès

Antonio Martí i Franquès nace en Altafulla e14 de junio de 1750, hijo de la familia de los Ardenya, de ahí que se le conociera también como Martí d’Ardenya, es un aristócrata tarraconense que supo hacerse un noble entre los científicos más reputados de su tiempo.

Estudiante en la Universidad de Cervera, su preocupación hacia las mejoras en la agricultura y la industria le hizo impulsar en sus dominios avances en la industria del algodón, la alfarería o el cultivo de olivos. Hombre ilustrado y de su tiempo, a rebufo de los aires modernizadores que soplaban impulsados por la Corona durante el reinado de Carlos III, fue el fundador en Tarragona de la Sociedad Económica de Amigos del País en 1786, año en el que también ingresó en la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona.

 

 

Interesado por los estudios del francés Lavoisier, entre 1788 y 1790 realiza los experimentos más importantes de su vida, consistentes en descubrir la cantidad de oxígeno que hay en el aire: cogiendo muestras de aire del Teatro de la Santa Cruz en Barcelona, sito en las Ramblas, publicó su obra Memoria sobre la cantidad de aire vital que se halla en el aire atmosférico y sobre varios métodos de conocerla. La importancia de sus investigaciones lo hará viajar a distintas capitales: lo encontramos en Madrid en 1795, en París y Londres en 1801 y en Berlín en 1805.

Partidario de las teorías del sueco Carl von Linneo sobre la sexualidad de las plantas (había dado a conocer la función de los estambres y pistilos en 1729), teorías que intentaron ser refutadas por otros científicos como el italiano Lazzaro Spallanzani, expone distintos cultivos a varios experimentos (cambios de orientación, forma de plantar las semillas para ver cómo evoluciona la planta, las somete a distintos grados de insolación,…) y confirma la teoría de Linneo en su estudio Experimentos y observaciones sobre los sexos y fecundación de las plantas, publicado en 1791, influyendo postivamente en el ilustre botánico británico Joseph Banks.

 

 

Su fama y su rigor harán que sea llamado por la Academia de Francia y colabore en los estudios para medir el Meridiano de París. Viajero incansable, ve sus obras publicadas en Amsterdam, Bruselas, Londres o París, desde 1798 instala su residencia en su palacio de la calle Santa Ana de Tarragona, donde tendrá no sólo su biblioteca personal sino también un buen laboratorio y una importante colección de minerales. Sus coetáneos le tendrán un gran respeto por su seria metodología así como por su rigor científico.

Su espíritu ilustrado no pudo menos que sentirse contrariado con la invasión de Napoleón y el estallido de la Guerra de la Independencia en 1808. Alistado en las Milicias Urbanas, en el asedio de Tarragona de 1811 su hijo, oficial de las mismas, murió estocando franceses en el Pla de la Seu y él vio como su casa era saqueada y su imponente colección y sus notas eran dispersadas y destruidas, de modo que desgraciadamente sólo han llegado hasta nosotros las notas de los años 1816 a 1826.

 

 

Terminada la guerra lo encontramos promoviendo la carretera entre Tarragona y Lérida, y en 1822 firma un manifiesto por la recuperación de la Universidad de Tarragona, a la vez que realiza un estudio pionero sobre la mejor fecundación de los algarrobos.

Morirá el 20 de agosto de 1832 mientras le leían los Annales de chimie et de physique.

 

Fdo: Paco Tovar

 

Pedro Virgili y Bellver: Cirujano Mayor de la Real Armada Española

Pedro Virgili y Bellver, considerado como el restaurador  i renovador de la cirugía en España en el siglo XVIII i precursor de la floreciente cirugía del siglo XIX., nació el 15 de febrero de 1699 en la población de Vilallonga del Campo (Tarragona). Diferentes autores y diferentes páginas electrónicas como mcn.biografias nos acercan a su importante figura.

Hijo de labradores, comenzó a practicar de barbero y a los catorce años pasó al Hospital de Tarragona como sangrador, donde permaneció un tiempo formándose. Con diecisiete años se fue a Montpellier para estudiar medicina, terminando la especialización  en cirugía con veinticuatro años.

En 1724 ingresó como cirujano en los Reales Ejércitos, cuando ingresó como militar en el Hospital Real de Tarragona; desde allí pasó al de Valencia como practicante mayor. En el Sitio de Gibraltar fue cirujano ayudante en el hospital que se creó en Algeciras, donde pronto ascendió a cirujano mayor. En esta ciudad conoció precisamente al cirujano Jean La Combe, llamado por Felipe V para elevar el nivel de los cirujanos de la Armada. La Combe estaba proyectando en esos momentos la creación de una escuela en el Real Hospital de la Armada de Cádiz, en la que, entre otras cosas, existiría la obligatoriedad de asistir a las demostraciones anatómicas. Virgili encontró tan sugestivo el proyecto, que decidió abandonar el Ejército para pasar a Cádiz a las órdenes del cirujano francés como ayudante de cirujano mayor de la Armada. Viajó de nuevo a París y por tres veces a América, lo que le sirvió para tomar contacto con los problemas reales de un cirujano en un navío.

Se le destinó a una Flota de Indias al mando del teniente general Rodrigo Torres con las que estuvo realizando viajes a Tierra Firme y Nueva España, así como a Cuba, comenzando en el año 1738 y permaneciendo hasta 1740. En el mismo año fue nombrado por Real Cédula Cirujano Mayor de la escuadra, perteneciente al Departamento Marítimo del Ferrol.

En el año 1743 pidió licencia para pasar a París a terminar de perfeccionar sus técnicas, de donde regresó en el año 1745, pasando a demostrar sus nuevos conocimientos y a defensar  la cirugía. Este mismo año, a petición suya, se ordena y obliga a los propietarios y capitanes de los bajeles de Carrera de Indias a llevar en sus viajes al menos un barbero-sangrador por buque.

Real Colegio de Cirugía de Cádiz

En el año 1747, elevó un memorial al rey D. Fernando VI, en el que le indicaba la falta de cirujanos en la Armada, causa por la que un gran porcentaje de muertes se producían por no poder ser atendidos los enfermos. El resultado de esta demanda fue que al año siguiente fundó el Real Colegio de Cirujanos de la Armada, en Cádiz, origen de los otros Colegios de Cirugía que se fueron creando por toda España a partir de ese momento.

Por Real Orden del día cuatro de enero de 1749 se le ascendió a Cirujano Mayor de la Real Armada.

Virgili llegó a ostentar incluso título de nobleza. Debido a su fama, fue llamado en 1758 a la Corte, al principio como médico de la reina Bárbara de Braganza y más tarde del propio Fernando VI. Aunque mantuvo su vinculación con el Colegio de Cádiz, del que continuó siendo director, su estancia en Madrid supuso una disminución de su actividad científica, agravada además por las polémicas con Vicente López surgidas con motivo de la enfermedad de la reina, y las ya antiguas con los protomédicos de la Armada, que querían monopolizar las instituciones profesionales de los cirujanos.

La llegada del nuevo monarca Carlos III fue también al principio negativa para Virgili, que fue jubilado como cirujano de cámara. No obstante, su inactividad fue corta, ya que ese mismo año (1760) proyectó la fundación de un nuevo colegio de cirugía en Barcelona y, pese a la oposición mantenida por la Universidad de Cervera, pudo llevar a feliz término el proyecto, con la ayuda del cirujano de cámara Pedro Perchet. En 1764 se inauguró el Real Colegio de Cirugía de Barcelona, ubicado junto al viejo hospital de la Santa Cruz y con las mismas características estructurales e idénticas actividades que el Colegio gaditano.

 

Real Colegio de Cirugía de Barcelona

Entre sus trabajos de más mérito, estuvo la “Memoria sobre la broncotomía” que en año de 1743, se publicó en París, por la Academia de Medicina y “Compendio del arte de partear” publicada en Barcelona en el año 1765.

Falleció después de una larga inhabilitación por causa de problemas graves reumáticos en la ciudad de Barcelona en 1777.

En 1780, Antonio Gimbernat y Mariano Ribas, discípulos de Virgíli en Cádiz, fundaron el Real Colegio de San Carlos en Madrid, donde también se formaban cirujanos civiles.

Virgili mantuvo vinculaciones muy estrechas con las más importantes figuras científicas del momento, como Antonio de Ulloa y Jorge Juan, y participó activamente en la Asamblea amistosa y literaria que este ultimo fundó en Cádiz. Fue cabeza y maestro de una importante escuela de cirujanos que contó entre sus filas nombres de la talla de Francisco Canivell, Diego de Velasco, Francisco Villaverde, Francisco Puig y, sobre todo, su más inmediato sucesor, en quien culminó la cirugía española del siglo XVIII: Antonio de Gimbernat.

En el año 1893 su retrato fue colgado en la Galería de Catalanes Ilustres del Ayuntamiento de Barcelona.

El hospital militar de Barcelona ha pasado a denominarse Parc Sanitari Pere Virgili, en honor suyo una vez ha dejado las actividades militares para dar paso a actividades civiles.

Lleva su nombre un premio de cirugía otorgado por el Ayuntamiento de Cádiz, la Real Academia Nacional de Medicina y la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz.


En Vilallonga del Campo i gestionado por el Centro de Estudios Doctor Pedro Virgili, está el Museo-Archivo que lleva su nombre y que fue inaugurado en el año 2000. El Museo acoge una exposición permanente dedicada a la cirugía del siglo XVIII y del que hablaremos con mayor extensión en otro artículo de nuestro bloc. 

Bonaventura Hernández Sanahuja (Tarragona 1810-1891)

Uno de los personajes más importantes dentro de la arqueología del siglo XIX, en nuestras comarcas, fue sin duda Bonaventura Hernández Sanahuja. Sirva esta breve biografía para recordar uno de los tarraconenses que nació en plena Guerra del Francés.

Nació en Tarragona el año 1810, en el número 30 de la calle Mercería, hijo de una familia de menestrales y comerciantes. Su padre traslada a Tarragona, desde Barcelona, su negocio de pasamanería.

Cursa humanidades en el Seminario de Tarragona y en la Lonja de Barcelona, estudia también en la Escuela de Dibujo de la plaza del Pallol.

El año 1844 se crea la Comisión Provincial de Monumentos con la finalidad primera de proteger el patrimonio y se funda la Sociedad Arqueológica Tarraconense con interés similar.

El año 1845 Bonaventura Hernández ingresa en la Sociedad Arqueológica y también fue nombrado socio de mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País.

El mes de marzo de 1850 tuvo lugar el encuentro del nombrado sepulcro egipcio, hecho que le llevó a difundir una serie de informes a academias españolas y europeas. Después de una importante polémica Hernández Sanahuja reconsidera su cronología y rectifica las opiniones iniciales.

El año 1851 fue nombrado responsable del Museo Arqueológico y más adelante, el año 1853, la Académia de la Historia, de la cual era miembro desde 1851, le designó Inspector de Antigüedades.

Su cargo y su valía como arqueólogo hicieron posible la salvación de muchos hallazgos, tanto en la Pedrera como en otros sectores. El arqueólogo Hernández veía en el método denominado estratigráfico utilizado por geólogos una forma efectiva de estudiarlos.

Los trabajos de restauración del acueducto de las Ferreres (1854 y 1856), hechos por encargo de la Comisión de Monumentos, le reportaron prestigio internacional.

El año 1870 participó activamente en las acciones llevadas a término por parte de la Comisión de Monumentos y la Sociedad Arqueológica para evitar la destrucción de la muralla romana de Tarragona.

De entre sus obras podemos destacar el Indicador arqueológico de Tarragona (1867), Tarragona en poder de los árabes (1882), Opúsculos históricos, arqueológicos y monumentales (1884), El Pretorio de Augusto en Tarragona (1888), Historia de la antigua ciudad de Tarragona (1891) y el Catálogo del Museo Arqueológico de Tarragona (1894).

José Sánchez Real: Un ilustre tarraconense

Sirva este artículo para homenajear al Profesor Sánchez Real, un incansable investigador con el que tuve la ocasión de colaborar con él en numerosas ocasiones, y que me hizo descubrir el interés por la Tarragona de 1800, muchos años atrás. Entre sus obras más importantes y conocidas sobre este interesantísimo período de la historia de Tarragona podemos destacar la Defensa de Tarragona en 1811 (1982) y Puerto de Tarragona, 1802-1829 (1995).

José Sánchez Real nace en enero de 1918 en Gaucín (Málaga), pasa su infancia en Figueres (Gerona) y su juventud en Málaga y Granada, donde se licencia en Ciencias Químicas en 1940.

En 1943 pasa a ser el catedrático de instituto más joven de España obteniendo la cátedra de química con tan solo 25 años en el Instituto “Antonio Martín Franqués” de Tarragona” trasladándose junto con sus padres y hermana a Tarragona. Inicia su tesis doctoral en 1944 en la Universidad de Barcelona y en el CSIC, bajo la dirección del Doctor José Pascual Vila, aunque durante el verano de 1944 por motivos familiares estuvo trabajando en ella en la Universidad de Granada. El 16-11-1948 defendió la tesis “Obtención de acido ganma-benzoilbutirico y derivados” en la Facultad de Ciencias de Madrid.

En 1956 obtiene la cátedra de didáctica de la química en la Escuela Normal de Tarragona y en 1967 la de profesor en las enseñanzas profesionales (Universidad Laboral de Tarragona). En 1954 obtiene el título de maestro, para complacer los deseos de su padre, profesión esta, la de maestro de primaria, que no llegó a ejercer nunca. En 1950 es nombrado académico de la Real Academia Española de la Historia, en 1954 del Instituto Arqueológico Alemán, en 1985 de la Academia de les Belles Arts de Sant Jordi y en 1994 de la Real Academia de la Cultura Valenciana.

En 1967 se traslada a Valencia donde continúa como docente en el Instituto Isabel de Villena y en la Escuela de Magisterio Ausias March, si bien regresa en vacaciones a Tarragona. Tras su jubilación como docente, por la cual muchos le han conocido como “Profesor Sánchez Real” a principios de los 80 regresa a Tarragona donde continúa su labor como historiador y escritor.

En 1994 es nombrado hijo adoptivo de Tarragona, en 1998 hijo adoptivo de Constantí (Tarragona) y recibe el Premio Servir del Rotary Club de Tarragona.

Los últimos años de su vida los vivió retirado de la actividad docente e investigadora junto a su mujer, hijos y nietos en Valencia.

Falleció a los 90 años de edad rodeado de su familia en Valencia el 25 de abril de 2008.

Publicó más de 1.000, entre artículos y libros, de sus dos grandes pasiones que han sido la enseñanza y divulgación de la ciencia y la investigación histórica. Entre las obras más conocidas podemos destacar: La historia de los hospitales, El brazo de Santa Tecla, Defensa de Tarragona en 1811, La construcción de una campana, El Puerto de Tarragona, y las excavación de la Muralla Romana de Tarragona.

Con la curiosidad como bandera, tras llegar a Tarragona este inquieto catedrático contagió su pasión a otros profesores y juntos se dedicaron a excavar, clasificar y fotografiar todo lo que encontraban en Tarragona y en pueblos de los alrededores como Altafulla, Renau, l´Arboç o Montblanc. El resultado de aquellas expediciones sigue vigente cincuenta y sesenta años después. Que no es poco. Sus estudios abrieron camino y abarcó ámbitos en los que nadie antes había reparado. Hizo las primeras excavaciones estratigráficas de Tarragona en el claustro de la catedral y en la muralla romana. Sánchez Real fue miembro de la Reial Societat Arqueològica Tarraconense y también del Institut d´Estudis Tarraconenses Ramón Berenguer IV. Defendía sus tesis con rigor y propició debates y por encima de todo la reflexión, aunque sus tesis no fueran compartidas por todos y suscitaran, a menudo, controvertidos debates con arqueólogos e historiadores coetáneos. Y no dejó de hacerlo durante décadas. Muchos de sus trabajos  fueron recogidos en su Obra menor, editada por la Diputación de Tarragona, la cual recogía sus primeros artículos publicados en el Diario Español y el Diari de Tarragona. Posteriormente se publicaron cuatro volúmenes más. Siempre dispuesto a librar batalla por aquello en lo que creía, fue sonada su oposición a la construcción del actual centro comercial Parc Central, ubicado sobre una basílica paleocristiana. Aquella lucha la perdió, pero Tarragona le debe mucho a este polifacético químico.

 

Elies Torres Claravalls