La Batalla de Valls (1a.Parte)

PUENTE DE GOI, 25 DE FEBRERO DE 1809   

          

               En los primeros años del siglo XIX, Valls era una villa de unos 9.000 habitantes, con una economía eminentemente agraria, aunque con un importante sector industrial o manufacturero, basado en la industria del aguardiente, de las pieles y del textil . El crecimiento demográfico que había experimentado a lo largo del siglo XVIII, había provocado la expansión urbanística de la villa, superando el antiguo recinto amurallado medieval con la creación de una serie de arrabales que la rodeaban. A ellos hay que añadir el comienzo de la urbanización del camino del Pla, que se convertiría en uno de los principales ejes de la expansión urbanística del Valles del siglo XIX. Con todo, en las primeras décadas del siglo XIX, los arrabales del setecientos y los incipientes calles que arrancaban de estos aún no estaban completamente edificados.

             En las primeras décadas de ese siglo, Valls, así como el resto de Cataluña y del Estado, y de gran parte de Europa, se encontraron inmersos en el contexto de las Guerras Napoleónicas, que en el caso concreto de Cataluña y el resto del Estado convirtieron sus territorios en un campo de batalla entre los años 1808 y 1814, cuando tuvo lugar la Guerra del Francés (este es el nombre con el que se conoce este conflicto bélico en Cataluña, mientras que en el resto del Estado es con el nombre de Guerra de la Independencia). A mediados de 1808, el emperador de los franceses, Napoleón Ier, aprovechó la inestabilidad de la monarquía española para conseguir hacerse con el control de gran parte de la mitad norte de los territorios del Estado y, en último término, con la misma corona, que cedió a su hermano José. Los partidarios del rey Fernando VII (el monarca que sólo hacía unos meses que había llegado al trono, después de obligar a abdicar a su padre, Carlos IV) y gran parte del pueblo se opusieron, protagonizando disturbios contra las tropas francesas que se habían establecido en el territorio, los cuales tuvieron su máximo exponente en Madrid, en la revuelta del 2 de mayo de 1808. A partir de esa fecha, pero sin demasiada conexión con ese hecho, las diferentes regiones que no estaban controladas por el ejército francés se irán levantando contra aquellas tropas y contra José Ier, y de rebote, a menudo también lo harán contra las autoridades de la antigua administración borbónica, que considerarán partidaria del nuevo rey.

Cataluña, que tenía Barcelona completamente dominada por el ejército francés, también experimentó una revuelta generalizada en los territorios que no controlaban los napoleónicos, sobre todo a partir de la primera batalla del Bruc, el 6 de junio de 1808, cuando los somatenes (o sea, los habitantes de una población que se organizaban y salían armados para hacer frente a un enemigo que los amenazara) de varios municipios y un reducido destacamento de soldados derrotaron una columna napoleónica que había salido de Barcelona con el objetivo de castigar la insubordinación de Manresa ya continuación dirigirse a Lleida y Zaragoza. Paralelamente, Valls y muchos otros municipios del Camp de Tarragona y de la Conca de Barberà enviaron sus somatenes a perseguir otra columna francesa que por entonces había entrado en Tarragona, camino de Valencia, y que al conocer la derrota del Bruc se retiró rápidamente hacia Barcelona, ​​enfrentándose constantemente con los somatenes.

A lo largo de aquellos primeros meses de la guerra, surgieron unos nuevos órganos de gobierno, que cubrieron el vacío provocado por el hundimiento de la antigua administración borbónica. Estos nuevos órganos fueron las Juntas, constituyéndose Juntas de Gobierno o de Defensa en prácticamente cada municipio, como fue el caso de Valls, el día 12 de junio, con una Junta que pasaba a asumir las tareas propias del Ayuntamiento y las de defensa y otros aspectos de la villa relacionados con la guerra (como el alistamiento de tropas y el suministro de víveres al ejército). A lo largo de aquellos meses Valls, como muchas otras poblaciones, vivió disturbios protagonizados por las clases bajas de la sociedad, entre los que destacó el que se produjo entre los días 29 y 30 de junio, cuando unos comisionados de Tarragona fueron considerados espías franceses por parte de los vallenses y los vecinos de los municipios cercanos. La Junta de Gobierno local y el resto de autoridades tuvieron graves problemas para proteger los comisionados y para restablecer el orden, lo que no se acabó de alcanzar hasta que llegó un destacamento de tropa desde Tarragona.

En cuanto al conjunto de la guerra, la derrota francesa en la batalla de Bailén (19 de julio de 1808) provocó la retirada de las tropas napoleónicas en la otra orilla del río Ebro, convirtiendo en un fracaso su primer intento de ‘invasión. En Cataluña, las fuerzas napoleónicas, formadas por soldados franceses, suizos, italianos (estos eran los del reino de Italia, que comprendía la mitad norte de la península italiana) y napolitanos, quedaban cerradas en Barcelona y Figueres. Barcelona estaba bloqueada por el ejército de Cataluña, que se conocerá como “Ejército de la Derecha” a partir de los primeros días de octubre de ese año. Este contingente de tropas estaba constituido por regimientos del antiguo ejército regular español que estaban de guarnición en Cataluña y las Islas Baleares, a los que se fueron incorporando otros regimientos procedentes de Valencia, Portugal (estos últimos se trataban de tropas españolas que habían participado en 1807 en la invasión conjunta de ese país con los franceses, y que al estallar la guerra habían quedado prisioneras de sus antiguos aliados), de Aragón y de Granada. Además de los soldados regulares aquel ejército también integraba los tercios de migueletes que se organizaron en Cataluña el verano de 1808, con voluntarios de cada corregimiento. A menudo, los tercios de migueletes, quedaban a medio camino entre los regimientos regulares del ejército y los somatenes.

Ante el fracaso de la primeros invasión, el emperador Napoleón Ier decidió intervenir directamente en España, al frente de un ejército formado por sus mejores tropas. A lo largo de los meses de noviembre y diciembre, Napoleón y sus generales derrotaron sucesivamente todos los ejércitos españoles que intentaron cerrar el paso, hasta que se hicieron de nuevo con el control de la mayor parte de la mitad norte de la Península Ibérica. Napoleón no intervino directamente en Cataluña, sino que lo dejó en manos de uno de sus mejores generales, Laurent Gouvion Saint-Cyr. Este tomó el mando del VII Cuerpo de Ejército Francés, formado por las tropas francesas de la división Souham, las italianas de la división Pino y las napolitanas y francesas de la división Chabot, que en agosto de 1808 se concentraron en Perpiñán. En noviembre Gouvion Saint-Cyr entraba en Cataluña con su ejército con el objetivo de levantar el bloqueo de Barcelona. En un primer momento sitió Rosas, que se rindió el 5 de diciembre de 1808. A continuación se puso en camino hacia Barcelona, ​​donde llegó el 17 de ese mes, tras derrotar el día antes a las tropas españolas que le intentaron cerrar el paso en Cardedeu. Unos días más tarde, el 21 de diciembre Gouvion Saint-Cyr volvía a derrotar las tropas españolas que habían retrocedido a la otra orilla del río Llobregat, en la batalla de Molins de Rei y luego ocupaba las comarcas del Penedès.

    

              La batalla de Molins de Rei provocó la retirada del ejército español hasta Tarragona, mientras que la ocupación del Penedès por parte del VII Cuerpo de Ejército trajo como consecuencia la huida en masa de gran parte de la población de aquellas comarcas, que se refugiaron en los municipios del Camp de Tarragona. Ahora el frente se encontraba en las montañas que separan el Campo del Penedès, y fue defendido rápidamente por somatenes de los pueblos del Campo y de la Cuenca, que sentían amenazadas sus poblaciones y casas. Así, por ejemplo, el somatén de Valls, junto con otros del Alt Camp, Conca, defendían la zona de Vila-rodona y del cuello de Santa Cristina, con el apoyo de algunos destacamentos de tropas regulares.

Lentamente, el “Ejército de la Derecha” se fue rehaciendo después de haber sufrido dos derrotas sucesivas. A partir de los últimos días de diciembre el mando de este ejército y con él el cargo de Capitán General de Cataluña, recayeron en un general suizo al servicio del ejército español, en Teodoro Reding, que había sido el vencedor sobre el terreno en la batalla de Bailén. Reding, considerado un héroe y apreciado por los catalanes, trabajó duro para rehacer el ejército, y por espacio de unos meses se limitó a organizar ataques muy localizados contra las avanzadas francesas e italianas en lugares donde tenía el terreno a su lado. Estas acciones fueron desgastando lentamente las tropas napoleónicas y les hicieron perder terreno, abandonado las posiciones más expuestas, como Altafulla y Torredembarra. Pero el pueblo y los políticos, que no acababan de entender esa estrategia, empezaron a reclamar un ataque general que derrotara a los franceses del Penedès, lo que provocó que a la larga Reding se viera obligado a cambiar de estrategia. Así, planeó un ataque general que pretendía rodear el VII Cuerpo de Ejército en el Penedès y destruirlo.

General Teodoro Reding

               Pero Gouvion Saint-Cyr se dio cuenta de las intenciones de Reding y adelantó, atacando el 17 de febrero las tropas españolas que estaban concentradas en Igualada, que se vieron obligadas a huir en dirección a Cervera. Al día siguiente, el general francés continuó su movimiento de ataque con la división Pino y derrotó un contingente de tropas españolas en San Magín de la Brufaganya. Estas se hicieron fuertes en el monasterio de Santes Creus, que los italianos bloquearon los días 19 y 20 de febrero. Ese último día, el general francés se dirigió a Vila-rodona con el grueso de la división Pino, donde al día siguiente se les añadió la división Souham, que había entrado en el Alt Camp por el cuello de Santa Cristina. Mientras tanto, el día 20, Reding había salido de Tarragona con una pequeña columna de soldados regulares con la intención de ir a recoger sus tropas que habían sido dispersadas por el ataque napoleónico y que corrían peligro de acabar siendo destruidas, y todo seguido volver de nuevo a la seguridad de las fortificaciones que defendían Tarragona.

General Domenico Pino

              Así, aquella nochepoder añadir los defensores de Santes Creus en su columna, después de que éstos hubieran abandonado el monasterio sin que los italianos se dieran cuenta. Finalmente, entre el 21 y el 22 de febrero logró reunir de nuevo el grueso de su ejército en Santa Coloma de Queralt.

Continuará

Firmado: Francisco Murillo Galimany

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